sábado, 7 de abril de 2012

Eduardo Luis Duhalde: “El trotskista peronizado”

Uno de nuestros socios fundadores, Horacio Palma; nos hizo llegar su columna semanal en el Diario Gualeguay al Día, que se publica los domingos en su ciudad natal. Su título es el mismo de esta nota.

También podríamos decir: Eduardo Luis Duhalde: “El Secretario que no fue para todos los argentinos”. Las políticas instrumentadas desde su secretaría de estado fueron y mantienen una clara identificación ideológica marxista, coincidente con la historia que Horacio no hace llegar.

Falleció esta semana Eduardo Luis Duhalde, secretario de derechos humanos de la república Argentina. Las minúsculas de tamañas palabras… derechos humanos… son adrede y también son adrede las minúsculas de república.

Y con él falleció uno de los principales hacedores del mentiroso relato setentista instaurado con éxito por la jauría que hasta hoy se relame la sangre de argentinos, derramada inútilmente en la década infausta de los egos.

A Eduardo Luis Duhalde, la izquierda rococó vernácula lo apodaba el “Duhalde bueno”, dando a entender que el otro Duhalde, el de Lomas de Zamora, el que hizo erigir presidente de la nada a un tal Néstor, de apellido Kirchner, es el Duhalde malo.

“Duhalde el bueno” ocupó con los Kirchner una función que nunca podría haber ocupado de haber nacido en un país sensato: Secretario de derechos humanos.

Eduardo Luis Duhalde en derechos humanos fue el zorro cuidando el gallinero.

Así es. “Duhalde el bueno” que fue abogado defensor del jefe terrorista argentino Santucho tras el secuestro y asesinato de Oberdán Sallustro. Que fue uno de los fundadores del Movimiento Todos por la Patria, MTP, junto a Gorriarán Merlo en Nicaragua, y que fue una de las voces oficiales de las organizaciones terroristas que mataron en Argentina a más de 1500 personas, llegó luego a ser el ¡“curador” de los derechos humanos!: Insensatez.

Los periodistas y escritores Felipe Celesia y Pablo Waisberg, adscriptos al relato oficial de los violentos años 70, autores de entre otros libros de la biografía del Dr. Rodolfo Ortega Peña, quien fuera socio de Duhalde abogado, y el compañero de su lucha militante en la causa terrorista, escribieron sobre “Duhalde el bueno”: “…Ahí estuvo cuando el peronismo se adivinó el sujeto revolucionario de la historia, cuando la liberación de Cuba alentó agendas insospechadas, cuando el sindicalismo burocrático necesitó ser dotado de doctrina y cuando la juventud se erigió en un poder tan breve como definitivo… Su primera militancia se ubica… dentro del grupo trotskista “Palabra Obrera”… Junto a Ortega Peña, hasta la  asunción de Héctor Cámpora representaron en los tribunales a todo el peronismo, desde Envar El Kadri a Norma Kennedy, y a todos los miembros de las organizaciones armadas: ERP, FAR, FAP, Montoneros y demás… lanzaron la revista Militancia Peronista para la Liberación… En ese trabajo lo encontró la muerte de Ortega Peña, el 31 de julio de 1974… Era el primer crimen firmado por la Triple A y el mensaje era claro... al día siguiente Duhalde condujo el cortejo fúnebre…parado frente a la fosa abierta, con un impermeable negro, rodeado de puños cerrados y dedos en ve, Duhalde dijo: “En mi despedida no hay llanto porque en otras despedidas aprendimos cómo se saluda a los soldados del pueblo que caen… Por eso, porque morir por el pueblo es vivir, en esta hora de apretar los puños y de tristezas, reafirmamos aquel juramento: ‘la sangre derramada por Ortega no será negociada’. Y decimos simplemente, como a él le hubiera gustado: ‘Ha muerto un revolucionario, ¡viva la revolución!”.

