domingo, 4 de noviembre de 2012

Carta Abierta a la presidente de la Nación

Por tratarse de una “carta”, no corresponde insertar “referencias” y menos considerando la cultura de la destinataria, hemos optado por hacerlo en beneficio de las jóvenes generaciones que no han sido “testigos de la época”. Lo mismo sucede con las imágenes, están colocadas para graficar mejor lo que se desea expresar.




Le quedan grandes, señora.
Carta Abierta a la Presidente Fernández de Kirchner

5-Noviembre-2012
Estimada señora presidente, Cristina Fernández Vda. de Kirchner:

Somos un grupo de ciudadanos comunes y corrientes, con muchas canas producto de nuestras décadas. Dada la inminencia de lo que se ha dado en llamar 8N nos permitimos dirigirle estas palabras:




Entrando en tema, queremos confesarle que en estos días nos acordamos  mucho de Ud. También del señor Moreno, ese espadachín de la prepotencia que su esposo instaló y ahora Ud. mantiene para cumplir las mismas torpezas de Gelbard (1) en 1975, pero con una diferencia desagradable en estilo.



Nos acordamos de Uds. porque al hacer nuestras cuentas del mes pasado descubrimos que ya el gasto en alimentos básicos supera el 60% de los ingresos netos de nuestros hogares. Hicimos un esfuerzo para recordar cuándo fue la última vez que compramos queso del bueno, cuándo la última botella de vino fino (ojo, de treinta y algo, nada más) o cual fue el último mes en que pudimos comer carne, en cualquier variante, dos veces por semana o fruta todos los días.

Reflexionando en este fenómeno nos dimos cuenta, por fin, del concepto de inclusión tan voceado cuando se habla de este “modelo” suyo. Nos están incluyendo – y a miles como nosotros – en las capas por debajo de las categorías ABC1 tan propias de una buena clase media.

Sí, esa clase media que usa zapatos y no pisa los canteros, de acuerdo a las calificaciones de Abal Medina y Estela de Carlotto.


Sin embargo, presidente, no podemos olvidar que Ud. sostiene enfáticamente, en cuanta oportunidad le es propicia, que la inflación del INDEC es la verdadera. Ud. ha llegado al extremo de sostener eso ante público universitario en los EEUU, y aumentó su audacia poniendo ante ellos en duda el índice de inflación medido por los organismos de ese país, necedad que queda patas arriba con solo visitar el sitio del organismo estadounidense correspondiente.

Suponemos que Ud. lo hizo. O envió a alguien a hacerlo. Díganos... ¿no le dio un poco de vergüencita verificar su patinada?


No, imaginamos que no. Porque ya hace tantos años que nos mienten que la mentira se ha vuelto estructural en su régimen. Desde el vamos, diría, cuando negaban el desabastecimiento de combustibles y en el interior había ciudades sin provisión de naftas ni de gas oíl. Lo del INDEC, lo que su régimen ha hecho con el INDEC, señora presidente, es el doctorado “honoris causa” de todas las mentiras a la ciudadanía. Y ahora nos acabamos de anoticiar de al menos 28 embargos que el estado argentino ha sufrido desde el año 2004 (2), así como del cierre de cuentas de YPF en el exterior, gracias a que Uds. consideran que pueden imponer reglas al resto del mundo occidental.

Señora, esperamos que aprenda que esa pretensión la estamos pagando con el alejamiento del mundo occidental.

La cuestión es que su esposo, Ud. y el régimen que han montado le mienten al Soberano de la DEMOCRACIA y la República.

Eso es pecado mortal, señora. Le ha costado el puesto, en los ’70, al presidente de una Nación un poco más ponderada que la nuestra en el concierto internacional(3). Pero el régimen que Ud. encabeza ha llevado las cosas a un punto tal que no se les puede creer nada. ¿Nos explicamos?



Nada.

¿Sabe qué? Su contumacia en la mentira al Soberano nos es suficiente, prescindiendo de muchos otros señalamientos que ahorramos de proveerle, para llegar a una conclusión:

La DEMOCRACIA le queda grande, señora.

