lunes, 15 de julio de 2013

LA CREDIBILIDAD EN CRISIS

Queridos amigos:

El 9 de Julio, mientras la señora presidente desnaturalizaba una vez más el festejo de una fiesta patria transformándolo en un acto político y una tribuna de agravio público  a la justicia,  los medios, los empresarios, el  campo y tantos más, todo a cargo del Estado que paga la cuenta con nuestros fondos tributarios, el resto de los contendientes opositores tratamos de que nuestras limitadas  voces pudieran ser escuchadas.


En mi caso, en esa misma tarde compartí una austera rueda de prensa, regada con pastelitos y chocolate bien criollo, con Gerónimo Venegas, el primer candidato de nuestra lista de UNIÓN CON FE en la Provincia de Buenos Aires.  Aunque los políticos tradicionales suelen mantener al personal de origen militar bien alejado de los lugares visibles de sus listas (no obstante lo cual están siempre ávidos de conseguir el numeroso voto de la familia militar) no solo estoy situado en un expectante cuarto lugar sino que se me acercó el micrófono y pude expresar sin condicionamientos mi pensamiento, incluyendo mi convicción de que los juicios a los militares ya se han alejado de toda pretensión de justicia para instalarse en el campo de la persecución y la venganza, entre otros conceptos que hacen a la construcción y el futuro nacional.


Cierto es que los medios presentes no registraron  estas frases  y que una candidata manifestó un punto de vista  diferente, pero eso no hizo más que valorizar el ambiente de apertura intelectual y voluntad de debate que existe en el espacio.  Venegas tiene, respecto de otros candidatos de la oposición, la enorme ventaja de que no ha tenido que cambiar su discurso, férreamente opositor y claramente condenatorio a las prácticas corruptas del actual gobierno que ya pretendió acallarlo y encarcelarlo. Es quizás uno de  los pocos candidatos que dispone de un margen de credibilidad, en medio de una sociedad y una dirigencia política en que ese valor está en crisis.


El lunes de esta misma semana Sergio Massa, el candidato que encabeza las encuestas en la Provincia de Buenos Aires, tuvo que prometer que cada  integrante de su lista firmaría el sábado en Mar del Plata, ante  escribano público, su renuncia al cargo de diputado si habilitara el tratamiento de la reforma constitucional o de la reelección indefinida. Esta actitud evidencia que el actual Intendente de Tigre percibe el grado de desconfianza del electorado hacia su verdadera intención política y su calidad de opositor sincero. De todos modos las dudas persisten y cabe acotar que finalmente la mencionada promesa de firma no se concretó en la fecha anunciada.


En lo que respecta al gobierno, la crisis de credibilidad ya no tiene remedio a punto tal que todo  su discurso tiene un tono casi de parodia de lo que se entiende por  un mensaje político serio. La presidente abusa de la vulgaridad en el lenguaje diciendo a los empresarios que ahora “juntarán la plata con cuchara sopera” en vez de “hacerlo con pala”, se olvida de su rol institucional al pedir que no le hablen de inseguridad  si antes  no le hablan de reforma judicial y salpica de comentarios desaforados tanto a sus supuestos enemigos internos como externos.


En el lapso  de cinco días y en situaciones tan dispares como una entrega de computadoras portátiles  en Pilar, la distribución de fondos a intendentes afines de la primera sección electoral o la apertura de Tecnópolis, la presidente mostró y mencionó a su primer candidato en la Provincia de Buenos Aires quien, como Intendente de Lomas de Zamora, nada tenía que ver con los hechos que motivaban la reunión. Dado que dos de esos actos fueron incluso anteriores a la fecha de inicio de campaña, el abuso de los medios del Estado y la ignorancia de las limitaciones que impone la ley electoral han pasado a ser tan frecuentes y desembozados que ya ni siquiera se levantan las voces que deberían señalarlo y más aún, punirlo. Como a pesar de toda esta discrecionalidad, el hartazgo del electorado puede llevar al gobierno a la derrota, nos queda la preocupación adicional de que estas prácticas inaceptables no sienten un indeseado precedente a futuro.


