jueves, 6 de diciembre de 2012

¿Si a ella le va bien, nos irá bien a nosotros?

Estimados, esto lo escribí el 8 de enero de 2008 en La Historia Paralela. En verdad, al releerlo, se me cayeron unas cuantas lágrimas. Saludos


José Milia

En el País del desatino y la men­tira no hay estupidez mayor que la de aquellos que dicen - algunos con buenas intenciones, otros por acción psicológica y muchos por indicación del bolsillo – “quiero que a Cristina le vaya bien, porque si a ella le va bien nos irá bien a todos”.

Luego de cuatro años de un gobierno que hoy en plena sucesión se ha mostrado como lo que es, donde el manejo de la república se confunde descaradamente con la res princeps y las decisiones inherentes al destino de los argentinos no las toma el ejecutivo en reunión de gabinete, no las refrenda el congreso ni son avaladas por la justicia sino que son decididas alrededor de una mesa declaradamente doméstica donde se sientan familiares y favoritos, este disparate adquiere proporciones de catástrofe.

En estos cuatro años a la Argentina le ha ido bien. Económicamente. Pero no por obra de economistas que diseñaron planes a largo plazo. No por obra de estadistas que proyectaron políticas de estado a treinta años vista. No, le ha ido bien por­que la coyuntura mundial así lo determinó. Coyuntura que ha hecho que a estos “improvisados” les entrara el dinero a manos llenas como producto de la expoliación que han ejercido sobre quie­nes producen, sobre los que trabajan, mientras los alcahuetes de turno cambian con alegría su dignidad por dineros y prebendas. Chorros de dinero que les ha per­mi­tido com­prar con­cien­cias, pro­vincias y muni­ci­pios, que les ha posi­bi­li­tado orga­ni­zar subas­tas de prin­ci­pios y pago de favo­res a per­so­nas que decla­ma­ban una forma de ser y al final ter­mi­na­ban siendo “tra­ves­tis del rosedal”.

Es cierto que ya nada nos queda de aque­llos orgu­llo­sos y pro­bos varo­nes que hicie­ron la Inde­pen­den­cia, ni de los que lle­va­ron la gue­rra al cora­zón del Bra­sil y del Para­guay ni de los que a sable y lanza le gana­ron el desierto al indio, y, menos aún de aque­llos que pusie­ron a la Argen­tina entre los pri­me­ros paí­ses del mundo. Hoy, en esta lamen­ta­ble cuesta abajo que vive la Repú­blica, hemos mal­ven­dido los valo­res que nos hicie­ron gran­des y aun­que nos aver­gon­ce­mos cada vez que pen­sa­mos en ello, nos hemos con­ven­cido que el mejor lugar para guar­dar el cora­zón es el bol­si­llo. Tan guar­dado está en ese lugar que hasta los pre­sun­tos revo­lu­cio­na­rios piden un agui­naldo social como fun­da­mento de su gim­na­sia sediciosa.

Pero no nos deten­ga­mos en la “ver­güenza de haber sido y el dolor de ya no ser”, y cen­tré­mo­nos en que sig­ni­fica que a la señora le “vaya bien”.

Que le vaya bien sig­ni­fica que la rapiña del esfuerzo de quie­nes pro­du­cen con­ti­nuará, pero seguirá habiendo tobas que se mue­ren de ham­bre, chi­cos des­nu­tri­dos y ado­les­cen­tes des­a­pa­re­ci­das en los cami­nos “libe­ra­dos” de la droga y la trata de blan­cas. Será la con­ti­nua­ción del manejo indis­cri­mi­nado de los fon­dos públi­cos en ima­gi­na­rias obras públi­cas. Será la entro­ni­za­ción de la ven­ganza supliendo a la jus­ti­cia. Será con­ti­nuar con el con­greso con­ver­tido en cueva de soplones.