La auténtica, no la que Ud. pregona.

No la comprende, no la interpreta, la quiere forzar a su molde, que solo sabe de juntar votos.

Le queda grande.

Puestos a reflexionar, presidente, continuamos el envión y abordamos  otros temas. Mire, nos salió la palabra adecuada: abordar. Se aborda un buque, por ejemplo, pero justo en estos días la mayor parte de la dotación de nuestra Fragata Libertad tuvo que desembarcar para regresar a casa y dejar interrumpido tempranamente su viaje de instrucción.



Aparte de la torpeza de sus funcionarios, a los que Ud. mantiene en sus cargos, como es de práctica en su régimen cuando se destapa una olla, es de mencionar su emocionada bravata sobre nuestra dignidad y soberanía.

Creemos oportuno comentarle, porque estamos seguros que sus servidores no lo hacen, que bajo este régimen que Ud. comanda esos dos valores están perdiendo toda relevancia. Si esta Nación, que ha sido faro de América Latina hasta no hace mucho, tuviera en el concierto de las naciones el peso que Ud. declama que tiene, ni un estado menor de África se hubiera prestado a esa maniobra ni estaríamos solos como loco malo en este brete. Porque, sí, nos dimos cuenta que ni el UNASUR, ni el Mercosur, ni siquiera la Venezuela que Ud. tanto aprecia se pusieron de pie a nuestro lado. Ahora corre peligro también la corbeta Espora, en una nueva muestra de cuánto es capaz, la Nación Argentina bajo su mando, de torcer las reglas de juego del mundo civilizado. También sabemos que a su esposo le daba igual quemar la Fragata, que es un orgullo de nuestra Nación, tal vez porque no era una fuente de recursos financieros como sí lo fueron y lo son las AFJP, la ANSES, el BCRA, las cajas de las Obras Sociales, la soja, YPF y varios más. Con Uds., uno debe estar permanentemente imaginando dónde van a meter la mano. Administrar una Nación es la razón de ser del Poder Ejecutivo en una República, señora.


Administrarla, liderarla, hacerla crecer, hacerla sinérgica.

Si de crecimiento hablamos, Ud. debería explicarnos cómo es posible que después de siete u ocho años de crecimiento a tasas chinas, como les gusta decir, estemos con restricciones propias de países en emergencia. Y cómo es posible que Colombia nos haya desplazado de nuestro tercer puesto regional en cuanto a PBI.
Si hablamos de hacerla sinérgica es fundamental estimular la unión, monolítica si fuera posible, orgullosa bajo banderas comunes y el imperio de una Ley para todos por igual.

Pero ustedes se han dedicado a cavar una zanja entre sectores, señora. Nuestra sociedad está fracturada. Una mitad arroja epítetos hacia la otra mitad, considerándola “enemiga” por el solo hecho de pensar distinto, logrando así despertar emociones muy alejadas del deseo de unión nacional. La imagen de su marido escupiendo sobre el triunfo de Macri en el 2007, que era escupir sobre los votantes del PRO, y la de Ud. canturreando “vamos por todo” junto a sus pandillas “nacionales y populares” durante la fiesta del Bicentenario de la Bandera, mientras la intendenta de Rosario debía suspender su discurso y el verdadero pueblo rosarino había sido segregado lejos del palco, son de un sectarismo asqueante.

Su régimen está empecinado en buscar el “juicio y castigo a los culpables”, pero los encuentra de un solo lado. Hay en un muy amplio sector de nuestra sociedad un fuerte deseo de una pacificación nacional definitiva, pero es el tipo de pacificación que empujaría Nelson Mandela, a quien creemos Ud. admira. Una pacificación traída de la mano por las personas que antaño se enfrentaron sangrientamente pero que hoy podrían admitirse cara a cara los crímenes cometidos y otorgarse el perdón que la sociedad entera validaría. 



