jueves, 17 de octubre de 2013

VENEZUELA, EN ESTADO DE GUERRA PERMANENTE

por Ricardo Angoso

Desde que falleciera el máximo líder de la revolución bolivariana, Hugo Chávez, Venezuela se halla sumida en una profunda crisis de liderazgo que se proyecta sobre la economía, la vida política e incluso sobre un cuerpo social cada vez más dividido y polarizado. La falta de carisma del presidente venezolano, Nicolás Maduro, junto con un sinfín de errores cometidos por el sucesor que darían para un ensayo más prolijo, ha sido suplido por un permanente estado de guerra. El lenguaje utilizado por Maduro en sus discursos es absolutamente belicoso y agresivo, habiendo creado un clima en el país nada proclive al diálogo y a la resolución de los problemas y conflictos por la vía pacífica.

En la permanente búsqueda de un enemigo exterior, supuestamente aliado de la "burguesía parásita" del interior, el régimen tan solo trata de legitimar sus torpes acciones y ocultar una realidad social y económica que cada día que pasa es más calamitosa. El descontento se hace creciente en la ciudadanía, hastiada del desabastecimiento alimenticio, el alza de la inflación -con la consiguiente caída en el poder adquisitivo-, el azote de la criminalidad y la inseguridad, los cortes en los servicios básicos y el creciente caos económico. La inflación ya llega al 50% este año, los precios de los productos alimenticios están por las nubes y el dólar en el mercado negro se paga seis veces más que en la cotización oficial, fijada a 6,30 bolívares por cada unidad de divisa norteamericana.

Como señala la analista Marianella Salazar en su blog: "Se siente en el ambiente, en los mercados, en las colas para agarrar un carrito o pagar en un supermercado... en cualquier medio de transporte masivo, todo el mundo habla de lo mismo: de la incompetencia, del caos, del desastre de la economía, de la inflación, del colapso en el país. La gente tiene la convicción de que esta situación es insostenible y no puede continuar como está, que algo va a pasar y es inminente".

El clima político tampoco está mejor. Maduro incluso estudia aprobar una Ley Habilitante que le daría plenos poderes y evitaría que el país cayese en manos de los "enemigos de la patria" y el "imperio", en una clara referencia a los Estados Unidos. Fruto de esta estrategia delirante y del ambiente de confabulación que vive (padece) el país, tres diplomáticos norteamericanos fueron expulsados recientemente de Venezuela y el régimen volvió a acusar a los "gringos" de estar detrás de la "guerra económica" (¿?) que vive la nación.

Desde hace unos días varios programas de Telesur acusan a los Estados Unidos, con la ayuda de la oposición local, claro, de tratar de hacer con Venezuela lo mismo que hizo, supuestamente, la CIA con el Chile de Allende, es decir, socavar su economía para provocar la inestabilidad política y social y el consiguiente golpe de Estado. La tesis, demasiado manida y caduca tras el fin de la Guerra Fría, sigue sirviendo al régimen poschavista para amordazar a la oposición, perseguir a la prensa libre, endurecer el acoso a toda forma de disidencia y señalar como "apátridas" y "traidores" a todos aquellos que no comulgan con los ideales del sainete bolivariano. Por lo pronto, el canal de televisión independiente Globovisión ya ha caído en manos chavistas y ha dado un giro radical en favor de las proclamas oficialistas.


CLIMA DE POLARIZACIÓN POLÍTICA CRECIENTE

Como en la Alemania de Hitler, Maduro parece repetir el mismo esquema político y el mundo se divide entre "amigos" y "enemigos", no hay tierra de nadie ni posiciones neutrales. Quien no está con el régimen está contra el poder instituido y oficialmente reconocido. No hay otra posibilidad, fuera del sistema no hay vida y solo la condena al ostracismo a quien disiente de la verdad inspirada por el poder. De esta forma, el mismo ejército ha sido forzado a tener que elegir y abandonar el papel de árbitro ajeno a los devaneos político, tal como ocurre en cualquier país del mundo democrático.

A este clima de creciente polarización política e incluso tensión, todo ello fomentado desde el gobierno y más concretamente por el máximo líder, se le viene a unir la permanente señalización desde el poder a los dirigentes de la oposición, que son presentados como unos meros traidores y agentes al servicio del "imperio". Cuando quedan apenas dos meses para que se celebren las elecciones locales, en las que la sombra del fraude electoral y el claro ventajismo del régimen en los medios gravitan sobre el proceso, el poder se prepara para "machacar" a la oposición y consolidar su poder omnímodo en todo el país.

La opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD) ya está en plena campaña y espera obtener unos buenos resultados. Los sondeos por ahora les sonríen, pero al igual que ocurrió en las elecciones presidenciales celebradas tras la muerte de Chávez, se cree que el régimen puede alterar los resultados a su favor y que finalmente se produzca el mismo escenario que en esos comicios, donde supuestamente le fue arrebatada la victoria al líder opositor Henrique Capriles.

No olvidemos que en Venezuela ha desaparecido cualquier rastro de la institucionalidad democrática y que ya no existe, ni siquiera formalmente, la separación de poderes. La democracia venezolana ha muerto. Los chavistas copan todas las instituciones y ni siquiera el poder electoral, cuyo máxima autoridad es el Consejo Nacional Electoral, es independiente y no aceptó un recuento con plenas garantías en las últimas elecciones presidenciales, tal como demandaba la oposición.

RUMORES DE GOLPE DE ESTADO

A este clima de incertidumbre y crispación política, se le han venido a unir los rumores de un posible golpe de Estado auspiciado por círculos militares descontentos con la actual situación que pasa el país, sobre todo debido a la entrega a los servicios secretos cubanos de parcelas de poder en el área de inteligencia. Según informaba la revista colombiana Semana, en una edición reciente, el presidente del legislativo venezolano, Diosdado Cabello, sería el líder de la supuesta conspiración, y la reciente cancelación del viaje de Maduro a la Asamblea General de las Naciones Unidas tendría mucho que ver con la desconfianza que le profesa el máximo líder. La amenaza del golpe de Estado estaría supuestamente detrás de esa precipitada y nunca explicada cancelación de la visita a Nueva York.

"Diosdado Cabello puede sacar a Maduro prácticamente cuando quiera, él tiene el poder militar y económico y tiene ganas. Por alguna razón que todavía no hemos logrado definir él también está esperando el momento para dar el golpe. Hay un sector de la oposición que le tiene más miedo a Cabello que a Maduro", señalaba el general venezolano en retiro Carlos Peñaloza a la revista Semana en el reportaje ya citado.


Como guinda final para completar este cuadro complejo e incluso crítico, se le viene a unir el clima de inseguridad y criminalidad. Caracas se ha convertido, junto con Kabul, Bagdad y San Pedro de Sula, en una de las ciudades más peligrosas del mundo. Más de 20.000 personas son asesinadas al año en el país y se calcula que en los catorce largos años del chavismo han muerto más de 200.000  personas debido a la criminalidad. Los fines de semana las morgues de este país rebosan de cadáveres sin identificar, la cruda realidad de un país que se desangra sin que nadie ni nada ponga coto a esta sangría. Venezuela sigue a la espera de la aurora que devora a los monstruos del pasado.