jueves, 28 de febrero de 2013

LOS ESCLAVOS DE LA JUSTICIA ARGENTINA


Palabras dirigidas por el Dr. Ricardo Saint Jean durante el acto en Plaza Lavalle, este  26 de febrero de 2013:

Los militares y policías, y los civiles que desempeñaron cargos durante el gobierno militar, son los parias de la democracia.
Son discriminados como si fueran esclavos.


A los esclavos y sólo a ellos, se les aplica retroactivamente la ley penal, violándose garantías y derechos humanos consagrados en nuestra constitución.  Y se les niega la prescripción, todo lo cual es ilegal tal y como lo ha declarado para todo el mundo la Corte Suprema De Justicia Del Uruguay, citando expresamente al Dr. Fayt


A los esclavos y solo a ellos se les niegan los efectos de las leyes de amnistía dictados por el mismo Congreso que ahora mira para otro lado.

La Corte Suprema, ésta que hoy festeja el inicio del año judicial, cambió los criterios del plenario “Díaz Besonne” de la Cámara De Casación, sólo respecto de los parias y los esclavos.

De esta forma son los únicos a los cuales no se les otorgan excarcelaciones.

Los esclavos son los únicos en la argentina a los que se los mantiene detenidos por más de tres, cinco y hasta nueve años sin condena.

A los esclavos no se les permiten las salidas transitorias ni aun estando condenados, porque la estrategia, llamada por Lorenzetti “política de estado”, es formarle  siempre nuevos procesos, de modo que nunca alcancen los beneficios humanitarios que la ley argentina consagra para los penados. 


De esta forma los mantienen –increíblemente- en peor condición estando procesados, con el principio de inocencia vigente, que estando condenados.

A los esclavos se los condena sin habérseles probado una sola conducta delictiva concreta, simplemente por el destino o el cargo que ocupaban.  Aquel estaba en un destacamento de inteligencia, aquel se desempeñó en una unidad de ejército, este era ministro.  Y sin que a ninguno de ellos se les pruebe el dominio del hecho por el cual los penan.


Ni mucho menos la existencia de un supuesto ataque sistemático y generalizado a la población civil, requisito de los delitos de lesa humanidad, que ya el fallo de la causa 13 contra los Comandantes, descartó completamente con todas las pruebas en la mano.

A los esclavos viejos, los que tienen más de setenta años, se les prohíbe el beneficio de la detención domiciliaria.


191 han muerto detenidos, sin condena.  Pero no importa, son esclavos.

A los esclavos se los somete a juicios públicos donde ellos y sus familiares son insultados, amenazados y agredidos por militantes que festejan quemando patrulleros y vehículos del servicio penitenciario, haciendo más grotesco el linchamiento judicial.

A los esclavos se les hacía una marca visible.


Pues a nuestras causas, y solo a ellas, se las identifica en todos los juzgados y cámaras del país con un enorme sello rojo que dice “DDHH”, no sea que a algún distraído se le ocurra aplicarle el mismo derecho que se le aplica al resto de los habitantes de la nación.

El látigo disciplinario no es sólo para los procesados esclavos, lo es también para los jueces que quieren ser independientes. Que pretendieron sentar criterios legales objetivos.


A los jueces a quienes se les ocurrió conceder excarcelaciones a los parias, a los esclavos, se les pidió el juicio político, caso de Alfredo Bisordi, de Berraz de Vidal, de Durañona y Vedia, de Gustavo Hornos, de García, de Yacobucci y de tantos otros.

Los jueces federales que no tenían muchos procesos contra los parias y esclavos, sufrieron escraches en sus domicilios, y la visita preocupada de los organismos de DDHH siempre acompañados por el CELS de Verbisky y algún diputado esclavista.


Y en los exámenes para nombramientos o asensos, expresamente se les pregunta qué opinan sobre esta clase de juicios.

Asesinan a los parias y a los esclavos.


Como lo hicieron con mi padre, el Gral. Ibérico Saint Jean, los jueces Rosansky, Portela y Falcone, que lo mantuvieron en proceso contra diez informes suscriptos por diferentes médicos del cuerpo médico forense que lo declararon incapaz para estar en juicio.  Y con 90 años, enfermo de cáncer y sin posibilidades de caminar por sus propios medios, le revocaron la detención domiciliaria y lo enviaron a Ezeiza. 

Y persiguieron a los médicos forenses que habían dictaminado a favor denunciándolos ante la Corte Suprema.

Hasta que se descompensó.

Mi padre murió, sin condena, tan solo dos semanas después, en el pabellón del Hospital Militar que aloja a los esclavos.

Hospital Militar Central

Los esclavos son mercancía, moneda de cambio. 

Por eso el gobierno le explica sordamente a la ciudadanía que nos roban y nos matan en la calle por cualquier cosa, pero que no se preocupen, porque ellos persiguen a los represores que habrían cometido delitos hace 35 años. 

