martes, 26 de marzo de 2013

LA CONVERSIÓN

Queridos amigos:

En la lucha por el poder,  en cualquier campo, las personas que carecen de límites éticos tienen ostensibles ventajas respecto de quienes actúan sujetos a principios  y valores. Los primeros, “los malos”, no trepidan en mentir mientras que los otros, “los buenos”, se sienten obligados a proceder con transparencia.  Los malos, traicionan sin culpa; los buenos se ven atados por sus lealtades  y compromisos. Los malos no dudan en utilizar dinero mal habido en procura de sus objetivos; los buenos pretenden ser honestos en cada procedimiento.


Si alcanzan el poder, los malos lo utilizan para aplastar a sus oponentes y tratar de mantenerlo para siempre. En la otra vereda, en similares circunstancias, los buenos tratarán de  actuar respetando las leyes y las normas porque eso responde a su paradigma.  Si además tienen sentimientos cristianos, se sentirán compelidos a olvidar agravios y perdonar culpas.

A pesar de tantas desventajas, el hecho de que muchas veces en la historia gente buena y digna alcanza el triunfo demuestra la fuerza inconmensurable que otorgan las conductas éticas, ya que todo  ser humano es capaz de percibirlas y reconocerlas aunque no las siga. Sin mencionar que los hombres de fe, sienten además que cuentan con el apoyo celestial. El problema es que muchas veces, ante las derrotas parciales, los hombres buenos dudan de la eficacia de su accionar y se ven tentados a imitar los procedimientos sucios prometiéndose que si triunfan utilizarán el poder para el bien. Olvidan sin embargo la visión Aristotélica que expresa que la virtud solo se alcanza realizando actos virtuosos, de modo que el que llega arriando banderas probablemente se encuentre con las manos atadas por los compromisos contraídos en el tortuoso camino.


Todas estas reflexiones vienen inspiradas por el ejemplo que dio al mundo el acceso al papado del Cardenal Jorge Bergoglio, que fue capaz de conservar sus virtudes morales en la edad y  la jerarquía en que muchos hombres son ganados por el escepticismo, y contrastarla con la mezquindad de los compatriotas que gobiernan su país de origen, que en poco días pasaron de  atacarlo viéndolo como un enemigo a halagarlo al comprobar  la aceptación despertada por sus acciones como  Papa Francisco.

Con una visión muy terrena, fueron muchos los que supusieron que después de los numerosos desaires que la presidente Cristina Fernández había hecho sufrir al ahora Papa, este respondería a su pedido de audiencia posponiéndolo hasta después de haber asumido su cargo y haciéndola pasar frente a él como uno más de las decenas de mandatarios que concurrieron a honrarlo en su  hora de consagración. Olvidaron quienes así pensaban que el reino de Francisco es esencialmente espiritual y que su religión proclama el perdón y el ofrecimiento de la otra mejilla al agravio, antes que la reciprocidad que es propia de las relaciones internacionales. El Papa le brindó a la presidente una magnífica lección de caridad cristiana al recibirla en forma muy especial, invitarla a almorzar y hacerle sentir como que nunca hubo una diferencia. Apenas tuvo el gesto de regalarle un libro que habla de la corrupción, el autoritarismo y muchas otras lacras presentes en la acción de los gobiernos latinoamericanos como el que encabeza la señora presidente. Obviamente ella no se dio por aludida.


La presidente exultante informó del encuentro a la prensa internacional, como es su costumbre, tarde, mal y sin aceptar preguntas. Se perdió en fruslerías tales como que lo había tocado (cosa que vulnera las reglas diplomáticas vaticanas) y aun besado y tuvo el mal tino de hacer público que le había pedido una intercesión por el conflicto de Malvinas, con lo que invalidó cualquier intención que el Papa pudiera tener en tal sentido. Evidentemente convencida de que podía utilizar en su favor la elección de un Papa argentino, a pesar de que recayó en el prelado con quien tenía peor relación, la señora presidente experimentó una súbita conversión y  se transformó de un día a otro en  elogiosa seguidora del hombre a quien los referentes del oficialismo habían agraviado aún después de su elección imputándole delitos y actitudes  inexistentes.

Lamentablemente  no creemos que su conversión sea sincera. Nos basamos en que, ya en la Argentina, inauguró en Castelar, partido de Morón,  un nuevo Centro para la Memoria incompleta de los muchos que pululan en nuestro país  siguiendo la línea de la venganza interminable, disfrazada de justicia que se sigue llevando a cabo contra los acusados de delitos cometidos en la lucha contra la guerrilla terrorista que asoló al país en la década del setenta. Tampoco tuvo piedad con los bonaerenses y  su  gobernador, Daniel Scioli, que sigue sin poder pagar lo que pretenden los maestros y los empleados provinciales y ya ha comenzado un ajuste para poder abonar aumentos de sueldos, ni frenó los embates de la procuradora Gils Carbó contra la Corte Suprema de Justicia. Su conversión apenas sirvió para prometer una audiencia en la que escuchará la posición de los obispos argentinos respecto de los puntos más controversiales del nuevo Código Civil que incluye serios embates contra la institución matrimonial y familiar. Muy poco para ser creíble.


