miércoles, 9 de octubre de 2013

LOS PRESOS POLÍTICOS DE MI PATRIA...


No eran mis familiares

No eran mis camaradas

Pero me indignó la ilegalidad y la historia contada por la mitad.

Agarré un día mis palabras y las hice indignación

Pregunté dónde estaban. Pregunté cómo entrar. Y marché hacia un penal, donde para llegar había que penar entre calles mal curadas y pozos hacia el centro de la tierra.


Miro hacia atrás… han pasado casi diez años.

Adentro, dos Policías presos tomaban mate. Era Marcos Paz.

Dos Soldados encerrados por la chusma. Dos visitas llegamos con lo único que se nos ocurrió: Facturas.

Un preso común condenado a 20 años, barría el enorme salón de visitas vacío.

Por entonces, la venganza comenzaba a dar sus primeros pasos y los presos políticos en cárceles comunes se contaban con los dedos de una mano. Y sobraban dedos.

Aquella mañana fría de invierno salí del Penal con más indignación de la que entré.

Afuera, el mundo seguía en sus cosas.


La ilegalidad de adentro me indignó. El silencio de los de afuera me asustó.



Indagué. Consulté. Escribí. Presenté en público el primer libro de un Preso Político ante el escarnio de una prensa que por entonces creía que se hacía justicia… sonrío, ahora también fueron por la prensa.

Allí donde preguntaba me mandaban silencio… “esto se arregla con unos pocos presos”, recuerdo que dijo un general con tono de suficiencia que años después entregó un listado enorme para ganarse su prisión domiciliaria que aún conserva. El sí que arregló sus cosas.


El único que me vaticinó la verdad fue Horacio Zaratiegui: “No se dan cuenta que van a ir por todos”.

Luché contra la mudez.

Escribí contra ella indignado.

Dios me dio vida para ver cumplida la profecía de Horacito. Han ido por todos.

No abandoné nunca las visitas


No dejé nunca de ir a gritar a la plaza.

Escribí siempre con mi firma y mis limitaciones la otra mitad de la historia y denuncié la ilegalidad de los cirkos. Solo yo cargué con las consecuencias.

Es poco. Pero es algo.

Un día me enojé y pregunté a los que desde la injusticia de los suyos, me mandaban a silencio: ¿Les rompe las pelotas?


Ahora escucho más ruido. Me gusta

Salir a la calle y gritar. Me gusta

Lo cambiamos nosotros, o no lo cambia nadie. Eso ponele la firma.

Nos son mis familiares

Nos son mis camaradas

Pero es mi Patria y es mi historia

Y quiero vida, para ese día en que se abran las rejas y los vea salir en libertad, ahora ya con las calles más sanas.

Ese día va a llegar. Lo sé. Y quiero estar ahí, no en primera fila sino en la última. No para la foto sino para el alma. No para que me digan gracias (jamás lo permitiría)… sino para poder mirar a mis hijos a los ojos sin bajar la mirada.

Y para irme a dormir por las noches, sin los fantasmas de la conciencia sin paz.

Que así sea.

Horacio Ricardo Palma

NOTA: Las imágenes y negritas no corresponden a la nota original.