lunes, 4 de julio de 2011

Perón sabía que la guerrilla lo quería asesinar

Gracias a la inestimable ayuda de uno de nuestros socios fundadores, Arturo Cirilo Larrabure, tomamos conocimiento que en el día de ayer , El Litoral, uno de los principales diarios de Santa Fe publicó en su edición escrita el valioso testimonio brindado a la justicia por el Dr. Pedro Ramón Cossio (h). Es un sólido testigo de la época y que puede brindar el verdedero testimonio sobre del sentir del Presidente de la República Argentina, Tte. General Juan Domingo Perón, poco tiempo antes de su fallecimiento




Edición del Domingo 03 de julio de 2011

TESTIMONIO DEL DR. PEDRO RAMÓN COSSIO SOBRE LOS ‘70



En el marco de la investigación penal abierta con motivo del asesinato del Cnel. Argentino del Valle Larrabure, muerto por la guerrilla, se recibió el testimonio del Dr. Pedro Ramón Cossio, quien por su proximidad con el Gral. Juan Perón, brindó información relevante para el análisis del turbulento tramo de la historia nacional de los 70.

Como se sabe, Arturo Larrabure, hijo del desaparecido militar, es querellante en la causa y tiene como apoderado al Dr. Javier Vigo Leguizamón, junto al que intenta probar su tesis de que el asesinato de referencia constituye un crimen de lesa humanidad en razón de que en esa época hubo gobiernos provinciales que colaboraron con organizaciones guerrilleras.


Con las pruebas testimoniales ofrecidas, la querella intenta perforar el blindaje creado por la resolución 158/07, a través de la cual el otrora ministro del Interior de Cámpora y actual Procurador General de la Nación, Dr. Esteban Righi, ordenó a los fiscales no considerar de lesa humanidad los crímenes de la guerrilla basándose en que éstos no se ejecutaron con la participación o tolerancia del Estado.

Pero días pasados, en su declaración, el Dr. Pedro Ramón Cossio reveló que no era ésa la visión de Perón. Lo afirmó en su carácter de médico personal del ex presidente, con quien estuvo en permanente contacto durante los años 1973/74.


Al respecto señaló que luego de practicarle un electrocardiograma el 21 de enero de 1974 -dos días después de que el ERP atacara el Regimiento de Azul-, Perón le advirtió: “al toro no se lo enfrenta cuando embiste sino que se lo voltea cuando ya pasó”. Transcurridas 24 horas, el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Oscar Bidegain, debió renunciar forzadamente. Y días después hizo lo propio el gobernador de Córdoba, Obregón Cano.
“Profundo fastidio”
“Quiero remarcar -enfatizó Cossio- el fastidio profundo que tenía en ese momento el presidente de la República por ese bárbaro hecho, en el que grupos guerrilleros organizados habían matado al jefe de la guarnición, Cnel. Gay, y a su esposa Hilda Casaux de Gay, y habían secuestrado al Cnel. Ibarzábal”. También recordó la determinación de Perón, que fijó su posición hablándole al país y dirigiéndoles a las Fuerzas Armadas el radiograma 66777/132/74.

¿Perón imputó a autoridades nacionales o provinciales de haber facilitado con su acción u omisión tal ataque? - preguntó la querella.

Cossio respondió: “Ese día, cuando hablé con él se refirió de manera general a traidores que habían facilitado el hecho, pero no dio nombres en particular. Sin embargo, las rápidas renuncias de los dos gobernadores que antes mencioné, de alguna manera los implicaba, estábamos recibiendo los nombres”.

Cabe recordar que al hablar al país el 20.1.1974 Perón dijo: “Hechos de esta naturaleza evidencian elocuentemente el grado de peligrosidad y audacia de los grupos terroristas que viene operando en la provincia de Buenos Aires, ante una evidente desaprensión de sus autoridades”.

“No es por casualidad que estas acciones se produzcan en determinadas jurisdicciones; es indudable que ello obedece a una impunidad que la desaprensión e incapacidad hacen posible. Por lo que sería aún peor si mediara, como se sospecha, una tolerancia culposa”.