Su régimen, en cambio, se dedica ahora a perseguir con saña incluso a soldados que en el oscuro calor del monte tucumano tuvieron que enfrentar, por orden de un gobierno más que legítimo, a los impiadosos invasores que querían cercenar nuestro territorio y cambiar nuestro sistema político mediante las armas y el terror.

Lo peor de todo, señora, lo que produce revulsión a ciudadanos que vivieron aquella época, es que una presidente de la Nación apañe, premie y dé empleo a los traidores y asesinos de aquella época. Porque lo son. Les decimos a Ud. y a ellos que todos los que, con la búsqueda y aceptación del apoyo de potencias extranjeras que les dieron armas, logística, financiamiento y refugio, como está más que probado, se han alzado contra nuestra Constitución para sumirnos en años de terror y casi guerra civil buscando cambiar nuestro sistema político han sido y siguen siendo infames traidores a la Patria en el mismo grado que los militares que interrumpieron nuestra vida constitucional usando las armas que les dio la Nación. Observar lo que su esposo y Ud. han actuado hacia esos criminales pone en dura prueba la templanza ciudadana.




Así no hay ni habrá unión nacional verdadera. Sin ella no hay sinergia. Ni liderazgo nacional. Todo lo cual nos conduce a otra conclusión, sin necesidad de abundar más.

La NACIÓN le queda grande, señora.

La auténtica, la que debe abarcar desde Magneto hasta D’Elía, desde Aguinis hasta Verbitsky, desde Cecilia Pando hasta Hebe de Bonafini. No la que Ud. pregona, con la demagógica repetición de lo “nacional y popular” que automáticamente excluye a media sociedad.

No comprende lo que es NACIÓN en su sentido profundo, no la interpreta, la quiere forzar a su molde.




Le queda grande.

Ud. y los suyos reiteran hasta el cansancio el 54% obtenido el Octubre 2011. Una persona con la experiencia política e histórica de Ud. no puede desconocer la influencia que tiene la economía en el ánimo del votante ni la volatilidad de ese ánimo.

El problema que a su régimen le ha surgido, el molesto grano que les ha brotado, es que recientemente la gente empezó a darse cuenta que la bonanza económica NO es el valor central de una DEMOCRACIA. Y ahora que la flojedad de su gestión está llevando al colapso las cuestiones esenciales que un gobierno debe atender, ahora que la morsa de su régimen empezó a amenazar las libertades y derechos básicos del ciudadano, esa gente decidió comenzar a hacerse oír. A manifestar su inconformismo, su pretensión de cosas que por lo visto a Ud. le son extrañas o, al menos, se empeña en ignorar aumentando la distancia psicótica que guarda con la ciudadanía. La gente se hizo oír el 13S y lo va a hacer el 8N.



- La gente reclamaba Justicia independiente. Su régimen ha profundizado el intento de cooptar o comprar jueces y, cuando no lo logra, desata furibundas campañas para apartar o influenciar a los que no se doblan, incluyendo a la Corte Suprema de Justicia.



- La gente reclama Seguridad; está harta y alarmada por la interminable y creciente ola de crímenes coronados por una corrupción policial como nunca se observó en la Historia nacional. Su régimen ha permitido el crecimiento de esa corrupción, ha vociferado que la inseguridad es una sensación a pesar del desfile de féretros, ha hecho la vista gorda en cuanto campo de batalla contra el narcotráfico se ha establecido, ha usado a la Policía Federal como elemento de apriete político a la Ciudad de Buenos Aires y está usando a las fuerzas encargadas de custodiar fronteras, mares y ríos para introducirlas a guardar orden interno en el territorio nacional porque las policías provinciales están debilitadas y corrompidas gracias al progresismo de este régimen.


