jueves, 7 de febrero de 2013

LA TRISTE REALIDAD



Cualquiera que con dos dedos de frente pueda analizar la situación internacional y en este contexto el futuro de la Antártida y sus reservas de agua, y el destino de la pesca y el petróleo del Atlántico sur sabe -luego de escuchar las declaraciones de la presidente y su canciller- que estos dos personajes son aprendices de brujo cuya ignorancia se acerca peligrosamente a lo que se puede esperar de dos necios “exitosos” o, a contrario sensu,  son tan infames que utilizan Nuestras Islas como cortina de humo para tapar una realidad que es tan angustiante como aciaga para lo que queda de la República.


Podría entenderse que en el ajedrez ramplón pero siniestro que los políticos argentinos, oficialistas u opositores, juegan a diario se utilicen chicanas espurias, depravadas artimañas o pedantes afirmaciones cuyo único fin es tratar de ganar un tranco de pollo en las ventajas arteras que tratan de sacarse día a día; basta con leer sus declaraciones en cualquier periódico para saber a que nivel de bajeza se ha llegado.

Todo lo anterior es entendible y hasta podríamos decir aceptable dada la pedestre escala de valores que los argentinos usamos, en nuestra pusilánime pereza, para medir la estatura moral de nuestros “representantes”. Lo que no puede entenderse es el vil juego que desde hace tiempo se hace utilizando a Malvinas y a sus caídos.


Ha llegado el momento de decir las cosas como en verdad son. Ni las Malvinas serán nuestras en veinte años, frase grotesca que solo podía salir de la boca de un tipo que no ha hesitado en traicionar a su Patria y a su raza dándole el beso de la paz al representante de un País que carga en su haber con la vida de ochenta y cinco argentinos, ni hay ninguna posibilidad que estas, al menos sean objeto de una negociación diplomática ordenada.


Digámoslo con todas las letras, las Islas Malvinas son el mejor palo y zanahoria para hacerle creer a aquellos pocos avisados -que todavía son muchos- que el gobierno “Nac And Pop” ha puesto todo su empeño en recuperarlas cuando la realidad es que cada declaración pomposa del ejecutivo es un martillazo más sobre los clavos que crucifican a nuestra tierra irredenta.

En su descaro, la presidente y su cohorte se han animado a jugar con aquello que aún une a los argentinos en un emocionado respeto. Al utilizar a Malvinas para sus enjuagues y trapisondas han decidido cagarse en lo mejor que dio La Argentina en el siglo XX. En el albañal en que, por acción u omisión, los argentinos convertimos a nuestra República en los últimos setenta años es tan poco lo que hicimos que lo único destacable son aquellos que dieron sus vidas por la Patria y de estos, por historia y tradición, aquellos que tienen sus tumbas en el helado mar austral y en la turba malvinera.


En su descaro nos han mostrado que mientras para todos los argentinos esas tumbas son  altares donde aún vive lo mejor de la Patria, para estos personajes de bolsillos inquietos y moral endeble no son otra cosa que el “ara corrupta de un mercado” (*) donde día a día se vende lo que queda de Argentina.

(*) Carta a un soldado argentino. Enrique Vidal Molina. 1982

JOSE LUIS MILIA