sábado, 10 de noviembre de 2012

EL DÍA DESPUÉS

COMPATRIOTAS:

Ya estamos en el día después.

Muchos ya se sienten CIUDADANOS pues han sido glorificados en la concluyente MARCHA de rechazo a este régimen de dominación.


La Divina Providencia nos ha puesto en esta terrible situación para probar nuestra virtud y constancia; resolvámonos pues a combatir con denuedo a estos malvados que han puesto en confusión nuestra tierra; persigamos de muerte al escéptico, al corruptor, al ladrón, al cuatrero, al homicida, y sobre todo, al pérfido y traidor que tenga la osadía de burlarse de nuestra buena fe, de nuestras esperanzas, de nuestras convicciones. Que de esta raza de deformados engendros mentales  no quede uno entre nosotros, y que su persecución sea tan tenaz y vigorosa que sirva de alarma y espanto a los demás que puedan venir en adelante.


La causa que vamos a defender es la de la justicia, del orden público, del imperio de nuestra Constitución. Es la causa recomendada por nuestros antepasados que nos dieron Patria y por aquellos que HOY EN DÍA sufren en las mazmorras del régimen.


Demos ese paso final para obtener nuestro equilibrio y sensatez  INSTITUCIONAL: PETICIONEMOS EL JUICIO POLÍTICO a la Jefa de la banda de saqueadores que exhibe su poder sin ningún escrúpulo ni recato. SALVEMOS LA PATRIA.

Fernando A. Castro Pintos



“Fue la marcha inorgánica más grande de la historia”
10/11/2012 | 07:26 Así lo señaló a Cadena 3 el director de la carrera de Periodismo de la Universidad de Palermo, Pablo Mendelevich. Consideró que el Gobierno no tiene qué decir sobre el 8N.

El columnista político y director de la carrera de Periodismo de la Universidad de Palermo, Pablo Mendelevich, en diálogo con Cadena 3 aseguró que “la del jueves fue la marcha inorgánica más grande de la historia”. 
“No hubo en la historia una manifestación sin líderes de esta magnitud”, señaló. 
Pablo Mendelevich
“Hay dos cosas importantes del fenómeno: una, es la reacción del Gobierno nacional que no la conocemos porque no es está, lo que hubo simplemente fueron palabras; y la otra, es la canalización de este fenómeno, hay que ver si hay margen para un tercer cacerolazo. No podés permanecer como un movimiento citado por las redes sociales por más que hubo un claro mejoramiento en materia de consignas, ya que se redujeron a cuatro o cinco temas y desaparecieron las consignas golpistas, como por ejemplo: 'que se vayan'. Ahora, nadie está hablando de que no termine el mandato”. 
“Esta protesta lo que dice es que el Gobierno cambie el estilo y la Presidente interpreta otra cosa, ella dice que le traigan un contraproyecto, primero los manifestantes no tienen la obligación de gobernar y segundo, el hecho de que sea una multitud sin dirigentes, la culpa no es de la multitud”, consideró. 
Por otro lado, Mendelevich cuestionó a la jefa de Estado por “los cambios de discurso”. “Estoy asombrado por la mutación de argumentos, por cómo va mutando su interpretación de este nuevo fenómeno y que ayer tuvo un pico”. 


“El Gobierno está desconcertado y no tiene una réplica. Empezó diciendo que eran 'tilingos', que eran manipulados. Después, tuvo el argumento de 54% y ahora la Presidente sale con un nuevo argumento: que ella no se hace cargo de la crisis de representatividad. Dice que los que van a protestar, que ofrezcan otro modelo y si no, que no protesten. Esta reacción de Cristina no me parece trascendente, no es lo que importa, es una salida para decir algo de un Gobierno que no sabe qué decir”, afirmó. 
Entrevista de Pablo Rossi.



LA NACION – 10nov12 – Política


Cacerolazo 8N
El análisis

La culpa es del que se queja


Por Martin Rodriguez Yebra – LA NACION

Cristina Kirchner procesó en tiempo récord la mayor protesta contra su gestión: lo que se tarda en trazar una raya.

Los cientos de miles de manifestantes que salieron el jueves a la calle viven en otra realidad. Engañados o en un mar de ignorancia que les impide ver los éxitos del "modelo" que ella encarna. Fue literal: dijo que muchos argentinos "tienen una idea distorsionada de su propio país".

No mencionó el cacerolazo en casi una hora de discurso. Pero en cada frase que pronunció les respondió a sus críticos con los argumentos que, a su entender, desarticulan todo reclamo. Si en el Obelisco se pidió "prensa libre", ella celebró que "nunca en el país hubo tanta libertad de expresión".

Se trata de la segunda gran protesta contra el Gobierno convocada desde las redes sociales.  Foto: DyN
Se trata de la segunda gran protesta contra el Gobierno convocada desde las redes sociales.

