viernes, 22 de marzo de 2013

TÚ ERES PEDRO


Por Andrea Palomas Alarcón

Desde el rostro azorado de Julio Bazán frente al anuncio del primer Papa argentino al día de hoy han pasado miles de años.

O la política argentina que es lo mismo.

Cuando en nuestro ánimo se dibujaba la idea de que este país era inviable y que el único motivo por el que no lo abandonábamos como a un buque al garete eran esos mil quinientos pobres tipos, tomados como rehén de nuestro fracaso… llegó el asombro.


Por culpa, por gratitud, por lealtad no dejábamos esta nave agujereada irse a pique con la Cámpora y sus granujas a bordo porque se llevan a nuestros queridos viejos con ellos, al fondo del mar.

Habría sido un buen momento para empezar una nueva Nación, en otro lado, sin tanto parásito prendido, ni tanto canalla en el gobierno. Sólo nuestros presos nos tenían anclados.

Ya casi ni rezábamos por la Patria a la que creíamos perdida, vencida por un grupo de vándalos que asaltó el Poder: rezábamos por ellos, nuestros rehenes. Pensando que Dios no nos escuchaba porque estábamos en el fin del mundo.


Y entonces un platillo volador de color blanco descendió sobre la Basílica de San Pedro y se hizo de día. No sé muy bien qué cambió pero ahora todo es diferente. Me descubro todo el tiempo con una risa tonta en los labios sin alcanzar a descifrar por qué.

EL PAPA ES ARGENTINO

Lo cascotearon al principio, pensando en medir fuerzas con la Iglesia lo que demuestra una vez más el talento de los que nos vencieron.

Y midiendo fuerzas cedieron al alud y cambiaron de estrategia, una y otra vez, para un lado y el contrario.


Una montaña se les vino encima y no saben cómo, ni cuándo, ni cómo se sale de eso.

Sólo por un basal sentido de supervivencia, el mismo que los orilló a entregar camaradas, esposas, amigos… a poner a los bebés como escudo cuando entraban a buscarlos comenzaron a gritar: “¡VIVA EL PAPA!”


Asistimos atónitos a un viraje deshonroso, degradante. Un enano de jardín llamado Pérsico declarando que “Iglesia somos todos”. Un Barone poniendo cara de monaguillo en el panel de 6,7,8; denunciando solemnemente que la “Corpo” fue la que desató el malentendido: el kirchnerismo fue y será siempre Católico y siempre estuvo al lado de Bergoglio, hasta cuando hacían el Tedeum en Santiago del Estero. Una Presidente azorada, adulándolo torpemente como “un gran cuadro político de la Iglesia”.


Yo no lo quería a Bergoglio. Yo… no ellos. Aquí mi propia culpa y mi propia humillación.

No me voy a sumar a los que siempre estuvieron y lo conocían desde chico, del barrio. Nunca viajé en subte con él y nunca me dio la bendición ni se la pedí. Incluso alguna vez le mandé una carta documento. Contaba impaciente los días para su jubilación.

Pero ante cada espejo me descubro con una sonrisa tonta y me digo que es la felicidad de verlos a “ellos”, tan humillados, tan asustados, tan serviles. Pisoteando todo lo que han proclamado siempre, escupiéndolo. Me digo que sólo por ese placer me alegra que Bergoglio sea Papa.


Pero es más. Hay algo todavía indefinible que sabe a triunfo, a victoria. No es una victoria nuestra porque los argentinos de bien, los que queremos bien a la Patria hicimos todo mal para que esa manga de degenerados se adueñara del país. No es nuestra victoria; nosotros también deberíamos ser humillados pero Dios nos favorece.

Este golpe es difícil de medir pero no cabe ninguna duda, es nuestro golpe aunque no lo asestamos nosotros.

EL PLAN

“Tu eres Pedro” dijo Jesús a su discípulo… Petrus… la piedra… “la piedra angular sobre la que edificaré mi Iglesia”.


Pedro no fue tal vez el más sagaz de sus discípulos, frecuentemente metía la pata y Jesús lo retaba con vehemencia. En alguna ocasión Pedro lo negó tres veces.

Pero Cristo lo eligió y a eso no hay con qué darle.

Que el Cardenal Bergoglio haya sido elegido Papa es un plan que sólo Dios pudo diseñar en nuestro favor. Los que peleábamos ya sin fuerzas por esta Nación diezmada nunca lo hubiéramos ideado mejor.


Este plan de Dios demuestra dos realidades incuestionables.

1) Dios es más inteligente que nosotros.

2) Dios escucha nuestras plegarias.

LA MENTE Y LA FE

Personalmente siempre recé: a veces con esperanza, otras no tanto pero nunca dejé de rezar. Ahora SÉ que Dios escucha. No lo presiento ni lo imagino. LO SÉ. No hay otra explicación.

La mente de Dios nos supera en fuerzas. También la Fe que deposita en nosotros es mayor que la que tenemos en nosotros mismos. La Fe que se esconde hasta en la oración más apagada es la fuerza de Dios en nosotros. La Fe y la esperanza, rebeldes ante cualquier realidad como una planta que florece en la terraza de una casa que le han construido encima.


Que Dios haya elegido al Cardenal Jorge Bergoglio como Papa lo hace su voz sobre la tierra. No hay nada que yo pueda cuestionar desde el fracaso de mi Nación que también es mi fracaso.

Tú eres Pedro.