Cualquiera y en cualquier lugar roba y mata por unas zapatillas o un celular, pero no se preocupen, la policía y la justicia funciona, hoy detuvimos a otro esclavo que habría cometido un delito en 1975.

Y le explican a la ciudadanía que los trenes descarrilan y muere gente, “pero Estela, estarás contenta porque hoy condenamos a otros nuevos parias a los que juzgamos por hechos de hace 35 años”.


La droga se enseñorea a lo largo y ancho del país y la corrupción de los funcionarios es la más alta que alguna vez hayamos visto, pero no hay impunidad,  mantenemos ocupados todas las agendas de los tribunales federales, que son los que deben investigarlos, con los juicios por hechos de hace 35 años.

¿Hay algo peor que una dictadura que viola los derechos humanos de sus habitantes?
Sí, una democracia que viola los derechos humanos de sus habitantes.

Hasta qué punto se ha arrodillado la justicia que hoy traspasan los límites del veinticuatro de marzo del setenta y seis solo para perseguir a quienes eran policías o civiles que combatieron el terrorismo guerrillero en los años setenta y cuatro y setenta y cinco.

¿No ven acaso que solo se juzga y se persigue como esclavos a los antiguos enemigos de los montoneros?

Y no sólo a aquellos que los combatieron con las armas, sino también a los jueces que, con la ley en la mano, los condenaron, como es el caso del Dr. Jaime Smart.


Ya no solo saltan obstáculos legales y constitucionales insalvables para cualquier país civilizado.  Ahora dan además unas muestras de un zigzagueo jurisprudencial vergonzoso y asombroso para designar y perseguir a los parias, a los esclavos y a quienes consideran un obstáculo a sus ambiciones.

A tal punto ha permitido la Corte la vulneración del derecho que, al romper para los esclavos el granítico principio de irretroactividad de la ley penal, le ha abierto a este gobierno, y a todo otro que venga en el futuro, la posibilidad de perseguir a sus opositores políticos.


Porque usando el mismo precedente que le aplican a los militares, ahora acusan de delitos de lesa humanidad, a la señora de Noble, a Magneto, a Mitre, a Blaquier, a sindicalistas, a jueces, a sacerdotes

No se cumple este año ningún aniversario de ningún fallo de la Corte con el cual pretenden festejar el inicio del año judicial.  Este año se cumplen doscientos años de la Asamblea General Constituyente de las Provincias Unidas del Rio de La Plata.  La Asamblea del año 13.

Aquella que dejó sentado para siempre que en esta tierra no aceptamos prerrogativas de sangre ni de nacimiento. Que en la argentina no existen fueros personales ni títulos de nobleza.  Que en esta nación todos somos libres, e iguales ante la ley. 

No puede haber esclavos, ni permitirse su existencia.

El terrorismo guerrillero, en los 70, nos secuestraba y nos mataba como a perros. 
Por ser militares, por ser policías, por ser familiares de militares o policías  estábamos condenados a muerte. Y la Patria, si ellos triunfaban, a la esclavitud de la falta de libertades de Cuba, de China, de la Unión Soviética.


Ya para el año 74 y 75, cuando los hechos desbordaron a la ley, para cuando la violencia y el caos se adueñaron del país, tronaron las armas.  Y cuando los acontecimientos parecieron superar a las instituciones, la Junta Militar, los Comandantes de las tres Fuerzas Armadas, asumieron –contra la ley- el gobierno de la Nación.


¿Qué creen acaso?; ¿que los hijos y nietos de los presos políticos estamos de acuerdo con la ilegalidad de entonces, con la violencia, con el uso de las armas como medio para dirimir los conflictos?

¿Creen acaso que no sabemos de su dolor?  ¿Qué es diferente tener un padre, un hermano o un esposo detenido que tenerlos desaparecidos?,  aun cuando estén muriendo en prisión como nos ocurre a nosotros?

¿Creen que no consideramos a todo eso una injusticia y un dolor mayor al que estamos ahora viviendo nosotros?. 

Pero señores, ya no una vez, sino varias en la historia argentina, abandonamos la ley para alcanzar lo que creíamos justo. 

Si la Junta Militar abandonó la ley para alcanzar la victoria sobre el terrorismo, abandonar la ley, en democracia, para alcanzar lo que consideramos que es justo, es la vuelta a la selva, a la venganza, a los más bajo de nuestra naturaleza. Es el suicidio del sistema. 

Es violar los derechos humanos en nombre de los derechos humanos.

¿Y creen ustedes por ventura que el poder judicial, este poder judicial federal, es el que habrá de solucionar nuestros problemas?


