martes, 28 de mayo de 2013

ON WAR

On War es el título, traducido al inglés, de un famoso libro escrito por el General Prusiano Karl Von Clausewitz acerca del fenómeno “de la guerra” (título en español). A lo largo de ocho tomos, Clausewitz analiza  cuestiones filosóficas  y prácticas de la guerra con una profundidad que ha hecho que su obra perdure y sea aun estudiada en las academias militares a pesar de que el autor falleciera en el año 1839.


Una de las ideas fuerza de Clausewitz, es la que expresa  que las naciones y sus líderes persiguen objetivos políticos y que la guerra no es más  que la continuación de la política por otros medios  o, dicho en otras palabras, considera a la guerra como un  instrumento más  de la política. Si bien esta idea reconoce la preeminencia de la política sobre la guerra, resulta perturbadora la crudeza en su aceptación del uso de la violencia en las relaciones humanas,  que refleja en forma realista el pensamiento de la época en que vivió el autor y que aflora  aun en nuestros días a pesar de la evolución experimentada desde la creación de las Naciones Unidas.


El lenguaje también ha evolucionado y el término guerra es a menudo reemplazado por la noción de “conflicto”, en cuyo desarrollo puede existir una “fase armada” en que se emplea la violencia en forma controlada o limitada.  El grupo que hoy gobierna la Argentina, encabezado en su momento por Néstor Kirchner  y actualmente por su esposa Cristina Fernández, se identifica ideológicamente con quienes en la década del setenta buscaron alcanzar sus objetivos políticos mediante el uso de la fuerza y que ahora han logrado alcanzar el poder por medio de los votos, dentro  de las reglas de juego impuesta por una Constitución de corte democrático, republicano y federal. Pero su  naturaleza parece no haberse modificado ya que ha incorporado el conflicto como instrumento para aumentar y prolongar el espacio de poder que le permite la Constitución que juraron defender y con esa metodología van avasallando a los otros poderes formales y a otras  estructuras institucionales que conforman el entramado social de la república.


A diferencia del régimen venezolano, que ha expresado claramente y en forma documental su aspiración de llevar a su país  de un sistema capitalista  a uno socialista, el oficialismo argentino nunca ha presentado un modelo ideológico coherente y ha hablado sucesivamente de “transversalidad”, recuperación del peronismo y ahora de una “revolución” que no reivindica otros valores que su permanencia en el poder, acomodando programas, ideas y discursos  a las necesidades electorales propias de un gobierno populista. Los dirigentes y funcionarios más encumbrados, al cabo de una década de buena vida, ostentan situaciones patrimoniales extraordinarias y aplauden los discursos presidenciales cualesquiera sean sus vaivenes y contradicciones. Lamentablemente, estos últimos discursos están reivindicando dos de las ideas centrales de Clausewitz, la del conflicto como una mera etapa en la persecución del objetivo político y la de la obtención de la victoria quebrando la voluntad de lucha del oponente.


De ese modo podemos interpretar el llamado presidencial efectuado esta semana para “utilizar la fuerza de los movimientos políticos, sociales, juveniles para desplegarlos en todo el territorio” a fin de  perseguir desde  las góndolas de los supermercados a los comerciantes desleales  que, según ella, generan la inflación y controlar de ese modo el mantenimiento de precio de los 500 productos de la canasta familiar que permanecerán “congelados”. Para operacionalizar este concepto, el diputado Andrés Larroque, Jefe de la agrupación La Cámpora,  llamó a “los militantes”  a  organizarse, no sin dejar de denunciar, según es costumbre, la existencia de un “movimiento destituyente”. Aclaró, sin necesidad, que “no hay que tenerle miedo a la gente organizada porque no son monstruos”.


Ciertamente, el temor que pudiere existir no responde a la capacidad potencial de las multitudes de devenir en la monstruosidad, sino en las connotaciones dictatoriales que tiene el reemplazar a los organismos de control del Estado por grupos ideológicos organizados para operar como vigilantes, a cuenta de quienes los contraten o impulsen  para operar en forma autónoma e incontrolable.

El gobierno se siente en guerra e imagina enemigos allí adonde solo hay oponentes políticos, visualiza maniobras destituyentes  en cada crítica u oposición a sus designios y organiza a su tropa de militantes bajo la consigna de que hay que “empoderar al pueblo” como manifestó la señora presidente en el mensaje lanzado en la festividad del 25 de Mayo. Curioso festejo del Día de la Patria en que se utilizaron como ya es costumbre ver, los medios del Estado y la festividad patria como excusa para llenar la plaza de Mayo de militantes  traídos en ómnibus rentados y armar un show artístico que finaliza, invariablemente, con la presidente lanzando arengas políticas  y exaltando los  supuestos  logros acumulados en diez años de confusión. Como en todo conflicto, se identifica a los enemigos que en este caso son los grandes monopolios  y los empresarios responsables de la inflación, los “difamadores” que aparentemente serían los que denuncian los inocultables casos de corrupción y los que quieren arrebatar al pueblo las reformas y conquistas que, supuestamente, lo sumen en la felicidad.


