miércoles, 17 de julio de 2013

EN 15 AÑOS NADIE SE ACORDARÁ DEL KIRCHNERISMO

Por Rodrigo Duarte rduarte@infobae.com

Vicente Massot habló con Infobae acerca de su nuevo libro sobre los 70, la influencia de Jorge Lanata en las próximas elecciones y el futuro del relato oficial. "El legado de esta década es la oportunidad perdida", dijo

Crédito foto: Charly Díaz Azcué
Vicente Massot, autor, politólogo y director del histórico diario bahiense La Nueva Provincia, afirmó que en "15 años nadie se va a acordar del kirchnerismo" y manifestó estar convencido que no habrá otra re-elección para la presidente Cristina Kirchner, aunque agregó que "convencer" a los oficialistas que en el 2015 se tendrán que volver al llano será "una tarea difícil".

De esta manera, Massot se une al coro de voces que habla del fin de ciclo kirchnerista y rebaja su legado -lejos de la "década ganada fundacional"- al de apenas otro ciclo más del peronismo, como lo fue el ahora vilipendiado menemismo, gestión de la que formó parte ocupando el cargo de viceministro de Defensa.

En diálogo con Infobae, Vicente Massot habló de estos temas así como también del futuro político del intendente de Tigre Sergio Massa, las denuncias del programa de Jorge Lanatay también acerca de su más reciente libro, El cielo por asalto: ERP, Montoneros y las razones de la lucha armada, donde analiza los errores tácticos y políticos de las agrupaciones guerrilleras revolucionarias.

-El cielo por asalto es uno de los muchos ensayos que han aparecido recientemente acerca de la violencia política en los años 70. ¿Por qué cree que continúa estando en el centro del debate intelectual aquella época?

-La década del 70 del pasado siglo creo que es la década a estudiar y suscita todo tipo de controversias porque en definitiva es cuando se desarrolla la última guerra civil de la Argentina. Lo que sucedió en los 70 fue una guerra de características civiles. Esa es la razón por la cual tiene tal ascendiente sobre todos y al mismo tiempo es tan polémica.

-Su libro va orgullosamente a contramano del relato hegemónico sobre la lucha armada en la Argentina. ¿Cuál es en su opinión la mayor confusión o el mayor malentendido sobre ese período?

-Ha habido respecto de la época, en su interpretación, en la forma en la que ha llegado, incluso a gente que no la conoció, distintas etapas.  Comenzó con la idea de que había un demonio, que era la subversión armada, y un ángel, que era el Estado, o los que defendían en ese momento el Estado argentino, por llamarlo de alguna manera.  Después, esta idea se transformó en la teoría de los dos demonios. No había habido un ángel y un demonio, habían sido dos demonios. Y hoy terminamos en una tercera etapa, en donde los que hace 40 años eran los ángeles, los militares,  son los demonios, y quienes eran los demonios, pasaron a ser los ángeles. Son interpretaciones muy distintas, tres relatos muy distintos. Hoy el que prima, motorizado por el gobierno, es este último.

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-Usted escribió famosamente que el gobierno militar obtuvo un triunfo político pero una derrota cultural a largo plazo. ¿Podría ahondar en esa idea?

-El gobierno militar tuvo un triunfo en el campo de batalla que nadie puede dudar, obviamente aniquiló al enemigo que se había propuesto desafiarlo. Pero al mismo tiempo, andando los años, y eso explica la situación en la que están los militares hoy respecto a los sobrevivientes de las organizaciones armadas de izquierda, aquella derrota en el campo militar trasmutó en una derrota en el campo cultural. Es decir, ganaron la batalla de las armas, perdieron la batalla no de las ideas, porque cualquiera diría que el marxismo terminó en un fracaso, pero la explicación que dieron en aquel momento las organizaciones armadas vista hoy es una interpretación que es la que ha primado. Los militares no entendieron en última instancia la naturaleza de la guerra. Parece mentira que esto haya sucedido, pero es uno de los elementos que explican por qué están hoy los militares presos, y son ellos los principales responsables para buena parte de la sociedad de lo que sucedió en aquellos años. No se dieron cuenta de la dimensión cultural de la guerra, y la perdieron.

-Según su análisis, los miembros de Montoneros pecaron de ingenuos al pensar que se podía replicar una revolución cubana en la Argentina, y que Perón formaría parte de tal aventura. ¿Qué los llevó a realizar una lectura tan equivocada de la realidad?

-Hoy suena a una desmesura, pero hace 40 años, cientos de miles de personas creyeron posible en ese momento que con el concurso de las armas asaltarían el Estado, llegarían al poder. Hoy parece disparatado, en aquel momento no lo parecía, y la verdad es que si ellos querían imponer el socialismo revolucionario no tenían otro camino fuera de las armas. ¿Cuáles fueron los principales errores? De las cinco razones que yo encuentro para explicar los motivos por los cuales creyeron en la lucha armada, hay dos que sobresalen, y hay un error en especial que me parece a la larga resultó catastrófico. Un error es haber creído que Cuba era la norma para la revolución en América Latina, cuando había sido la excepción. Nadie fue capaz de reproducir Cuba a lo largo y ancho del continente latinoamericano.

