domingo, 30 de diciembre de 2012

POR UN NUEVO “NUNCA MÁS”


29-Dic-2012

Las palabras de cierre del alegato final de Julio Strassera ante los jueces del histórico juicio a las JuntasSres. Jueces: Nunca Más” –  son inspiradoras para este saludo de fin de de 2012.

Julio Strassera

Inspiran para trazar una analogía que nos lleva a repasar, a fin de extraer conclusiones, los 29 años recién cumplidos de la Democracia nacida en 1983 tras el retiro de la última dictadura militar.

Es imprescindible que seamos honestos. Admitámonos que hemos venido de fracaso en fracaso, si de generar una democracia vigorosa y una Nación de progreso sostenido se trata. Y la ciudadanía debe aceptar su parte de responsabilidad en esto.

En un repaso rápido de lo ocurrido con los sucesivos gobiernos a los que se les confió la conducción de la Nación encontramos que siempre, tarde o temprano, la prevalencia de las cuestiones políticas o ideológicas devengaron peligros, cuando no desastres, en nuestra economía y en nuestra vida política. Como consecuencia, también en el progreso auténtico de todos los habitantes de este suelo.

Renuncia de Fernando De la Rúa

Hemos pasado por una hiperinflación que le costó una salida resignada al primer gobierno de la nueva Democracia y el advenimiento de un carismático mercader de ilusiones. Hemos pasado por un receso económico suicida debido a las apetencias electorales y hegemónicas de ese segundo presidente constitucional y a la pusilanimidad del tercero, el que “se había preparado treinta años” para serlo y debió huir en helicóptero dejando atrás un país en bancarrota e incendiado por todas las clases sociales. Hemos mostrado ante el mundo la precariedad de nuestras instituciones y la calidad de nuestros valores cuando desfilaron ante la Constitución, para jurarla, presidentes que apenas duraron días, uno de los cuales decretó el default más grande de la Historia en medio del jolgorio de toda la Asamblea Legislativa y el aplauso de buena parte de nuestra sociedad. Hemos asistido a una crónica de una designación anunciada cuando esa Asamblea Legislativa, tras la cadena de renuncias vergonzantes, designó como presidente al mandamás del partido mayoritario quien, jugando a Maquiavelo para conservar el poder, designó a un delfín que aprovechó la oportunidad que jamás las urnas le hubieran dado. Al designarlo, se entronizó en el sillón de Rivadavia uno de los mayores feudalizadores de provincias que ha mostrado la Historia de la República; un manipulador de las leyes, un violador serial de las instituciones, un aplicador de garrote vil a la democracia y la República, un filomonárquico constructor de riqueza propia a partir de su posición pública, antecedentes todos que no pesaron para nada en los hombres de su partido (¿por qué iban a hacerlo, si tampoco lo habían hecho al designar el presidente del default, que tenía el mismo perfil?) ni en el de los hombres políticos en general ni en los ciudadanos que sabían pero callaron, entre ellos muchos periodistas.

Nuestra Nación repite cíclicamente los errores kármicos que la mantienen perennemente en un limbo de progreso institucional, económico, político y moral.


Es una “Nación Penélope”: teje su progreso durante unos años para destejerlo nuevamente cuando le llega la noche que inevitablemente le propinan sus conductas, sus confusiones y sus desatinos.

Desde 2003 costó nueve años de avance paso a paso hacia la amenaza sobre las libertades y derechos cívicos básicos para que una gruesa parte de la ciudadanía se diera cuenta de que el bienestar económico NO es el valor esencial de una Democracia Republicana y se expresara como se expresó el 13 de Septiembre y el 8 de Noviembre.

Pero es hora de que tomemos conciencia. Las marchas no alcanzan. Han sido un instrumento para reclamar, desordenada y airadamente, sin faltar el respeto, pero como actores protagónicos de la Democracia debemos asumir una convicción:

NO PODEMOS SEGUIR ASÍ.

NO PODEMOS SEGUIR VOTANDO ASÍ.

No podemos seguir votando a ciegas o por impulso o por el peso de una afiliación o por arrastre o simplemente por reacción a situaciones que en cierto modo hemos provocado, dándoles cheques en blanco a prometedores carismáticos y caraduras, a apocados indecisos o a totalitarios embozados en la lejanía de su provincia.

No podemos seguir resumiendo el ejercicio de la Democracia a asistir cada dos años a cumplir elecciones a las que somos casi arreados por los “aparatos” para elegir entre opciones de las que por lo general sabemos poco y nada.

No podemos seguir actuando como si República y Democracia fueran asuntos de los que se deben ocupar solamente los que hemos designado con nuestro voto, sin atender a si nos son leales o no.

No podemos seguir construyendo, con la liviandad de un hijo pródigo, la democracia delegativa que nos está llevando a ser súbditos cuando debemos ser Soberanos.

A aquellas históricas palabras de Strassera hay que tomarlas como Norte de lo que hay que proponer para romper con estos ciclos de los que la clase política que generamos no sabe sacarnos.

No sabe o no le interesa, porque esa clase política está totalmente culturizada por décadas enteras de un quehacer que ha convertido a la política en un negocio de enquistarse en el poder, concentrarlo y retenerlo. El de perdurar, mantenerse en el candelero y en las bancas y despachos que les permiten vivir del erario público, generar beneficios económicos y políticos.

No todos los hombres políticos son así de perversos, pero todos son responsables ante la República por sus acciones o sus omisiones, como iremos exponiendo separadamente. Hoy los vemos agitar nuevamente las cuentas de colores de promesas y escenarios rosa para cumplir con la máxima del Gatopardo: que algo cambie para que todo siga como está. Las técnicas pueden variar; los fines, no. Apuestan a cambiar de manos el gobierno, pero no el sistema.