El testigo también expresó: “En reiteradas oportunidades el general Perón le manifestó a mi padre (el Dr. Pedro Cossio) en mi presencia, la convicción de que en Ezeiza grupos extremistas de izquierda lo querían matar. También le escuchó el disgusto y la disconformidad que tenía por la gestión del presidente Cámpora desde el 25 de mayo de l973, por la presencia en el gabinete del Dr. Esteban Righi, como así también del Dr. Puig; por la desprolijidad y la generalidad de la amnistía del 25.5.1973;... y por la manera improvisada en que se había organizado el acto del 20 de junio de l973”.


“No tenía confianza en la seguridad que le pudieran brindar ni el presidente de la República ni el ministro del Interior”. Por eso declinó la invitación de Cámpora para vivir en Olivos, pues sólo en Gaspar Campos se sentía seguro.


“Era tal la certeza que el general Perón tenía respecto a que se lo podía llegar a matar, que habiendo asumido la presidencia de la República el 12/10/73, recién se muda a Olivos a mediados de enero de 1974, porque recién entonces se sintió seguro allí”, -declaró el médico.
Sospechas y armas
Preguntado si escuchó a Perón hablar de que se había proyectado organizar en junio de l973 una pueblada sobre la ciudad de Buenos Aires (“el porteñazo”), seguida de un asesinato masivo de la dirigencia política, empresaria y sindical (que se extendería a las provincias como “argentinazo”), para culminar con la toma del poder y la constitución de un gobierno de signo castrista, respondió: “Percibí de él y del ambiente que lo rodeaba, el concepto de que se producía el ‘porteñazo’, y que bajo la excusa de responsabilizar a los antiperonistas de su muerte, se iban a producir matanzas y empezaría la revolución socialista”.

“El general Perón estaba convencido de que ciertos grupos de izquierda lo querían matar...; durante mi estadía en Gaspar Campos..., observé la presencia de un arma larga cargada en la esquina de su cuarto a la izquierda de su cama y una pistola cargada sobre su mesa de luz al alcance de su mano. ‘Por las dudas, doctor, por las dudas’, me dijo cuando le pregunté sobre ellas”.

Especial énfasis puso el testigo en transmitir que, en presencia de su padre, Perón dio expresas instrucciones al canciller Vignes de omitir en el decreto de aceptación de la renuncia de Cámpora a la embajada de México, el agradecimiento ‘por los importantes y patrióticos servicios prestados’. Quería bien claro a la posteridad el disgusto que le había ocasionado la gestión de Cámpora como presidente, como así también el hecho de haberse vuelto de México a Buenos Aires al estar muy enfermo el general Perón; fue el último acto político de su vida.

Righi, cuya presencia como ministro del Interior, según Cossio era cuestionada por Perón, sostiene en la Resolución 158/07 que “no parece posible afirmar la existencia de un conflicto armado interno, dado que tampoco existen constancias para sostener que el ERP haya podido desarrollar acciones armadas de una envergadura tal que puedan ser consideradas un conflicto armado”.


Según el médico, con relación a los asesinatos, secuestros y atentados de la guerrilla, “Perón no pensaba que fueran hechos aislados, sino hechos encadenados, planificados, con el fin de desestabilizar a la República. Él pensaba que eran ataques sistemáticos a la población civil como a las instituciones, así se expresó reiteradamente...; pensaba que se estaba efectuando un conflicto armado interno de una violencia sostenida y con un importante grado de intensidad”. Esta afirmación concuerda con lo declarado en la causa por Antonio Cafiero y el Cnel. Carlos Corral, último edecán del líder justicialista.



Por fin enfatizó el impacto que en la salud de Perón generaron diversos hechos históricos. “El disgusto de Ezeiza le provocó un infarto de miocardio grave; el disgusto de Azul afectó su salud con un período de mayor exacerbación de arritmias cardíacas, y el impacto del 1º de mayo de 1974 y su enfrentamiento con los ‘imberbes’ le provocó el inicio de una angina de pecho grave y creciente que terminó con un tercer infarto de miocardio y, a los pocos días, con su vida. Lo que demuestra que el estrés en la vida política acelera las enfermedades hasta el punto de terminar con la vida de mucha gente”.



Luego de la secuencia de testimonios, para la querella “queda probada la existencia de un ataque sistemático a la población civil, la gravedad del conflicto interno que se vivía y la complicidad de funcionarios estatales con las organizaciones guerrilleras, lo que acrecienta la posibilidad de que los crímenes de la guerrilla se consideren de lesa humanidad”.


Campora, Righi y Montoneros