Y la segunda equivocación fue haber subestimado de tal manera a sus enemigos. Primero a la derecha peronista, a López Rega concretamente, en el caso de Montoneros y del ERP. Ellos se quedaron con la idea del brujo, y el brujo los pasó por encima. Y lo otro fue haber creído en la idea guevarista de que las Fuerzas Armadas argentinas eran mercenarias, pretorianas, que a la primera de cambio iban a tirar las armas, retroceder y se iban a entregar. Bueno, nada de eso sucedió, ni en la Argentina, ni en otro lugar.

-Quería saber si pudo leer el libro del ex combatiente montonero Héctor Leis que acaba de ser publicado, Un testamento de los años 70, que es una suerte de mea culpa de las organizaciones guerrilleras

-Sí, lo leí, muy bueno

-En un pasaje del libro,  Leis asegura que la Argentina se condena a no tener futuro si busca su fuente de inspiración en los muertos. ¿Coincide con esa afirmación? ¿Cree que el país podrá avanzar hacia un proceso de reconciliación?

-Respecto de si la Argentina va a ser capaz de dar vuelta la página, sin olvidar ser capaz de perdonar y no buscar en esos muertos una razón para continuar antagonismos que ya cesaron en el tiempo, no estoy en condiciones de decirlo. Han pasado cuatro décadas y la virulencia con la que se ataca a uno u otro bando, virulencia verbal, virulencia en términos del discurso, pero que tiene consecuencias graves. Hay una cantidad de militares presos de un lado, muchos han muerto en prisión, y del otro lado nadie los juzga. De modo tal que es curioso, uno supondría que los años atemperan las pasiones, pero en Argentina una vez más resulta lo contrario, que los años han incentivado las pasiones. Afortunadamente ya no nos matamos, nadie desenfunda las armas para dirimir supremacías, pero todavía los discursos siguen siendo muy beligerantes y sigue habiendo mucho odio, lamentablemente.

-Quisiera que hablemos un poco de actualidad. ¿Cómo llega el kirchnerismo a octubre?

-Las elecciones legislativas de octubre próximo son decisivas por una sola razón: se juega la re-reelección o no de Cristina Fernández. Generalmente las elecciones legislativas tienen una importancia determinada, pero nunca son estratégicas, nunca tienen un carácter decisivo como sí van a tener estas. Y eso es por la razón que dije antes y por el hecho de que Cristina Fernández no tiene un delfín. Es decir, si ella no pudiese ser (candidata), no tiene un delfín en condiciones de ganar. Si no hay re-re y no hay delfín, el kirchnerismo se acaba en el 2015.

Para un movimiento como el kirchnerista que está vaciado en una matriz hegemónica, que cree que es refundacional, que supone que Néstor Kirchner es tan importante como San Martín, que se considera a sí mismo como un antes y un después en la historia argentina, convencerlo de que en el 2015 se van a ir todos a la casa, es tarea bien difícil. De modo tal que yo creo que si a mí me dijesen cuál es la pregunta más importante para hacerse como analista político, no diría si hay o no hay re-re, creo que no la va a haber, diría qué es lo que va a hacer una persona como Cristina Fernández cuando se dé cuenta que no tiene re-re. Que no hay vida política en términos de poder hegemónico después del 2015.

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-¿Y usted qué piensa que Cristina podría hacer?

-Creo que allí hay cuatro escenarios posibles, partiendo de la base de que Cristina Fernández no tenga re-re. Uno es el helicóptero de De la Rúa. Pero Cristina tiene un carácter que la diferencia claramente de De la Rúa, no lo veo por ese lado. El segundo escenario es, para utilizar una figura bíblica, muere Sansón pero mueren los filisteos. Es decir, que esté dispuesta a quemar la Argentina. Me parece que es un exceso, una demasía, lo descarto también.

Lo que no descartaría es una renuncia a lo Getulio Vargas. Que un día nos encontremos en la cadena de radio y televisión y diga “No me dejan gobernar las fuerzas oscuras, el antipueblo, la oligarquía” y entonces presento mi renuncia.

Y está por supuesto el otro escenario,  y es que termine con menos poder, en octubre del 2015. De todos los escenarios, este último es el más probable, pero eso va a depender de la dimensión que tenga su triunfo o su derrota en las elecciones de octubre.

-En el último tiempo,  debido a la combinación de una economía endeble y  las denuncias de corrupción del programa de Lanata, se dice que el kirchnerismo está debilitado y que sus perspectivas electorales son malas. ¿Usted comparte este diagnóstico?

-Bueno, la verdad es que a simple pluralidad de sufragios, el Frente para la Victoria va a seguir siendo el partido más votado de la Argentina después de las elecciones de octubre. El tema es que ese no es el parámetro para medir dentro de 6 meses si ganaron o perdieron. El único parámetro es el dominio de las cámaras y sobre todo, qué tan cerca o lejos estén de los dos tercios necesarios para reformar la Constitución.