Pero si la presidente puede  al menos argüir que su contacto con el Papa Francisco obró el milagro de su súbita conversión, la actitud de la masa oficialista de funcionarios, de periodistas, de auto denominados intelectuales, de las cabezas de Organizaciones no Gubernamentales y de las Agrupaciones políticas como la Cámpora y Kolina que cambiaron su posición, sus comentarios y sus convicciones, al recibir una directiva presidencial, solo puede ser calificada como bochornosa e hipócrita. Hebe de Bonafini, se permitió argumentar que desconocía la acción pastoral de Bergoglio, tal como pretende desconocer las estafas cometidas en el seno de la Agrupación Madres de Plaza de Mayo en la construcción de viviendas sociales  o los crímenes perpetrados por los jóvenes terroristas a quienes homenajea en cada ocasión posible. El resto ni siquiera dio excusas, simplemente recibieron la orden de halagar y halagan así como antes recibieron la de denigrar y denigraron. Tan solo fue una cuestión de “obediencia debida” a sus jefes y empleadores.

También debemos tomar nota que el Cardenal Bergoglio nunca fue el Jefe de la oposición, como opinaba Néstor Kirchner y menos aún lo será el Papa Francisco que ya anunció que ni siquiera vendrá a la Argentina antes de las elecciones para no interferir en ellas. Es decir que su elección brinda  a la oposición la fortaleza  espiritual de saber que ya no estamos solos, pero que el camino para la victoria electoral y la posterior reconstrucción nacional no tiene atajos ni recibirá ayudas externas. Será, si es, la consecuencia del trabajo serio y los consensos generosos que  deben elaborar los hombres y mujeres que quieran construir una opción argentina  desde la ética y el patriotismo.


¡Y vaya si habrá para reconstruir! La torpeza con que se sigue manejando la economía nos pone cada día ante una nueva crisis. En otra decisión autoritaria, la AFIP  aumentó al 20 por ciento el recargo a las compras con tarjetas de crédito en el extranjero y la extendió a los paquetes turísticos comprados en el país. Como a cada nueva restricción al manejo de divisas, el mercado, que no es ni más ni menos que la suma de miles de voluntades individuales que perciben la realidad sin el filtro del relato, reaccionó con una demanda de dólares que llevó dicha moneda en el ámbito informal a casi 9 pesos para cerrar la semana a 8 pesos con 48 centavos. En el ámbito externo se aproxima el momento en que Argentina tendrá que hacer una oferta a los tenedores de bonos que no entraron en el canje que, si es exitosa, obligará  a una reapertura de dicho canje contradiciendo las bravatas presidenciales y las leyes que se promulgaron para  evitar esta situación.  Si no es exitosa y nos obligan a pagar el ciento por ciento del valor de los bonos, estaremos frente a un drama financiero.  A  esto nos han llevado las malas políticas y la incapacidad negociadora.


También tendremos que solucionar en breve el manejo de Aerolíneas Argentinas que lleva perdidos 3.566 millones de dólares desde julio del 2008 y sigue aumentando su nivel de pérdida mensual sin que el gobierno sea capaz de poner la empresa  en manos de una gestión profesional, que reemplace a la actual gestión que solo acredita el mérito de ser conducida por cuadros políticos de la agrupación oficialista La Cámpora. Y solucionar los problemas del transporte después de años de descuidar el mantenimiento con trágicas consecuencias  y luego ponerlo en manos de un intendente carente de antecedentes profesionales y de un ministro político de profesión contador. Y  recuperar el autoabastecimiento energético y la seguridad y la certidumbre y, en fin, reconstruir  un país agobiado por muchos años de ser gobernado por un grupo que solo piensa en cómo ganar las próximas elecciones y mantenerse en el poder a cualquier costo, careciendo de un verdadero proyecto nacional.


En la contienda política que se avecina, vemos como única nota positiva una creciente intención de las fuerzas de centro y centro derecha, de modificar actitudes personalistas y buscar resolver las candidaturas en una  saludable gran interna, que permita sumar a ganadores y perdedores en un proyecto común. En la escena mundial nos complace observar la excelente recepción que reciben los gestos de humildad y apertura del Papa Francisco, que no están reñidos con el valor que demuestra  a la hora de denunciar las conductas mezquinas y defender los valores cristianos. Su aceptación se ve reforzada porque ha mantenido constancia y coherencia en la defensa de esos valores en su historia de vida. Una demostración más de que la palabra empuja pero el ejemplo arrastra. Quizás ese reconocimiento nos inspire  a una masiva conversión nacional para anotarnos en el campo de los que eligen vivir bajo normas éticas, inspiradas en  sólidos principios  y valores, para bien de nuestra querida Argentina y ejemplo de nuestra juventud.

Un abrazo para todos

Juan Carlos Neves, Presidente de Nueva Unión Ciudadana
Twitter     @NevesJuanCarlos