Muchas veces me pregunté si le pesaba o no a “Duhalde el bueno” la realidad de esta Argentina tan alejada de su amada “revolución”. Esta Argentina que tiene mucho aún en su ADN, esa genética violenta que en los setenta él mismo alentó con su pluma con su espada y su palabra. Siempre me pregunté ¿qué sentiría? al ver las imágenes calcadas ante cada hecho de inseguridad con que nos amanecemos cada día los argentinos y al escuchar a los familiares de las Víctimas de la inseguridad cruel y desalmada que vivimos, gritando ante las cámaras de la tele las mismas dolorosas palabras de siempre: “¿Y dónde están nuestros derechos humanos?”. ¿Se habrá conmovido alguna vez “Duhalde el bueno”, ex secretario de derechos humanos, ante alguno de estos pavorosos gritos desgarrados de las Víctimas? Convengamos que ya eso importa poco. Duhalde ha dejado de existir, y hacerlo contestar sería entrar en el terreno de las conjeturas.

Lo que sí podemos decir, es que cada vez que alguna Victima de la violencia de hoy grita ese grito desgarrador: ¿Y dónde están nuestros derechos humanos?!!… hay una verdad que brota invencible. Y es que TODA la política de derechos humanos que han regenteado durante décadas los herederos de la violencia terrorista en Argentina, es solo una postura. Es sólo una actitud política en busca de vengar aquella guerra setentista que perdieron en su propia ley: la violencia. Solo a eso se aboca la política argentina de derechos humanos hoy.

NUNCA un funcionario de derechos humanos de este país se presentó ante las Víctimas de la delincuencia… alguien se preguntó ¿porqué? La respuesta es simple, toda la política de derechos humanos de Argentina es una cátedra de historia. TODA la política de derechos humanos de Argentina está abocada sólo a saldar cuentas pendientes de hace treinta años… Y de los derechos humanos de las víctimas de la violencia que ha engendrado este modelo social… “que se encargue Magoya”, como decía mi abuelita.

El zorro en el gallinero. Eduardo Luis Duhalde publicaba en los 70 una revista llamada Militancia peronista para la liberación. Y en aquella revista escribía un editorial titulado: “Cárcel del pueblo”. Dicha columna resultó una avanzada en el periodismo de anticipación… pues casi todos los señalados en aquella columna, terminaban luego muertos o atacados por alguna organización terrorista. Cuando el grupo terrorista argentino ERP secuestró al empresario Víctor Samuelson, “Duhalde el bueno” lo contó así: “Servidor eficiente de una de las más grandes empresas multinacionales, el mentado Mr. Samuelson no pudo festejar, como acostumbran los ejecutivos extranjeros, este happy new year”.

El beso de Judas. El cura Carlos Múgica fue otro que tuvo el “honor” de salir en la columna de la revista Militancia un tiempo antes de ser casualmente asesinado. La columna de “Duhalde el bueno” sobre el Padre Múgica decía así: “Una jerarquía pro-oligárquica, convive con sacerdotes del pueblo. Están los curas humildes y silenciosos, y están las estrellas publicitadas. A esta última especie pertenece CARLOS MUGICA, Super Star. El padre Carlos (como lo conocen las feligresas de su antigua parroquia de Santa Elena), por el cura Múgica (como le dicen en los ambientes políticos) o Carlitos (como lo llaman los vecinos de Copérnico y Gelly Obes, corazón de Barrio Norte)… trata de ser al mismo tiempo un conservador-progresista, un oligarca popular, un cura humilde y bien publicitado, un revolucionario y defensor del sistema. Y así le va con el resultado… Su hábitat en el Barrio Norte y sus amistades le permiten no romper los lazos creados en su carácter de Múgica Echagüe… Como si fuera un corcho, siempre flotando aunque cambie la corriente. Montonereando en el pasado reciente, lopezrregueando sin empacho después del 20 de junio, Carlitos Múgica, cruzado de oportunismo, ha devenido en: “¡Depurador ideológico!”… Por todo lo expuesto quede Carlos Múgica preso en la cárcel del pueblo, aunque se quede sin asistir al casamiento de la hija de Llambí con Sergio Patrón Uriburu”.

Pobre “Duhalde el bueno”, tantos años pregonando la “coherente militancia” de la revolución socialista, para venir a claudicar en un Sanatorio burgués enclavado en Barrio Norte. Tanto pregonar derechos humanos populares, para que le enrostren sus quejas las víctimas del pueblo ante cada muerte absurda, de un modelo que necesita mentirse progre, para no admitir que han caído en la trampa burguesa de haberse enamorado de “la buena vida”. Que necesita mentir con el relato, lo que no puede defender con los hechos.

Horacio Ricardo Palma
El Día de Gualeguay
Gualeguay
Entre Ríos

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