Con respecto a Lanata, la influencia que tiene su programa es algo que no lo he visto analizado con el detenimiento y el rigor que se merece el fenómeno. ¿Cuántos suponíamos que los kirchneristas eran una banda de ladrones? ¿Quiénes eran los que estaban convencidos  de que este es el gobierno más corrupto de la historia? Doscientas, trescientas, cuatrocientas mil personas que les interesa la política, que leen los artículos, que investigan. Pero lo que hace Lanata es poner el tema de la corrupción kirchnerista frente a millones de personas. (…) Hoy es un tema de conversación en todos lados,  hoy todo el mundo habla de la secretaria, los cheques, Panamá. Desde ese lugar me parece que la influencia de Lanata en el próximo resultado de las elecciones es decisiva.

-¿Piensa que el relato épico kirchnerista podrá sobrevivir a estas nuevas revelaciones que conmocionaron a la sociedad?

-Es difícil evaluarlo, ciertamente la idea del panteón kirchnerista sobreviviendo al poder kirchnerista no resiste análisis. Hay que tomarse el trabajo de ver la historia con la perspectiva que nos dan los años. El peronismo ha estado lleno de sectas, y no lo digo en sentido peyorativo.  Recordemos la importancia que tuvo el vandorismo en la década del 60. ¿Qué quedó del vandorismo dentro del peronismo? Nada. Situémonos en los 90. Todos imaginaban que Menem era un antes y después. ¿Qué queda del menemismo? Nada. Se entiende que un movimiento o una secta justicialista que ha concentrado tamaño poder y ha sabido ejercer el poder, hoy hayan construido un relato, montado una escenografía, en donde Néstor Kirchner es casi tan importante como Belgrano o Mariano Moreno, y sueñen longevidades. Ahora, en 15 años yo apostaría doble contra sencillo, a semejanza de lo que sucedió con el menemismo, que del kirchnerismo no se acuerda nadie.

-¿Cuál va a ser el legado del kirchnerismo?

-No sé en lo inmediato, pero en el mediano plazo, en términos de un análisis serio del punto de vista histórico, lo que va a quedar del kirchnerismo es que tuvo la mejor oportunidad, por los precios internacionales, la situación mundial, y la desaprovechó. Piense usted que la soja le significó al país en los años de presidencia de Néstor Kirchner un ingreso de 10 mil millones de dólares anuales. A Cristina Fernández, US$ 15 mil millones. ¿Dónde fue esa plata? La década pérdida, no me cabe ninguna duda, es el kirchnerismo.

Después del crecimiento de 10 años y de tener estos ingresos, el 50% de los argentinos sigue sin tener cloaca. Yo invito a que veamos los hospitales, las rutas, los juzgados. La verdad, es una vergüenza. Me parece que es simple decir “se lo robaron todo”. No supieron administrar la riqueza, me parece que eso va a quedar, la oportunidad perdida.

-¿Y qué viene ahora? ¿Por qué lado vendría la renovación?

-En términos de los personajes que están en danza, me parece que Sergio Massa de lejos hoy es el político con más futuro en la Argentina. Este es un país que se traga famas, glorias, nombres, en cuestión de segundos. Si yo tuviese que hacer un análisis de lo que puede pasar de aquí a octubre, lo que querría saber es qué va a hacer Sergio Massa. Sergio Massa hoy tiene la llave para labrar un acta de defunción definitiva al kirchnerismo si juega o no en la provincia de Buenos Aires. Porque si el kirchnerismo llega a perder frente a Massa por quince o veinte puntos en la provincia de Buenos Aires, el poder de Cristina se licúa en cuestión de horas. Distinto es si no juega. Pero de todas maneras tiene, salvo algún imponderable, un futuro asegurado muy importante.

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Como dice algún peronista, tiene una cedula de identidad insolente, 40 años. Es el intendente de un municipio modelo, que no depende del unitarismo fiscal, por lo tanto no es rehén del Tesoro Nacional. Y ha logrado forjarse una imagen que está en el puesto número uno, superior en imagen positiva a la de (Daniel) Scioli, y una intención de voto en la provincia de Buenos Aires que lo coloca primero. Sergio Massa hoy se perfila como el candidato probable a la Presidencia de la Nación en el 2015.

-¿Y en dónde queda Scioli?

-Lo de Scioli es una incógnita. Es alguien que sigue teniendo imagen alta, pero tiene a mi juicio dos problemas graves. Primero, en cualquier momento la gente lo descubre, en términos de cierto carácter pusilánime, porque uno no puede tolerar en silencio agravios, insultos, menoscabos, como los que le ha propinado el kirchnerismo,  y suponer que eso la gente lo va a dejar de lado y va a decir “qué bueno es Scioli”.


Lo segundo es que está condenado a depender del unitarismo fiscal por los próximos dos años, al ser gobernador hasta el 2015. No tiene plata para pagar los aguinaldos, no tiene plata para pagar aumentos de salarios docentes. Está en una situación en donde es un preso del poder central, por eso es difícil imaginar que pueda salir incólume a dos años, y sobre todo teniendo como competencia a un tipo que está en las antípodas, como Massa.