domingo, 9 de diciembre de 2012

LOS ULTIMOS PRESOS POLÍTICOS DE AMÉRICA LATINA

por RICARDO ANGOSO

Hace unos días se suicidó en Argentina el militar retirado Aldo Carlos Checci que estaba encausado por unos supuestos delitos cometidos durante el denominado Proceso de Reorganización Nacional, entre 1976 y 1983; para algunos argentinos ese periodo no fue más que una dictadura ominosa, mientras que para otros la derrota del terrorismo en sus más variadas formas. En cualquier caso, pasadas ya más de tres décadas, es hora de cerrar esa página y encarar el futuro.  El caso de Checci es una tragedia humana más a añadir a la larga lista de perseguidos y detenidos, en muchos casos sin garantías, durante el período de los Kirchner.


Al margen de que el debate sobre el asunto siempre es intenso y controvertido en Argentina, vale la pena recordar que más de un millar de militares argentinos se encuentran detenidos y más de un centenar ya han fallecido en prisión por asuntos parecidos a los que estaba siendo enjuiciado Checci. Los antiguos montoneros y los integrantes de otros grupos marxistas, por el contrario, están en la calle sin que nadie les haya preguntado ni amonestado por sus crímenes, muchos veces atroces, otras aberrantes, pero siempre injustificados.


Casi un millar de argentinos fueron asesinados por estas bandas criminales y otros centenares resultaron heridos, secuestrados o sufrieron daños como resultado de esta política criminal, ya que como dicen estos terroristas el combate debe combinar todas las formas de lucha y el fin justifica los medios. Puro marxismo-leninismo en estado bruto y nunca mejor dicho.

Pero volvamos con los militares. Estas detenciones de miembros de las Fuerzas Armadas argentinas van contra toda lógica jurídica y se enmarcan más bien en un proceso de vendetta colectiva por parte del peronismo más izquierdista. Este sector político -que perdió la guerra y cuyo grupo principal, los Montoneros, fue despiadado y brutal en sus acciones- tiene en la actual presidenta argentina, Cristina Fernández Kirchner, y sus retoños, la famosa Cámpora, a sus principales ejecutores de esta venganza incalificable. No merece otro nombre.


Estos procesos, si se les puede llamar así, van contra toda lógica y constituyen un anacronismo porque se saltaron descaradamente las Leyes de Punto Final y Obediencia Debida aprobadas durante el mandato del presidente Raúl Alfonsín y los indultos presidenciales aprobados por el entonces presidente Carlos Saúl Menem, por los cuales los principales responsables del periodo sometido a juicio quedaron liberados de sus responsabilidades. Pero, aparte de estas consideraciones, estos delitos juzgados ahora ya habían sido fruto de otros procesos judiciales en el pasado y, como es pertinente, nadie puede ser juzgado dos veces por un mismo delito. Y menos cuando uno de los argumentos, el de Lesa Humanidad, ni siquiera existía entonces.


Los procesos contra los militares argentinos, algunos de los cuales eran jovencísimos cuando ocurrieron estos supuestos delitos, tienen mucho que ver con una revancha política de aquellos que fueron expulsados de la Plaza de Mayo por Juan Domingo Perón en su momento y que luego fueron derrotados por las armas y la acción de la justicia por el régimen militar.


LA DESTRUCCIÓN DE LAS FUERZAS ARMADAS ARGENTINAS
Alimentados por el odio y su desprecio a las instituciones tradicionales, como las Fuerzas Armadas, el peronismo más radical e izquierdoso, atizado sin misericordia desde las lacrimógenas páginas de Página 12, se está cobrando sus cuentas pendientes y saben que este es su mejor momento. No tendrán seguramente otro, el país ya está comenzando a reaccionar y las contradicciones y problemas ya se están haciendo presentes; no se puede engañar a todos durante todo el tiempo. Argentina está despertando de su largo letargo.

La coyuntura no les puede ser más favorable para cumplir con uno de sus nunca ocultados planes: la destrucción del ejército argentino y su aniquilamiento colectivo utilizando las herramientas de la desmoralización, la persecución política y la utilización de la calumnia, la infamia y la injuria. Una mentira repetida mil veces se acaba convirtiendo en una verdad, aseguraba el líder nazi Josep Goebbels.


Siguiendo parecidos planes a otros países del continente gobernados por la izquierda y los tontos útiles del Foro de Sao Paulo, los ejércitos de América Latina están siendo cuestionados y derrotados desde dentro, en una política deliberada y bien preparada. Los militares argentinos son tan sólo presos políticos, víctimas de una guerra que tras la derrota de la insurgencia marxista que pretendía subvertir el orden político utiliza ahora otros medios más sutiles pero no menos efectivos para continuar su lucha. Y es que, como señalaba muy oportunamente uno de los juzgados, “los enemigos derrotados de ayer cumplieron su propósito y hoy gobiernan el país e intentan un régimen marxista a la manera de Gramsci(…) No hay justicia, la República está desaparecida".