miércoles, 6 de febrero de 2013

PARA AQUELLOS QUE NUNCA LO SUPIERON O PARA AQUELLOS QUE LO OLVIDARON


En la conmemoración del bicentenario de la batalla de San Lorenzo, el vicepresidente Amado Boudou comparó el liderazgo del General San Martín y el del General Belgrano con el ejercido por el ex presidente Kirchner y el de su esposa Cristina.

Esta afirmación del guitarrista motoquero de pelo largo y sonrisa complaciente y aduladora, resultó casi divertida e hilarante sino fuera tan obscenamente patética. ¡A que extremos ha llegado este personaje, al resignar públicamente su dignidad en aras de la obsecuencia!

Pero esta grosera afirmación del cuestionado motoquero de la campera, me da pie a redactar unas reflexiones, precisamente sobre liderazgo.


Muy joven aún, cuando todavía no había cumplido los diez años formé parte de una agrupación de Boys Scout. Cuando empecé la escuela primaria lo hice en un colegio alemán y posteriormente en un colegio inglés en donde terminé el ciclo primario.

En los tres lugares se impartían clases muy elementales sobre liderazgo. En el resto de mi formación académica volví a recibir esporádicamente conceptos referidos a ese tema. Ya mayor, al organizar una pequeña empresa, adquirí algunos libros referidos a Conducción Empresaria para tratar de estar en mejores condiciones para conducir exitosamente este emprendimiento, tanto en su aspecto administrativo como en lo referente a conducción del personal.

Es todos los casos y fuentes, todos coincidían que la piedra basal para lograr un liderazgo exitoso era que el líder debía predicar con su ejemplo personal. Este solo hecho predispone a los conducidos favorablemente para lograr los objetivos propuestos. No obstante el líder o conductor debe poseer los valores esenciales de una persona de bien. No detallaré estas cualidades para no convertir este artículo, que pretende ser un comentario crítico de la política nacional, en un manual de Liderazgo.

Simplemente quiero poner de relieve los conceptos esenciales de esta disciplina. En todos los lugares en los que pude abrevar algún conocimiento sobre liderazgo, se repetían con diferentes puntos de vista, con diferentes palabras y explicaciones, prácticamente los mismos conceptos. Todas confluían a un mismo concepto general.

No obstante la enseñanza que aún hoy retengo y recuerdo como si lo tuviese grabado a fuego, tal vez por su elemental simplicidad,  es la que adquirí en los boys scouts en los primeros años de mi infancia.

El objeto de esta introducción es fundamentalmente recordar los aspectos básicos de la conducción y del liderazgo. Y para ello quiero repetir esos conceptos tan elementales. El jefe para ser merecedor de ese cargo y lograr la adhesión voluntaria a su liderazgo de sus empleados o dependientes, debe cumplir a rajatabla los siguientes puntos: Guiar, Proveer y Proteger.

  • Guiar implica indicarles claramente a sus dependientes la tarea a realizar; fijarles un objetivo concreto a lograr, imponerle normas de orden; encarrilarlos cuando se apartan de la meta; alentarlos  a  cooperar; desarrollarles el sentido de pertenencia al grupo, incentivarlos en sus tareas, marcarles la dirección a seguir y dirigirlos cuando estén desorientados o se apartan del objetivo asignado.
  • Proveer significa otorgarle todos los medios necesarios, en su sentido más amplio, ya sea materiales, psíquicos y espirituales, para que se encuentren en las mejores condiciones para afrontar las tareas a realizar.  Entre ellos, simplemente para dar unos ejemplos: conocimientos o consejos, descanso, vacaciones, compensaciones  adecuadas y otros incentivos.
  • Proteger a sus dependientes. Impone evitarles riesgos o daños físicos por imprudencia, tenerlos cubiertos por seguros adecuados, saber defenderlos cuando son injustamente tratados o excesivamente exigidos y hacerlos sentir seguros de sus capacidades y habilidades. Esta acción puede incluir también, al núcleo familiar del conducido.
Estos tres puntos son absolutamente básicos. No obstante hay otros aspectos a considerar, los valores ya mencionados, la lealtad  hacia los conducidos y  se destacan las cuatro virtudes cardinales: templanza, prudencia, fortaleza y justicia, entre muchos otros valores.

El líder no debe descender al nivel de sus dependientes, empleados o subordinados, porque si lo hace entonces será uno más del grupo y habrá abandonado el puesto de enorme responsabilidad que ostenta. En otras palabras para mandar hay que tener autoridad moral. Quien mande debe ser virtuoso.

Sobre las condiciones para ser un líder, un conductor en todo el contenido y sentido de la palabra, habría conceptos esclarecedores para escribir varios libros. De hecho hay infinidad de publicaciones de diferentes autores que abordan esta problemática desde diferentes puntos de vista.  Pero todos de alguna manera, terminan con otras palabras, en las tres acciones que se mencionaron precedentemente: Guiar, proveer y proteger.

El lector se preguntará el porque de esta larga y tediosa  introducción, ya que seguramente es más que conocida por la mayoría. Pero la realidad muestra que aquellos que necesaria, casi  imprescindiblemente, las deben conocer, las desconocen.

Me refiero a la dirigencia. Pero muy especialmente a  la dirigencia política.


Si bien el liderazgo de una organización verticalista no es lo mismo que el liderazgo de una organización política, los argumentos basales son absolutamente validos para ambas.

No podría confeccionar una lista, ya que sería demasiada extensa. La mayoría de los dirigentes políticos en particular aquellos que tienen en su esfera de acción,  personal que liderar o conducir, desconocen absolutamente estos sencillos conceptos, o tal vez de conocerlos, simplemente los ignoran, por la cual su gestión específica  se ve seriamente comprometida.

A modo de ejemplo vimos que recientemente se produjeron gravísimos problemas en varias instituciones fundamentales del país, las Fuerzas de Seguridad y Policiales, justamente porque los directamente responsables no aplicaron estos sencillos conceptos.

Lo que ocurrió en estas instituciones es realmente gravísimo ya que deja heridas muy difíciles de cerrar…o tal imposible de cerrar.

Pero el ejemplo más demostrativo de la no aplicación de lo expresado en los tres puntos, es la conducta y comportamiento de la presidente Cristina Fernández, entre muchísimos otros.

Es difícil ver en Fernández una líder. Precisamente por una numerosa carencia de los valores esenciales de una persona equilibrada y con sentido común. Todo en ella es temperamento fuerte, descontrolado, falta de moderación. No solo ello, su personalidad deja traslucir odio, resentimiento, agresividad, agresión. Una verborragia exagerada, un flujo verbal inagotable y desordenado… y lo peor, engañoso y muchas veces lisa y llanamente mentiras escandalosas que permiten ver trampas e impostura.

¿Cómo puede conducir una persona con semejantes defectos y falta de virtudes? ¿Cómo puede controlar esa persona a las demás si es incapaz de moderarse o controlarse asimismo?

Su liderazgo es autoritario, personalista e intolerante. Consiste en extorsionar y agredir a aquellos que no están en su misma frecuencia. Todo lo contrario a lo que debe ser un líder o conductor.

El diálogo, los consensos, el bien común, el esfuerzo compartido, la persuasión, casi totalmente ausentes.
Nombro solo a la presidente en aras de la brevedad de esta nota, pero la mayoría de los dirigentes incurren en errores y fallas similares. No puede ser de otra manera: es el ejemplo de la más alta autoridad del país. Realmente lamentable.

04-Feb-13

Dr. ALFREDO RAÚL WEINSTABL