Este poder judicial federal integrado por jueces que  pugnan porque les hagan notas en Página 12 o reportajes  en los medios oficiales, para explicar cómo y porqué hacen lo que está prohibido por la ley?; que se abrazan con los querellantes, emocionados, cada vez que condenan a cadena perpetua a los esclavos. Con esos jueces que quieren ser Dalessio, Strassera, Moreno Ocampo, pero condenando a agentes y cabos de la policía y del servicio penitenciario hoy ancianos, y oficiales que tenian 20 y pocos años cuando ocurrieron los hechos, con generales que se les mueren en las cárceles insanas, abandonados y sin respaldo de la institución a la que sirvieron y de la Nación que los envió a combatir del modo que lo hicieron?

¿Estos jueces que son débiles con el fuerte y fuertes con el débil?


Son ustedes, gobernantes, los que apañan a los ideologos de ayer, los que respaldan sólo a los familiares del terrorismo guerrillero, los que gozan de privilegios y algunos además se enriquecen, mientras mantienen presos a la policía y a los militares.  Ustedes, que silencian a la prensa, que controlan los precios, que escrachan a los jueces independientes y atemorizan a los disidentes.  


Son Uds. Quienes, en lugar de actuar como padres de una comunidad de hermanos, bregar por el perdón, la reconciliación y la unión de los argentinos, fomentan el odio, el resentimiento, la eterna división.

Y dicen: que haya unión, pero con justicia.  Señores, la ausencia de legalidad, es una renuncia a la justicia.

La Argentina nos queda grande.  Y no por su vasto territorio. Nos falta grandeza de alma a los argentinos para superar nuestros abismos, para conseguir los objetivos por los cuales vivieron y murieron tantos compatriotas.


Me pregunto si es porque desde nuestros inicios, por cada vez que prometemos vivir coronados de gloria, tres veces juramos morir por ella. 

Una Nación donde –en definitiva- pareciera que es más fácil morir por amor a los ideales, que aceptar el desafío de vivir con ellos.

Mientras contemplamos, impávidos, la decadencia de un país que se divide en countrys y villas miserias.

¿Qué hacemos, regodeándonos en el pasado del dolor y la violencia, cuando millones de nuestros chicos nacen en los mundos marginales de la violencia, la droga y el desamparo?. ¿No debiéramos darnos allí la mano,  en el rescate a los más necesitados, a los urgentemente necesitados, allí donde un sacerdote fue asesinado el día que renunció a la violencia para abrazar la ley?.


Ese hombre seguía a quien hace 2000 años dijo:  “aquel que ha puesto la mano en el arado, y mira hacia atrás, no sirve para el reino de dios”.

No se trata de una prohibición de mirar hacia atrás, o un ocultamiento o censura del pasado.  Se trata de una invitación a poner –todos y cada uno- la mano sobre el arado.


Para construir nuevos surcos en el presente, surcos que son preparación para el futuro… que es lo único que podemos hacer para transformar el pasado, para convertir ese tiempo cruel, estéril, trágico,  en algo provechoso, útil para quienes estamos aquí y ahora, y para los que vendrán.

Nosotros, que sufrimos entonces y que estamos sufriendo ahora, les tendemos la mano a quienes nos consideran sus enemigos,  y les proponemos trabajar juntos en el presente, por el pasado, para el futuro.

Pero que a nadie se le ocurra ver en este gesto un signo de claudicación o de debilidad. No es el débil sino el fuerte el que extiende sus brazos cuando arrecian los latigazos. 

Porque nuestros presos y nuestros muertos nos hacen cada día más fuertes.  Porque estamos al lado de los militares, los policías, los agentes del servicio penitenciario, la gente de prefectura y gendarmería y somos testigos de estas humillaciones, más la falta de equipamiento, el desánimo, la incomprensión, la persecución, el fomento del odio y de la desconsideración social. 

Y lo más trágico, sin un futuro a la vista, mientras la nación sufre un aumento sin precedentes de la inseguridad fronteras afuera y fronteras adentro de su territorio.

Nosotros no vamos a parar. Nosotros no podemos parar, porque somos herederos de quienes vivieron y murieron para que todos los argentinos vivamos como hombres libres. 

Porque no aceptamos ser esclavos ni toleramos que nadie, en nuestro país, sea tratado como tal.

Porque luchamos por una argentina que viva unida, reconciliada, caminando hacia un objetivo común.

Por la libertad de los presos políticos.

Por la recuperación de la legalidad.

A todos los que sufren y a todos aquellos, que dieron la vida por nuestra argentina,  les decimos que por ellos, la patria está viva. 

A quienes nos siguen agrediendo.  A los magistrados cobardes que traicionan el derecho. A los dirigentes que no se atreven a realizar la gran empresa argentina, para todos ellos tenemos un mensaje que les transmitimos en palabras de dos hombres extraordinarios: el  bravo soldado Luna y el sargento Cabral:

“ACÁ NO SE RINDE NADIE, CARAJO, VIVA LA PATRIA!!”

FUENTE: https://www.facebook.com/pages/Justicia-y-Concordia/257291257644198

NOTA: Las imágenes y negritas no corresponden a la nota original.

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