domingo, 26 de mayo de 2013

INFORME DE AUDIENCIA EN EL VATICANO

La persona que entrevistó al Papa Francisco, es la  hija del señor coronel don Alejandro Duret, dejado en libertad por falta de mérito, en el juicio oral  por hechos ocurridos cuando él padre era teniente recién ascendido, se comprobó que él no había conocido a la víctima motivo del juicio. La Cámara de Casación un año después lo sentenció a 15 años de prisión en Marcos Paz, sin argumentos nuevos en su contra.
                                    




Roma, 16 de mayo de 2013

Queridos hijos y nietos de PPs, PPs, familiares y amigos de PPs:

Esta mañana nos recibió Monseñor Mamberti, Secretario de Relaciones del Vaticano con los Estados. Junto con su secretario, Giuseppe, que tomaba nota atentamente de nuestras palabras. Permanecieron con nosotros cerca de una hora.

Mons. Dominique Mamberti 

Encomendado mi día al Espíritu Santo, después de un apretón de manos a modo de bienvenida, le dije que:

Venía en representación del grupo de Hijos y Nietos de Presos Políticos cuyos padres y abuelos eran juzgados y condenados ilegalmente. Expliqué que se violaba, para ello, la Constitución y las leyes. Por ejemplo, papá había estado en prisión preventiva por 3 años y 7 meses, cuando la ley indica un máximo de 2 años.

Hijos y Nietos de Presos Políticos
Le conté sobre mi preso en particular (que fue absuelto, liberado, condenado en segunda instancia, sin nuevas pruebas y sin darle la posibilidad de defenderse en juicio, y nuevamente apresado tras un sospechoso accidente de los dos jueces que lo absolvieron. Ah! Y que el desaparecido del que lo acusan es amigo reconocido públicamente de Cristina y Néstor).

Lo relacioné con todos los casos de condenados sin pruebas, incluso mencioné el ejemplo de quién estaba de luna de miel el día que ocurría el delito de que lo inculpaban. Hice especial énfasis en el trato inhumano que reciben quienes están enfermos física y psíquicamente, por la edad, debido no sólo a la falta de personal y de insumos, sino también a la falta de voluntad.

Me preguntó por la edad de mi papá y se sorprendió ante mi respuesta: 60. "Entonces tu papá eran muy joven como para tener responsabilidad en..." Le confirmé que tenía 23 años y que habían mucho más también jóvenes como papá.

Le dije que para los presos, en términos de papá, cada segundo eran horas y que esperaban con ansias los días en que nos veía. Le dije que él, por suerte, gozaba de buena salud, pero que había quienes no y que incluso estaban lejos de sus familias y que no contaban con los medios económicos para viajar a visitarlos. Hice como un resumen para que quedara claro lo dolorosa que es nuestra situación.

Le repetí varias veces que necesitábamos que se supiera en el mundo lo que estaba ocurriendo en nuestro país con nosotros. Le pude decir que decir que éramos hijos de militar era mala palabra, que si nuestro papá estaba preso creían que "algo habrá hecho" y que si además sabían que éramos católicos, más puertas se nos cerraban. Por todo esto, nuestro grupo es apolítico y de cualquier religión y llevamos la bandera del dolor de tener a nuestros padres o abuelos presos por procesos ilegales.


Aprovechando la cruz que talló papá para Francisco, le conté que había casi 200 muertos en cautiverio. En la cruz de madera hay talladas tantas rayas como presos hay en el módulo de papá de Marcos Paz, y tantas rayas como muertos de ese mismo módulo. Le manifesté mi especial preocupación por las familias que pierden a sus seres queridos en estas condiciones. ¿Cómo sobrellevan ese dolor? No somos rencorosos, creemos saber canalizar nuestro dolor hacia el bien, y no queremos que otras generaciones señalando a Guillermina, que dibujaba en el papel de Giuseppe sobre la mesita ratona, sufran por nuestro presente.


Le pregunté si estaba al tanto de esto que le contaba. Me dijo que sí y me preguntó, en su trabado español, por qué ayuda espiritual recibíamos. Le conté que en su mayoría, los presos eran católicos y practicantes, pero que no sabía si les dejaban celebrar la Misa en los penales. Que en Marcos Paz, por ejemplo, no. Esto le pareció terrible. Le dije que sabía que los presos se juntaban a rezar el Rosario un vez por día o por semana... yo no estaba segura. Le aclaré que allí estaba el Padre Von Wernich y que tenía prohibido celebrar la Misa.