¿Molestan las restricciones a la compra de divisas? Pues, "la Argentina es el segundo país del mundo con más dólares per cápita, después de Estados Unidos, que tiene la maquinita". Hasta estuvo cerca del autoelogio por el creciente déficit en el turismo. ¿Hay quejas por los impuestos altos?; son "algunos a quienes les molesta que se pague la Asignación por Hijo". A los que pidieron por la Fragata Libertad, les informó que ella, incluso por sobre "Él", es la gobernante que más invirtió en el barco ahora retenido en Ghana. A los que rechazan la idea de la re-reelección, les dedicó una sonrisa cómplice cuando el intendente de Villa Gesell, que habló antes de ella, le rogó: "Este proyecto debe continuar con usted".

Eludió sí responder a otros cartelitos recurrentes, a los que aun en un discurso tan encendido como el de su 9-N prefirió desconocer: la inflación, la corrupción y la seguridad (salvo que se cuente el abierto ninguneo a la ministra Nilda Garré, cuando mencionó al secretario Sergio Berni y no a ella como uno de los funcionarios a los que llama a diario para resolver problemas).

Se trata de la segunda gran protesta contra el Gobierno convocada desde las redes sociales.  Foto: DyN

Como había insinuado el aparato de propaganda oficial en su cobertura de las concentraciones del jueves, la Presidente interpretó que quienes movilizaron sólo tendrán legitimidad el día en que tengan un representante político que les permita ganar elecciones. Les cargó la culpa de no conseguir un candidato que los satisfaga. No asumió ninguna por el descontento de una porción importante de la ciudadanía a la que gobierna desde hace cinco años. Prefirió dedicarse a adelgazar esa multitud, como si fuera vital distinguir si hubo un millón, 300.000  o 150.000. Ordenó emitir un comunicado sin precedente a la Policía Federal en el que estima la cifra de asistentes en los distintos cacerolazos: calcularon en 70.000 los que se movieron entre el Obelisco y la Plaza de Mayo. Más o menos como los que el día anterior fueron a ver a Kiss en River. En realidad, no hizo más que responderle a la Policía Metropolitana, de Mauricio Macri, que el día anterior se había ilusionado con ver 500.000 en el mismo lugar.

En definitiva, lo que estaba blanqueando la Presidente fue su incomodidad ante las cifras de asistencia que se publicaron en los medios de comunicación no ligados al kirchnerismo. ¡Los medios hegemónicos! Esa obsesión. Llegó al extremo de reprochar a los periodistas que relegaron ante "otros hechos" (el innombrable 8-N) los dos grandes sucesos mundiales de los días que pasaron: el triunfo de Barack Obama en Estados Unidos y el Congreso del Partido Comunista Chino. Más allá de que todos los medios del país sí trataron con amplitud esos temas, olvidó un principio básico que condiciona la selección, edición y difusión de noticias: la cercanía geográfica. Es como si Julio Falcioni despotricara contra los periodistas deportivos por comentar una derrota de Boca el día en que se enfrentaban el Real Madrid y el Barcelona.

Resultó curioso cómo celebró el triunfo de Obama, a quien presentó casi como un aliado ideológico a pesar de la cadena de conflictos en que se convirtió su relación con el líder demócrata desde que éste ganó su primer mandato en la Casa Blanca.

También sorprendió la generosidad con Macri, a quien un poco ella y mucho los voceros kirchneristas se empeñaron en atribuirle la organización de los cacerolazos. Es cierto que el jefe de gobierno de la ciudad llamó a marchar y que puso recursos logísticos en favor de la protesta, pero ni el macrista más convencido se animaría a considerar como propia a la multitud del 8-N. Más que un error de cálculo sonó a un recurso psicológico: Macri es un rival con el que Cristina se siente cómoda.

La velocidad con que la Presidente dio su respuesta al cacerolazo llamó la atención incluso a algunos kirchneristas, que suponían que podría abrirse algún espacio de reflexión. Tal vez algún gesto para descomprimir tensiones. Pero no. La señal debía ser inequívoca: el Gobierno no reconocerá entidad a esas miles de personas (no importa ya cuántas) que salieron a protestar. El "modelo" no se toca. Y ella, aunque dedicó minutos y minutos a explicar cuánto trabaja y se esfuerza, no se sintió aludida como foco de algún reclamo legítimo.

El kirchnerismo intentará ahora olvidar el 8-N y enfocarse en el 7-D, la batalla épica que imagina como el principio del fin de los medios de comunicación críticos.

En ese país ideal, supone ese razonamiento, la Presidente no volverá a oír cacerolas desde el living de la residencia de Olivos. O al menos podrá taparlas poniendo más fuerte el televisor.