Sig­ni­fi­cará que cual­quier grupo con pre­ten­sio­nes de pro­testa social estará auto­ri­zado a con­ver­tir pue­blos y ciu­da­des en caó­ti­cos hor­mi­gue­ros, o a cor­tar calles, rutas y puen­tes con la pre­ten­sión de decre­tar que se puede o no hacer en la Repú­blica. Será la entro­ni­za­ción de la “sen­sa­ción de inse­gu­ri­dad” como manera de ava­sa­llar a la gente que no pueda pagar segu­ri­dad pri­vada. Será man­te­ner las polí­ti­cas de cen­tra­lismo – ya incluso se designa a los alre­de­do­res de Bue­nos Aires como “área metro­po­li­tana” para darle enti­dad social y eco­nó­mica – y poder man­te­ner con el omní­modo poder de “la caja” sub­yu­ga­das a las provincias.

Que le vaya bien sig­ni­fica seguir con un País en el que sólo un ocho por ciento accede a la medi­cina pre­paga mien­tras el resto de los habi­tan­tes sopor­tan obras socia­les que son la fuente de riqueza y poder de caci­ques sin­di­ca­les o mal­vive y mal se cura en hos­pi­ta­les que se vie­nen abajo sin equi­pos ni man­te­ni­miento ni renovación.

Que le vaya bien será man­te­ner el con­ur­bano para­si­ta­rio como un gran corral donde se encie­rra la hacienda elec­to­ral – ese inmenso grupo humano mar­gi­nado y sin futuro — siem­pre dis­puesta en su indi­gen­cia a ser com­prada con cha­pas, man­tas y elec­tro­do­més­ti­cos para defi­nir una elec­ción. Será ver y escu­char a minis­tros men­tir des­ca­ra­da­mente mien­tras se con­ti­núa con el des­pojo de la Nación, y un sesenta por ciento de los argen­ti­nos no tiene agua, cloa­cas y vivien­das dignas.

Que le vaya bien será ver a las Fuer­zas Arma­das pade­cer a órde­nes de quie­nes des­hon­ran a dia­rio el uni­forme, ese uni­forme que estos genu­fle­xos han con­ver­tido en librea de laca­yos. Será la per­ma­nen­cia de la jus­ti­cia lenta y obse­cuente, mari­cona y cobarde siem­pre dis­puesta a tra­tar con leve­dad al delin­cuente y que por regla gene­ral per­dona a quie­nes deten­tan el poder a cam­bio de canon­jías espu­rias. Será ver como el nar­co­trá­fico sigue rutas libe­ra­das y a caba­llo de una edu­ca­ción cada vez más per­mi­siva y trans­gre­sora, inca­paz de trans­mi­tir valo­res esen­cia­les, ver como nues­tra juven­tud sigue en el faci­lismo de la droga y el sexo bus­cando un efí­mero paraíso. Será con­ti­nuar viendo el triste espec­táculo de dipu­tados y sena­do­res que borran hoy, des­ca­ra­da­mente, lo que legis­la­ron años atrás a cam­bio de una micros­có­pica por­ción de poder que les per­mita ele­var su ego e incre­men­tar su hacienda. Será ver a Obis­pos mirar para otro lado mien­tras muchos cató­li­cos y sus pas­to­res son per­se­gui­dos sola­pa­da­mente, y al mismo tiempo hacer­les sen­tir que están ame­na­za­dos y sin res­puesta cada vez que algún tras­no­chado con el bene­plá­cito de la casa real intente impo­ner a la Repú­blica leyes que pasan por encima del dere­cho natural.

Que le vaya bien será final­mente — cuando nos haya ganado la indi­fe­ren­cia y el has­tío — el momento en que ellos, los que le lamen las botas de Ferra­gamo a la señora, tiren por el inodoro a la Cons­ti­tu­ción Nacio­nal, y mane­jen al País y a noso­tros con un vul­gar remedo de par­ti­das reales.

¿Ud. cree que si a ella le va bien nos irá bien a todos?

josemilia_686@hotmail.com