martes, 3 de julio de 2012

Chávez y Capriles, reto en las urnas


internacional
RICARDO ANGOSO
Venezuela
Un duelo sin precedentes. El actual presidente y el líder de la oposición medirán sus fuerzas entre duras acusaciones, sin apartar a un lado ni el destino que se le da a la riqueza petrolera ni el peso de la enfermedad.

 La oposición acusa a Chávez de utilizar los recursos del Estado a su antojo para poder conseguir otra victoria electoral al cabo de 13 años de mandato, cueste lo que cueste.

Las espadas ya están en alto. Los dos candidatos con verdaderas posibilidades, Hugo Chávez y el líder opositor Henrique Capriles, han oficializado sus candidaturas a la presidencia de Venezuela y el país asiste, con incertidumbre pero también con temor, a un duelo sin precedentes en la historia de esta nación. Los 13 años de chavismo han llevado al país, según la oposición, al borde de la catástrofe, casi la guerra, con más de 200.000 homicidios en estos años y “una economía devastada, junto con el saqueo de la riqueza petrolera en aras del proyecto bolivariano”.

Es el balance que hacen sus detractores de este sistema al que se apellida como el socialismo del siglo XXI. Para Chávez, del que dicen que utiliza los recursos del Estado a su antojo para conseguir una victoria electoral al coste que sea, esta campaña electoral no es más que una batalla más para derrotar, aniquilar en la política y dejar fuera de juego a los “escuálidos”, que es como denomina no sólo a los opositores, sino a todos aquellos que disienten de su gestión de Venezuela.

Hoy Venezuela, alegan los de Capriles, es el país de América Latina que menos inversiones externas recibe, el menos competitivo según diversas
fuentes de su entorno y también el que tiene las tasas de criminalidad y homicidios más altas del continente.

Mientras Chávez se dedica a descalificar al adversario que no cesa de proferirle constantes insultos, el rival a batir, la oposición, de la mano de Capriles, trata de vertebrar sin mucho éxito un discurso orientado hacia el futuro, hablando de las bases sobre las cuales reconstruir el país si se produce el punto y final tras un largo periodo de supremacía.

Los rumores en torno a la gravedad de la enfermedad de Chávez, que sufre un cáncer muy agresivo, según aseguran diversas fuentes, circulan por toda Caracas. Muchos piensan que, incluso, el máximo líder no está en condiciones de afrontar una campaña tan larga como la que se presiente. Su tono, sin embargo, como ocurrió en las últimas campañas, sigue siendo el mismo de siempre, repetitivo, populista.

Pese a todo, y gane quien gane, la herencia que reciba el próximo presidente de Venezuela será la de un país acosado por tanta violencia. En estos años de desidia y despilfarro de la riqueza generada por la industria petrolera, sobre todo debido a la financiación de las economías ruinosas del bloque bolivariano, como Cuba y Nicaragua, las
infraestructuras fueron descuidadas, no se hicieron inversiones en la modernización industrial y la salud y la educación, pese a la propaganda oficial que presume de lo contrario, fueron cubanizadas en el peor sentido de la palabra, es decir, presentan un estado lamentable y anticuado, tal como denuncian los números profesionales de ambos sectores. Es la base argumental del discurso de Capriles.

El mismo que habla de que grandes inversiones, como tales, solo se han producido en la defensa, ya que el Gobierno chavista, con el fin de contentar a los militares y acallar la disconformidad creciente, gastó ingentes cantidades de dinero en armamento. Se calcula que Chávez, porque en definitiva es él quien decide todo en este país, ha gastado más de 15.000 millones de dólares en los últimos seis años en la compra de armamento en los mercados internacionales, pero principalmente en Rusia, China, Irán y España. Venezuela es el cuarto país de la región en importaciones de armas tras Brasil, Chile y Colombia.

Lo que la derecha antepone en su propaganda es que fruto del delirio y el narcisismo nacionalista del máximo líder, Venezuela se ha convertido en un país donde nadie sabe a ciencia cierta en qué se gastan los réditos de la industria petrolera y dónde van a parar las millonarias plusvalías de la principal empresa que explota estos recursos, PDVSA.

Tan sólo el cáncer de Chávez parece haber costado 20 millones de dólares, entre los desplazamientos masivos de su séquito y los gastos extras en hoteles y aviones privados, y eso pese a que el lugar elegido, Cuba, no era el mejor para el tratamiento que el enfermo exigía. Lo que
nadie conoce es el presupuesto de la residencia presidencial, Miraflores,
aunque el diputado opositor Carlos Eduardo Berritbeitia asegura que tan sólo en festejos, comidas y bebidas alcohólicas el presupuesto del máximo líder alcanza los 40.000 dólares mensuales y, en seguridad, más de medio millón de dólares al año.

La inseguridad pública, el principal problema Esos gastos desorbitados en seguridad para Chávez y sus colaboradores contrastan con la cruda realidad de un país donde cada día ocurren casi 60 homicidios, de los cuales el 93 por ciento quedan impunes, nunca son esclarecidos.  Caracas ya es, con una tasa de homicidios que supera los 130 cada 100.000 habitantes, una de las ciudades más peligrosas del mundo, tal como asegura la revista norteamericana ‘Foreign Policy’, que elaboró una lista de las urbes con más homicidios en el mundo. Caracas, Kabul y Bagdad son las tres peores ciudades del mundo en materia de seguridad pública, todo un récord a añadir a una larga lista de despropósitos. Según la misma fuente, desde que Hugo Chávez llegó al poder, en el año 1998, la tasa de crímenes ha aumentado hasta un 67 por ciento. El año pasado, el 2011, hubo casi 20.000 homicidios en todo el país, las cárceles están atestadas de presos y desbordadas absolutamente. Existe una población de 45.000 presos para unos centros penitenciarios con capacidad tan sólo para 15.000. El terror domina en las calles venezolanas, donde casi nadie se atreve a salir después de las seis de la tarde, denuncian los opositores. Además, las cárceles del país se han convertido en verdaderas escuelas para la criminalidad, donde las mafias imponen sus leyes, y donde aparte de los consabidos retrasos procesales se producen más de 500 homicidios al año, una cifra que debería preocupar a las autoridades y que ha llevado a los familiares de los presos a movilizarse en numerosas ocasiones.



Balance. Los opositores de Chávez le acusan de haber llevado al país en estos 13 años seguidos de mandato al borde de la catástrofe total, casi a la guerra, devastando una economía que ha sido puesta en manos de lo que llaman proyecto bolivariano. Los seguidores de Capriles están convencidos de que en esta ocasión va la vencida, que las urnas le llevarán al poder, pero las encuestas no refrendan esa voluntad al cien por cien. Hasta última hora no se decide el futuro de Venezuela.
En resumen, ahora que comienza la verdadera batalla, la electoral, que para los que aspiran a hacerse con el poder no será limpia porque los que gobiernan jugarán con el ventajismo.

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