viernes, 15 de marzo de 2013

LA ELECCIÓN DEL PAPA Y LOS FUNDAMENTOS PARA CONDENAR A LA PANDO



Actividades particulares nos han mantenido alejado de nuestro blog y hemos perdido continuidad con algunos temas, como por ejemplo, la injusta condena a la señora Cecilia Pando por parte del juez Guillermo Morosi, titular del Juzgado en lo Penal, Contravencional y de Faltas de la Ciudad de Buenos Aires N° 13; no hemos manifestado nuestra felicidad porque la elección del Espíritu Santo recayera sobre el ahora Papa Francisco y tampoco hemos podido ayudarlo contra la bajeza del plan para desprestigiar a Su Santidad… el mismo plan que se usó y se utiliza  para detener, juzgar y condenar a los Presos Políticos. En fin son temas demasiado importantes para ponernos al día.


Por ahora solo nos limitaremos, como católicos, a expresar nuestra profunda alegría por la designación del nuevo Papa Francisco. Alegría que palpita en los corazones de la mayoría católica del pueblo argentino y quienes no se sienten representados por la fría carta de cortesía obligada, que debió firmar la presidente.


Francisco pasará a la historia universal por ser el primer Obispo de Roma de origen latinoamericano, es el único argentino que ocupa el máximo cargo de guía espiritual de 1.200 millones de católicos del mundo… ningún natural de estas pampas, se había desempeñado anteriormente en un puesto de tanta responsabilidad y jerarquía internacional. El Papa no necesita ayuda para defenderse de los arteros ataques dirigidos a desprestigiar su persona y la de la iglesia… solo basta con que el señor lo haya elegido para que sea su representante en la tierra.


También felicitamos a nuestra nueva socia la doctora Andrea Palomas Alarcón, quién tuvo la iniciativa de incentivar a muchas personas para que el día que el juez difundiera los fundamentos de la sentencia a la señora Cecilia Pando, se acercaran al tribunal y no la dejarán sola. Esa convocatoria fue de un rotundo éxito y la señora Pando estuvo acompañada por mucha gente  agradecida por su desigual lucha contra la injusticia.


Ahora les dejaremos la nota publicada en el diario El Tribuno de Salta por el profesor Mauricio Ortín, su título lo dice todo.

Sinceramente,

Pacificación Nacional Definitiva
Por una Nueva Década en Paz y para Siempre


HEBE ES ASÍ Y PANDO NO ES ASÍ


MAURICIO ORTIN

La señora Cecilia Pando ha sido condenada a cinco meses de prisión en suspenso y también a cumplir 30 horas mensuales de trabajo comunitario.

Cecilia Pando había sido acusada por manchar los pañuelos de las Madres de Plaza de Mayo que están pintados en cercanías a la Pirámide de Mayo (ella niega categóricamente la acusación). La denuncia había sido presentada en 2009 por el integrante de la agrupación Hijos, Carlos Pisoni, el ahora funcionario K de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación. La prensa, en general, se hizo eco de lo sucedido destacando la militancia en contra de la justicia K de la señora Pando.

Carlos Pisoni

Así, los grandes diarios y agencias argentinas se han referido a ella en similares términos acentuando lo de: “La activista que defiende a los genocidas de la dictadura” (Télam); “la defensora mediática de la dictadura militar” (Infonews); “la activista que reivindica la última dictadura militar y defiende a los represores” (Clarín). Sin embargo, lo obvio e impactante de la noticia es justamente lo que la prensa omitió o no alcanzó a advertir: la discriminación que hacen los jueces con los que desafían el relato K. Porque, si hay algo que repugna al sentido común es la aplicación de la ley haciendo diferencias brutales entre iguales.


Es que, lo sucedido, en el peor de los casos, suponiendo que fuera responsable de lo que se la acusa (ella jura su inocencia), origina un daño insignificante e intrascendente que no merece la aparatosidad de un juicio.

Un grupo de Madres de Plaza de Mayo "tomó" la Catedral. Foto: Aníbal Greco

Si se aplicara la misma vara por, entre otras cosas y como ella misma lo admitió, a saber: haber tomado y pintarrajeado con mensajes ofensivos la Catedral de Buenos Aires y haber hecho sus necesidades atrás del altar; haberse esfumado (léase “chorearon”) de su propia Fundación los 300 millones de pesos de los contribuyentes destinados a casas para los pobres; o haber llamado turros y coimeros a los miembros de Corte Suprema Justicia, ¿qué pena le hubiese correspondido a Hebe de Bonafini? Ah, pero a ella no, a ella se puede y se debe perdonarle todo. Así, el juez de la Corte Suprema Eugenio Zaffaroni, al agravio de “coimero” recibido contestó que “Hebe es Hebe y es querible” y “todos sabemos que Hebe es así, yo no me siento personalmente ofendido”.


Expresiones, vagas si las hay, las de Zaffaroni, que dan lugar a diversas interpretaciones. Por ejemplo, que Hebe es una loca de atar y no hay que prestar atención a las gansadas que excreta” o Hebe dice la verdad y por ello no me siento personalmente ofendido cuando me llama coimero”; o (y vale, también, para ciertos jueces, periodistas y políticos) Hebe es Hebe y puede hacer lo que se le venga en gana y cuando se le dé la gana”. Pando, en cambio, no. Pando, porque es Pando, no es querible.


Más bien, es odiable por demandar justicia y no venganza. Pero, ¿que quién es Pando? Según Wikipedia, Cecilia Pando, el 24 de marzo de 1976 contaba con ocho años de edad y, cuando finalizó la dictadura, recién cumplidos los dieciséis. Inimputable, a los efectos legales. Tampoco tiene antecedente alguno que la ligue a cargo o función alguna de ese gobierno. Distinto es el caso, por nombrar algunos, del diario Clarín, del juez Zaffaroni, del canciller Timerman y de Alicia Kirchner.


De los millones de argentinos que apoyaron o formaron parte de la dictadura, unos cuantos (entre ellos, los mencionados) asumen el rol de implacables jueces de los militares al mismo tiempo que ensalzan y justifican a los terroristas de izquierda. Políticos justicialistas, radicales, socialistas y de casi todos los partidos, así como miembros de gremios, iglesias y medios de difusión, que hoy miran para otro lado, ocuparon embajadas, ministerios, intendencias y secretarías durante la dictadura ; sin embargo, el monstruo de siete cabezas (que por entonces tenía diez años) y enemigo público a condenar y acallar, es “la Pando”.


Lo asombroso en nuestro país es que haya gente que, sin armarse con una buena dosis de Reliverán, a eso le llame “justicia”.


NOTA: Las imágenes y negritas no corresponden a la nota original.