Están reapareciendo como flores de primavera, peregrinando por los programas políticos para criticar las conductas de un gobierno que permitieron ascender al poder a pesar de sus antecedentes. Algunos de ellos son personajes que reniegan de su adhesión a este régimen y pregonan una superación de calidad democrática que deberían haber pregonado en el 2003 y aún antes. Nos hablan de valores, de institucionalidad, de “lo que quiere la gente”, pero a la larga o a la corta y tal como lo muestran los 29 años pasados se cumplirá que lo que buscan es acceder al poder y, una vez allí, hacen lo que les conviene a ellos y a sus partidos aunque se pinten la máscara con pintura color democracia.

Penélope

Si nos acoplamos a este minué largamente repetido a lo largo de nuestra historia política, volverá un tiempo inicial en el que la “Argenélope” retejerá un avance pero, más temprano que tarde, reaparecerán los intentos reeleccionistas, las maniobras en el Congreso, las presiones a jueces, los incumplimientos de plataformas, los actos “soberanos” no anunciados en las plataformas, los ocultamientos, el despilfarro disimulado o desembozado y la desatención de las funciones esenciales del Estado mientras se le da al Soberano el caramelo de un progresismo que haga olvidar el descuido del progreso auténtico.

Sostengo que NINGUNO de nuestros políticos está exento de ser acusado por la DEMOCRACIA y la REPÚBLICA (mayúsculas, adrede) debido a su inidoneidad, su complicidad o su cobardía a lo largo de estos nueve últimos años, para mencionar los más cancerosos y no polemizar con la era anterior. Por acción u omisión, todos están en falta. Y a casi todos aquellos que zafaron del “que se vayan todos”, hoy los tenemos preparando armas para el 2013.

¿No los hace pensar nada este detalle, ciudadanos?

Ahora es tiempo de elevar un llamado a los que quieren algo superior, algo que vaya mucho más allá de las tibias pinturas que nos están dibujando los que debieron cuidar nuestra Democracia y nuestra República pero no levantaron su mano ni pusieron su pecho contra el ascenso de un régimen predeciblemente devastador de nuestra Nación. Un llamado a luchar para construir UNA DEMOCRACIA QUE DÉ ORGULLO DE SER VIVIDA.

Porque observen lo siguiente, ciudadanos: diagnósticos, sobran. Los exponen desde hace rato politógos, políticos, periodistas y hasta gente de la calle.

Pero nadie propone la terapia, excepto para más de lo mismo.

No necesitamos que nos digan que la Justicia debe ser independiente.

Necesitábamos que nos propusieran cómo lograrlo, después de 29 años de jueces designados, presionados, digitados.

No necesitamos que nos digan que el Congreso está cooptado por el Ejecutivo y se ha convertido en una escribanía del mismo.

Necesitábamos que nos propusieran medidas para que eso no ocurra o, si ocurre, se lo pueda neutralizar.

No necesitamos que nos digan que el gobierno miente.

Necesitábamos que se nos propusieran cambios para que no pueda mentir.

No necesitamos que nos digan que el gobierno no acepta controles ni límites.

Necesitábamos que nos propusieran medidas para que no los pudiera evitar.

No necesitamos que nos digan que no se respeta el Federalismo, ni ahora ni antes.

Necesitábamos que se implementaran las medidas que dieran auténtico Federalismo a nuestra República.

No necesitamos que nos digan que un gobierno usa el dinero de los jubilados.

Necesitábamos que se implementen medidas para imposibilitar eso.

Es imprescindible proponer medidas que elevarían la calidad de la democracia enclenque en que estamos inmersos para convertirla en una DEMOCRACIA auténtica donde el poder pase básicamente por el Soberano de la misma, la ciudadanía.

Propuestas que le entreguen al Soberano posibilidades inéditas de decisión y control mediante las cuales su voluntad se imponga por sobre partidos, cúpulas y líderes nefastos cuando las decisiones de estos sean lesivas a los auténticos deseos del Pueblo.

Propuestas para que ningún gobierno pueda, en adelante, presionar a los jueces, mentirle al pueblo, impulsar y hacer aprobar leyes extrañas o interesadas, no rendir cuentas por su gestión, no responder por los daños que la misma cause al patrimonio de la Nación y, muy especialmente, ser juzgado rápida y eficazmente por las corrupciones comprobadas incurridas desde su cargo.

Propuestas que, si logramos imponerlas, por muchos años que nos cueste hacerlo, evitarán para siempre que la clase política en el poder pueda incurrir con facilidad e impunemente en los crímenes de lesa República y lesa Democracia a los que nos tiene acostumbrados.

HAY QUE CAMBIAR EL SISTEMA. Si no lo hacemos, si seguimos votando como hasta ahora para que perdure esta clase política que nos ha traicionado una y otra vez, daremos solidez al argumento de que los pueblos tienen los gobernantes que se merecen.

Pero, CIUDADANOS, SI NOS PONEMOS DE PIE Y DECIDIDOS A LUCHAR POR LA NACIÓN, LA REPÚBLICA Y LA DEMOCRACIA QUE QUEREMOS, tendremos al menos la oportunidad de un día gritar a nuestra Historia, con todas las ganas:

QUERIDA ARGENTINA...:   ¡ NUNCA MÁS..!

CARLOS A. GALVALIZI
República Del Soberano
http://republicadelsoberano.blogspot.com.ar/


Por una DEMOCRACIA  que dé ORGULLO de ser vivida


NOTA: Las imágenes y negritas no corresponden a la noa original.