- La gente reclama que cese la corrupción generalizada de su gobierno. Pero Ud. y los suyos olvidaron, si es que alguna vez la tuvieron en cuenta, esa “Lucha frontal y total contra la corrupción y el delito” (SIC) prometida en la plataforma electoral del Frente para la Victoria. En cambio, se han dedicado a la más descarada competencia de corrupción a la que hemos asistido los argentinos, dejando al menemismo en el nivel de un jardín de infantes. Ostentan impúdicamente sus fortunas, las pasean por Recoleta y Puerto Madero o las presentan en la oficina anticorrupción con toda tranquilidad porque saben que siempre hay un juez que tiene el sobreseimiento listo. Y, si por un descuido, la cosa se vuelve insostenible, ahí está el Congreso de la Nación, controlado por sus esbirros prestos a sacar una ley que enjuague las cosas y permita zafar.


- La gente reclama, precisamente, diputados que representen al Pueblo y Senadores que representen a las Provincias. La gente se está cansando de los Rossi que vocean ser representantes del gobierno y entre lo que quiera el ciudadano y lo que quiera el gobierno siempre siguen fielmente las instrucciones del Ejecutivo, como le dijo Pichetto a Cobos en la noche de la 125.

- La gente reclama libertad, respeto por los derechos básicos y cese de las conductas de atropello. Ud., señora, apaña atropellos como la entrada de La Cámpora en las escuelas y las increíbles acciones de Vatallón Militante en las cárceles. Las apaña, señora. Nos resulta inconcebible, difícil de creer aún hoy. Las apaña a punto tal que ahora enviará como representante argentino ante la ONU al que desde la máxima posición del Servicio Penitenciario Federal organizó las salidas de presos y participó de los jolgorios.




¿Sabe a qué está llevando a la República Argentina en el plano internacional? Nos referimos al de las naciones serias, esas a cuyo círculo Ud. quiere ingresar cuando puja por una foto junto a Obama o comparte el G20 del que hay crecientes deseos de sacarnos. Nos está llevando a ser el hazmerreír de todos. No se lo van a decir los diplomáticos, señora; su función no se lo permite. Pero basta conversar con gente común de afuera para empezar a sentir la espantosa sensación de vergüenza por tener este gobierno.

Y ya que dijimos “República”, presidente, reflexionamos: la médula de la forma republicana de gobierno es la división de poderes y su mutua a irrestricta independencia. Con jueces comprados, con una Suprema Corte presionada todo el tiempo y a la que se le han desobedecido fallos, más un Congreso convertido en súbdito del Poder Ejecutivo, la conclusión es simple.

La REPÚBLICA le queda grande, señora.

No la comprende, no la interpreta, la quiere forzar a su molde filo monárquico.

Le queda grande.

Vale aclararle que Ud. y su difunto esposo nunca nos defraudaron. No solo eso: superaron nuestras expectativas.



Sabíamos, o presumíamos con alto grado de certeza, lo que iban a hacer con el país, por eso no los votamos nunca. Cualquiera que fuera lector asiduo de diarios podía adivinar que Uds., tal como alguien nos confirmó allá por el 2008, traían a la administración de la Nación toda la tecnología de corrupción, apropiación y cooptación que desarrollaron libremente durante dos décadas en nuestro extremo sur continental. Lo que sí nos defraudó fue que nadie con alguna relevancia pública le haya dicho “¡Kirchner, no!” a Duhalde. O, al menos, que los periodistas, esos señores tan fastidiosos para Ud., que siempre andan relevando chismes y buscándole pecas a su gobierno, pusieran en conocimiento de la ciudadanía los antecedentes de Néstor y Cristina Kirchner en la gestión de Santa Cruz. Conocemos a un buen periodista – y peronista - a quien le señalamos ese renuncio y admitió, compungido, que ahora se arrepiente de no haberlo hecho.

Lo que sí le apuntamos como beneficio es que su régimen aceleró el proceso de aprendizaje. Es tan monumental la cantidad y variedad de desaguisados cometidos por una sola administración, la suya, que se ha constituido en una auténtica escuela para listar lo que no queremos y cómo construir una República federal y Democrática de verdad. Una donde mande el Soberano. El que está en las calles, fábricas y oficinas, no el que ocupa la Casa Rosada.