Hartos estamos por cierto de escuchar esta retórica vacía,  alejada de toda evidencia y carente de algún criterio de verdad. Si vamos a los números, aun los que presentan las agencias estatales, tomamos conocimiento de que en lo que va del año el Banco Central ha perdido el diez por ciento de las reservas, que el saldo de la balanza comercial ha disminuido impulsado por el aumento irrefrenable de las importaciones de energía y que se ha incrementado la desocupación como signo inequívoco de la falta de dinamismo de la economía. La escasez de divisas llevó a una nueva restricción para los particulares, esta vez con la disminución del monto autorizado de extracción con tarjetas de crédito en los cajeros en el  extranjero, lo que sumado a la negativa del Estado a vender dólares a precio oficial,  empuja al mercado informal   a quien quiera viajar y no tiene ahorros en moneda extranjera.


Pero hay lugares en que las divisas no solo no escasean sino que desbordan y esas parecen ser las bóvedas de los empresarios amigos del poder y de los miembros del poder mismo. Las denuncias que se suceden semana a semana comienzan a llegar a los estrados judiciales a pesar de la morosidad de algunos jueces que realizan maniobras dilatorias y que tratan de sacarse de encima las causas de corrupción como si quemaran en sus despachos. En la punta de la embestida iniciada a partir de las denuncias del programa del periodista Jorge Lanata se han ubicado un par de fiscales, Marijuan y Campagnoli, que parecen decididos a no dar tregua. Esta semana el fiscal José María Campagnoli abrió un nuevo frente al pedir que Lázaro Báez sea indagado por la presunta extorsión y amenaza al financista Federico Elaskar para quedarse con su empresa, desde la que se habría lavado dinero proveniente de la corrupción. Báez ha intentado mejorar su imagen invitando al periodismo a visitar alguna de sus posesiones pero solo consiguió incrementar las sospechas de que las famosas bóvedas en que se guardaría dinero mal habido fueron desarmadas, lo que estaría registrado en un conjunto de fotos que  un testigo facilitó para su presentación en la causa.

La reacción del gobierno ha sido por demás insólita. Sin pudor ha trasladado el horario de los partidos que disputan River y Boca, los equipos de fútbol con más seguidores,  al horario de 21.30 horas, lo que es absolutamente negativo tanto para el desempeño de los deportistas como para el público asistente, con la expresa finalidad de restar audiencia al programa Periodismo Para Todos  de Jorge Lanata, desde el que se han formulado las más duras denuncias. Esta burda acción, sumada a la media sanción otorgada el miércoles en el  Senado a la ley de blanqueo de capitales en moneda extranjera que abre las puertas al lavado de fondos mal habidos, demuestra palmariamente que el gobierno no tiene intención alguna de contribuir a las investigaciones  y que, por el contrario, tiene una actitud  sumamente sospechosa al respecto. Para abundar en esta sospecha el citado fiscal Campagnoli ha denunciado a la AFIP,  la Inspección General de Justicia y la Dirección de Migraciones de retacearle la información que había solicitado vinculada a las empresas de Lázaro Baez.


Lejos de cualquier especulación ideológica y de cualquier intento destituyente, de lo que se trata aquí es de terminar con la red de corrupción que enriquece a los vinculados al poder  y que destruye las bases morales de la nación, al tiempo que se deterioran su  activos físicos  con consecuencias fatídicas para las víctimas de la desidia y la deshonestidad enquistada en los más alto del poder.

El General K (me refiero a Karl Von Clausewitz) acertaba al decir que para vencer al oponente hay que quebrar su voluntad de lucha. Afortunadamente, lo que vemos cotidianamente  es que a pesar de la presión con que el gobierno empuja al conflicto y provoca temor en los que especulan hasta donde estará dispuesto a llegar, cada día la voluntad de cambio se acrecienta en la ciudadanía. Vemos  que hay un inexpugnable  grupo de periodistas independientes que no se dejan comprar ni amedrentar, que aparecen fiscales con honor y valor dispuestos a investigar y que el día que aparezcan las urnas seremos muchísimos los ciudadanos dispuestos a no dejar que su voluntad democrática sea negada o tergiversada a través del fraude  o de maniobras oscuras. Tengo fe en que la República se salvará una vez más, a través del ejercicio democrático, cualesquiera sean los obstáculos que planteen los que quieren cambiar las reglas de juego en su beneficio a través de la provocación y el conflicto.

Un abrazo para todos y Feliz Día de la Patria.

Juan Carlos Neves, Presidente de Nueva Unión Ciudadana.

Twitter     @NevesJuanCarlos 

NOTA: Las imágenes y negritas no corresponden a la nota original.