Fuera del ámbito de la política pero sin ignorar sus tiempos, la justicia ha comenzado lentamente a tratar de recuperar su olvidada credibilidad. Luego del firme fallo de la Corte contra las reforma al Consejo de la Magistratura, en la semana que pasó se registró el paso del Secretario de Comercio Guillermo Moreno por tribunales, para comenzar a explicar uno de sus  muchos abusos de autoridad (la multa a las consultoras que medían inflación)  y el resonante pedido de captura al ex Secretario de Transporte Ricardo Jaime, acusado de malversación.  El número de denuncias por hechos de corrupción es muy alto y aunque nada puede afirmarse hasta que la justicia se haya decidido a actuar seriamente sobre ellas, la ostentación harto visible de riqueza  y la velocidad con que se han generado e incrementado las fortunas declaradas, llevan a pensar que los juicios fluirán en cascada cuando se debilite la protección que da el poder a los funcionarios y a sus empresarios afines. En una república sana y digna, la persecución de la corrupción no debería estar ligada a los avatares políticos. Evidentemente  estamos lejos de esa condición  y así lo percibe nuestra sociedad, que en la encuesta realizada por Transparencia Internacional ha opinado con un abrumador 72 por ciento que la corrupción en la Argentina ha aumentado en los últimos dos años, lo que nos ubica en un vergonzoso primer lugar entre nuestros pares de América.


En el ámbito económico, la credibilidad se ha perdido hace ya tiempo, tanto en el frente interno como en el externo. Cada vez que se enuncia el índice de precios del INDEC, que esta vez resultó menos de la mitad del medido por las consultoras privadas, y que es presentado al público por  el Congreso para protegerlas de sanciones, es una nueva cachetada para la credibilidad de nuestro país y para el sentido común del ciudadano. Ni qué hablar de las burdas maniobras como vender el diez por ciento del pan producido a un valor de 10 pesos  o mantener 500 productos por debajo de su valor de mercado para tener una referencia que permita justificar los índices  oficiales. El gobierno solo se engaña a sí mismo pero lo hace a un costo cada vez mayor.


Por su parte, los gremialistas se dejan engañar cada vez menos  y han unido quejas bajo la bandera de la oposición al desorbitado impuesto a las ganancias,  que a fuerza de mantener desactualizado el mínimo no imponible se ha transformado en el más crudo impuesto al trabajo y al esfuerzo laboral, en beneficio de una ineficaz burocracia estatal que brinda malos servicios y pierde sus fondos en subsidios  mal distribuidos y peor administrados. El líder de los camioneros, Hugo Moyano, no solo encabezó un paro nacional de su gremio por esa causa sino que con la misma lógica con que en el año 2011, incursionando en la política partidaria, pidió el voto para el gobierno ahora pidió lo contrario.


No es fácil para el gobierno contemplar cómo cada día un viejo aliado se aparta y un servil subordinado se rebela. A fuerza de repartir dinero devaluado y de vaciar cajas, aun consigue retener una considerable masa de intendentes y gobernadores pero con una merma visible respecto de sus épocas de esplendor. Sorprende la presidente en Santa Cruz diciendo que se siente vieja y cansada y que hay que dejar el lugar  a los jóvenes. También parece aceptar que el gobernador Urribarri exprese su voluntad de ser designado sucesor  o que Daniel Scioli, luego de una inesperada declaración de fidelidad al modelo, vuelva a expresar  su vocación presidencial. Pero en el fondo nadie cree  en la sinceridad de estas expresiones presidenciales que suenan a una desesperada táctica política diseñada para tratar de conmover, seducir y engañar una vez más a un electorado que ya parece haber aprendido la lección.

De todas las crisis políticas  que nos afectan quizás la más profunda sea la de credibilidad porque sin un mínimo de confianza en la palabra, las promesas y los datos oficiales, la vida en una comunidad organizada se torna casi imposible. Con mucha sorna y picardía me decía un periodista y amigo que la mejor forma de promocionar hoy a un político era usando una fórmula que se usa en los avisos de venta de autos, cuando se agrega como factor de confianza la frase “nunca taxi”. Nosotros tenemos que decir “candidatos nunca K” y los electores seguramente premiarán esta rara cualidad de haber mantenido la integridad y con ella la credibilidad.


No estoy seguro de que la fórmula de mi amigo funcione pero tengo la convicción de que si obramos conforme a nuestras promesas, nuestros principios y nuestros valores tarde  o temprano  tendremos el premio de poder volcar nuestra vocación de servicio a disposición  de la comunidad.

Un abrazo para todos.

Juan Carlos Neves, Presidente de Nueva Unión Ciudadana

Twitter    @JuanCarlosNeves

NOTA: Las imágenes y negritas no corresponden a la nota original.