Por supuesto, han tenido lugar algunas cosas buenas, pero habiendo recorrido ya nueve años de este régimen uno no puede evitar la sospecha sobre la direccionalidad de cada acción, como por ejemplo la aprobación del voto para los adolescentes sub-18 o la auténtica razón para la confiscación de los fondos de las AFJP.

Lo bueno que su régimen haya implementado queda empequeñecido, pierde todo valor para la República y la Democracia al lado de los gravísimos atentados contra ellas. Como expresamos más arriba, la gente se está dando cuenta que los valores centrales no pasan por la compra en cuotas y los viajes al exterior. La gente que le ha dado su voto por razones distintas a la obsecuencia o la dádiva, se lo está retirando a medida que la realidad de la amenaza sobre lo esencial muerde su percepción.

Entonces, señora, si la Nación le queda grande, la República le queda grande y la Democracia le queda grande... ¿qué va a hacer Ud.?

¿Va a profundizar el modelo tal cual está o va a ver la forma de ir cambiándolo?


¿Va a mantener este rumbo “titánico” (por el Titanic) o va a aceptar tripulación de otra escuela?




No nos consideramos en posición de exponer aquí ninguna sugerencia para Ud., señora presidente, pero solamente nos permitiremos decirle, antes de despedirnos, que esta es una tierra de hombres libres, que nunca en la historia moderna un sistema opresor dejó de volar en pedazos cuando el pueblo oprimido dijo basta y que es de líderes sabios implementar una transición que pacifique los ánimos y consolide una unión nacional verdadera.

La saludamos con nuestra mejor esperanza por una Nación de todos, la República Argentina.

República del Soberano               Pacificación Nacional Definitiva

Movimiento Sanmartiniano Republicano Federal


[1] José Ber Gelbard (Radomsko, Polonia, 14 de abril de 1917 - Washington, D.C., Estados Unidos, 4 de octubre de 1977) fue un importante empresario y activista político de la Argentina que llegó a ser Ministro de Economía durante la tercera presidencia de Juan Domingo Perón y sus antecesores Héctor Cámpora y Raúl Lastiri. Ber Gelbard puso en marcha un plan económico que consideraba central para el bienestar de los argentinos, contemplando el crecimiento del mercado interno (modelo llamado "mercado internista"), con sueldos altos y desarrollo de la producción industrial y agropecuaria para abastecer el consumo.
Gelbard también fue ideólogo del denominado plan 0, el cual implicaba que la inflación se mantuviese estable. Lo logró durante cierto período, manteniendo más de 300 productos de la canasta básica a precios estables, y también acordando la estabilidad en los sueldos de miles de trabajadores. Mientras duró, el plan parecía ambicioso, pero por diversas razones no perduró y el país entró en una etapa de inestabilidad socio-política, desabastecimiento e inflación.

[2] Por ejemplo: desde marzo a mayo de 2007, Timerman reconoció que se impidió el uso del avión presidencial Tango 01. También se confiscó temporalmente la casa donde vivió José de San Martín en Boulogne Sur Mer, en Francia.

[3] Richard Milhous Nixon (Yorba Linda, California; 9 de enero de 1913 – Nueva York, Nueva York; 22 de abril de 1994), conocido como Richard Nixon, fue el trigésimo séptimo presidente de los Estados Unidos. Ha sido el único hasta la fecha en dimitir del cargo. En marzo de 1974 el Gran Jurado federal consideró al presidente copartícipe, sin cargos formales, en una conspiración para obstruir la acción de la justicia en la investigación del escándalo Watergate. En la tarde del 8 de agosto, Nixon anunció su dimisión. El 9 de agosto, Gerald Ford prestaba juramento del cargo.
[4] Dado que somos testigos de la época, reconocemos que las FF.AA. tomaron el poder ante la incapacidad de los políticos de solucionar los problemas que ellos mismos generaron. Lamentablemente no faltó el “general iluminado” que se creyó el salvador de la Patria y prestó oídos a los cantos de sirena.