lunes, 15 de agosto de 2011

Nadie dará marcha atrás o el paso al costado, hasta llegar a la meta

Sinceramente no sabíamos como encarar el día de hoy… el resultado electoral de ayer no solo fue inesperado –por la gran diferencia entre el oficialismo y la oposición-, además fue muy duro.

Primero pensamos en las respuestas sugerentes y escasamente sutiles del ex ministro de economía Lousteau a “Chiche” Gelblun, durante un reportaje  radial el pasado 5 de agosto de 2011, sobre la economía y la suspensión de los subsidios:

El periodista preguntó sobre los subsidios.

Respuesta del ex ministro de Economía: "ya estamos en los 15 mil millones de dólares por año y cuando se le advertía a la señora sobre estos temas siempre hacia oídos sordos, no le daba importancia, no se puede seguir subvencionando a todo el mundo todo el tiempo".

Periodista pregunta si esto termina en una especie de "Rodrigazo".

Respuesta del ex Ministro: "no creo que así de esa manera, pero tendrán que sincerar todas las variables gobierne quien gobierne porque esto ya estalla; siguen emitiendo moneda de manera espuria y no hay crédito para seguir financiando el modelo que es un verdadero mamarracho".

Después pensamos a lo mejor la providencia dispuso que el oficialismo gane, como lo hizo ayer, en las elecciones presidenciales del 23 de octubre de 2011 para que desactive la bomba de tiempo que deja en la economía o le explote en sus propias manos. Ya es hora que los gobiernos populistas se hagan cargo de los desastres que ellos mismos generan, para dar la sensación que son lo únicos que pueden gobernar en este país.

Y sobre la hora, la mente clara de Nicolás Márquez y su pluma mucho más afilada que la nuestra, llegó como el “gong” salvador. Nicolás nos hizo reflexionar con el párrafo final de su editorial en Prensa Popular:

No sé si Dios existe, pero hay que obrar como si existiera. Mutatis mutandis, no sé si en las elecciones Presidenciales la oposición tiene chance, pero hay que obrar como si la tuviera”.

Si todos nosotros bajamos los brazos y nos damos por vencidos, abandonamos nuestro objetivo de luchar por la libertad de los Presos Políticosreconocimiento y reparación de las Víctimas del Terrorismo en la Argentina. Es sabido que con este gobierno, mucho menos si el mismo es reelegido, tengamos alguna chance de lograr una solución para el logro de ese objetivo. Reflexionamos que hoy todas las personas, organizaciones, asociaciones e instituciones que bregamos por el mismo objetivo o similar, debemos estar más juntas que nunca. Unir fuerzas y esfuerzos… ser más eficiente en el cumplimiento de la tarea. No es fácil, nunca pensamos que lo fuera… pero será mucho más difícil si nos dejamos ganar por el desánimo.

Se los debemos a ellos; las Víctimas del Terrorismo, los Presos Políticos y a sus Familias. Por ellos debemos tomar aire y prepararnos para reiniciar el camino emprendido, nadie dará marcha atrás o el paso al costado, hasta llegar a la meta.

 

 

Barajar de Nuevo
15 de agosto de 2011
Por Nicolás Márquez para Prensa Popular

Nada le hace perder votos al kirchnerismo. Ni los numerosos escándalos de corrupción, ni los atropellos morales, ni las violaciones institucionales y lo que es más doloroso, ni siquiera le hace perder caudal electoral el hecho de que sus votantes (mayormente de sectores necesitados) jamás mejoren su calidad de vida.
El kirchnerismo ama a los pobres y amándolos los multiplica. El kirchnerismo vive de la pobreza (no sólo material sino cultural) de sus adherentes. A estos últimos los usa, los adula, los ensalza, los embauca y sin que éstos lo perciban, los denigra.

Efectivamente, tal como lo decía H.L. Mencken, el demagogo es “aquel que predica doctrinas que sabe falsas a hombres que sabe que son idiotas”. Mutatis mutandis, el gobierno kirchnerista despilfarra dineros que sabe ajenos en nombre de aquellos a quienes se los expropia (y para colmo entre aplausos de foca de las propias víctimas).

Ganando el kirchnerismo, perdemos todos, y dentro de esa pérdida, suelen ser los más perjudicados el grueso de los votantes kirchneristas. En efecto, suelen ser los votantes kirchneristas, quienes con el sufragio masivo les renuevan a sus verdugos el mandato para que estos prosigan embruteciéndolos y empobreciéndolos. La adhesión electoral de la heredera dinástica crece en las zonas afectadas por la miseria tanto en los cordones bonaerenses como en el interior del país. En sentido contrario, sus guarismos bajan en los sectores urbanos, y en las clases medias y altas, pero cuidado, esto último tampoco es tan matemático: muchos personajes provenientes de círculos culturalmente más avanzados, vistiendo saco y corbata, defienden al régimen y militan para él a cambio de alcanzar o conservar un puestito en alguna secretaría, asesoría, dependencia pública, o de cualesquiera que sean las innumerables formas de vivir parasitariamente del Estado, siempre a costa de los contribuyentes obviamente.

El clientelismo no sólo compra las voluntades de los necesitados, sino también de los universitarios sin moral ni dignidad. Esto también explica los excelentes resultados de Cristina en en las grandes ciudades.

Pero el pueblo argentino, que de comprometido tiene bastante poco, suele reaccionar en función de los vaivenes económicos. Y la anestesia inflacionaria se está acabando. La misma ya cumplió su función: ganar las elecciones primarias. Ahora, cuando el agua llegue al tanque, será una buena oportunidad para “barajar y dar de nuevo”, confiando en que una nueva dirigencia y una renovada conciencia ciudadana tome la antorcha de la prosperidad de la que supo conseguir y disfrutar el país hasta el golpe del 4 de junio de 1943.

Va de suyo que los combates electorales de octubre no serán nada fáciles para los defensores del Estado republicano, y nadie que disienta con el orden de cosas vigente tiene el derecho a descansar un minuto de cara a las contiendas sufraguistas venideras.

Parafraseando a Werner Goldsmith “No sé si Dios existe, pero hay que obrar como si existiera”. Mutatis mutandis, no sé si en las elecciones Presidenciales la oposición tiene chances, pero hay que obrar como si las tuviera.

(*) Último libro del autor: “Chávez. De Bolívar al narcoterrorismo”.

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