Le conté que los hijos y nietos nos sentimos postergados en nuestra vida, que vemos que la vida sigue y que no podemos abocarnos a progresar porque en todo momento tenemos presente la injusticia que estamos viviendo. Le conté que, en mi caso particular, me cuesta mucho vivir tratando de olvidar que papá está preso y, a la vez, tratando de no asumir que esto tiene que ser así. Como ejemplo de nuestro esfuerzo, le conté que nosotros hubiésemos querido casarnos estando mi padre en libertad, pero no sabíamos cuándo sería y no quisimos postergar más la formación de una familia. En nuestro caso, papá había recibido permiso de la justicia para entrarme a la iglesia; sin embargo, el ministro del interior dijo "Duret no va" y Duret se quedó vestido en la puerta del penal esperando que lo pasaran a buscar. Mi marido, mientras retenía a Guillermina que quería desarmar la orquídea del arreglo floral, acotó "es un claro ejemplo de que el poder político está por encima del poder judicial".

Le mostré la tapa de nuestro compilado de fotos y narraciones. La hicimos con pétalos del rosal de Marcos Paz. Le conté mi experiencia al ver cuánto necesitaban desahogarse los que escribieron. Por su sonrisa, entendí que le gustó el proyecto que realizamos. (¿Parece que le abrí los regalos casi como Kristina!?)

Se sorprendió al saber que las organizaciones de ddhh, igual que los querellantes, reciben dinero por cada condenado. Lo comparamos con nuestra experiencia en EUA, donde supimos que los defensores de ddhh lo hacen ad-honorem, porque creen en lo que hacen. Allí fue cuando reiteré que necesitamos que se sepa la verdad, como decimos nosotros, de la milanesa. Se rió por la expresión y hasta ¡creo que le dio hambre!


Llegué a decirle que el presidente de la suprema se expidió diciendo que los llamados delitos de lesa humanidad eran una cuestión de estado, con lo cual no hay defensa que valga para quienes estaban involucrados en estas causas.

Le pedí su opinión y su consejo, porque no sabemos qué hacer. Me respondió dos cosas: “que sigamos asistiendo a los presos y que contamos con sus oraciones y las del Santo Padre, ya que fue él quien le pidió especialmente que nos recibiera”. (Les cuento que el miércoles la Basílica de San Pedro estuvo cerrada todo el día porque había reunión de cardenales... A raíz de este comentario de Monseñor,  estimo que el Papa hubiera querido recibirnos, pero tenía la agenda completa para estos tres días).

Por último, le cedió la palabra a su asistente. Enseguida preguntó si habíamos intentado organizar una mesa de diálogo para lograr una conciliación. Fuimos lo más breves posibles: cómo hacemos para negociar sino tenemos nada para darles a cambio, cómo hacemos para conciliar si la otra parte no tiene voluntad para hacerlo, cómo vamos a conciliar con gente que escribe las paredes con "ni perdón... Juicio y castigo". Asintió. Le dije que mi sueño era que  surgiera la reconciliación de la otra parte, pero que se necesita un milagro. Nos sugirió la intervención de un organismo neutro. Le dije "buena idea!"

En algún momentito llegué a decirle también que no sabía si lo que hacíamos servía para algo... incluso llegar a molestarlos a ellos, que agradecíamos un montón todo este tiempo y la mera aceptación de recibirnos, y que es que en nuestro país nos sentimos atrapados y necesitamos que se sepa lo que nos pasa y que no encontramos soluciones, por eso acudimos a ellos.

Sacamos una fotito con Monseñor, le dije que era para enviar a todos los que estaban rezando por nuestro encuentro, que eran muchos. nos dio un apretón de manos y le dejamos un abrazo a Francisco. Giuseppe nos acompañó hasta el hall de recepción y nos despedimos hasta prontito.

Quedé en enviarle por email un estado de situación de la asistencia religiosa que reciben nuestros presos. Además de lo ya previsto, le entregué una pilita de estampitas con la imagen del Cristo de los PPs de la capilla de M.Paz, módulo IV. Se las había mostrado como prueba de que nuestros presos son católicos y tienen fe.


Hasta aquí, el informe "formal". Además, les cuento que el día anterior, justo cuando le dije a Santi que no sabía si servía para algo todo esa movida, me cagó un pajarito en el brazo... Al día siguiente, después de la audiencia, ya a la tardecita en la Fontana di Trevi... Hizo lo propio una gaviota! ¡En abundancia y en mi hombro! Eso me devolvió la fe.

Lía Duret y flia.