martes, 26 de noviembre de 2013

POPULISMO BESTIAL

Por Mauricio Ortín
                                       
Existen por lo menos dos formas de atraco: el ilegal y el legal. En el primer caso la exacción de la propiedad puede llevarse a cabo con éxito o no, si la víctima logra impedirlo. En el atraco legal, en cambio, si el asaltado se resiste al robo el ladrón (el Estado) lo puede mandar preso o enajenarle la propiedad en nombre de la ley y a la vista de todos. La razón que justifica el saqueo legal aduce  que el Estado resulta imprescindible para la vida en sociedad y que, obligación de los ciudadanos, es financiarlo. Ahora bien, no se aclara algo fundamental: el financiar ¿qué, cuánto y cómo? ¿Cuánto debería costarnos el Estado argentino? ¿Cuánto debería gastar la sociedad para mantener al gobierno municipal y al gobierno provincial? En los últimos diez años quienes  generan riqueza entregan al gobierno la mitad de lo que producen; es decir,  la mitad del año  trabajan para ellos mismos  y la otra para el Estado. Y, sin embargo, nunca le alcanza y pide más. Veamos si no. El flamante ministro jefe de Gabinete, Capitanich, anunció que aumentará los impuestos a los bienes suntuarios (autos de alta gama, yates, etcétera). La excusa para hacerlo es la equidad impositiva. Es decir, el ardid intelectualmente deshonesto que suscita el resentimiento y la envidia generalizada, según el cual es injusto que los que más tienen paguen casi lo mismo que los que menos tienen y, por lo tanto, los primeros deberán pagar más. Si de equidad fiscal, y no de saqueo, fuera la intención el ministro lograría el mismo efecto equitativo bajando los impuestos a los que menos tienen. Pero el problema de la economía argentina no pasa porque los ricos paguen más impuestos sino, más bien, porque los manirrotos y tarambanas funcionarios estatales dejen de dilapidar lo que no les pertenece. ¿Cómo se entiende que, al mismo tiempo que se estruja a los contribuyentes con impuestos a “los bienes suntuarios”, se prohíje una ley que asegura a diez mil individuos, por el hecho de habérselos considerado presos políticos, un sueldo mensual de seis mil pesos (ajustables a los salarios de la administración pública)? Hay que considerar, además, que: a) Estos señores ya habían sido jugosamente indemnizados; b) No se discrimina en cuanto al tiempo de detención, pues  el que estuvo una semana cobrará lo mismo que el que estuvo siete años; c) Tampoco se distingue entre los que sufrieron prisión sin tener responsabilidad en delito alguno y los que fueron encarcelados (la mayoría) por asesinar, robar, secuestrar y levantarse en armas contra el gobierno constitucional. ¿Para mantener a los depravados que fusilaron a la hijita del capitán Viola es que Capitanich aumenta los impuestos? Más que una simple iniquidad esto tiene todas las características de  una injusticia envuelta en una burla dentro de un disparate. Luís Labraña, ex montonero y persona digna dijo, al respecto: "no combatimos para dejarle una herencia a nuestros familiares" y "creo que hubo mucha sangre de por medio en ambos bandos y no podemos darnos el lujo, con la crisis que está sufriendo el país, de robar el dinero de los contribuyentes". Martín Caparrós, ex de la misma organización se manifestó en forma parecida. Los 9.998 restantes tienen también su gran oportunidad para rechazar por indigna, ofensiva y capitalista a los seis mil pequeños burgueses pesos (¡Con la honra de un revolucionario no se juega!).


Mientras los políticos opositores y oficialistas hacen beneficencia con nuestra plata con los que ensangrentaron el país, los “estadistas” hacen política internacional con mayúsculas y nos hermanan a través de gestos trascendentes que reflejan la actualidad de los dos más grandes Libertadores de América. Así, la señora presidente Cristina Kirchner, con la sutileza que la distingue hizo público que, en honor al Libertador Simón Bolívar, le puso a un perrito el nombre de Simón. Los venezolanos y la Patria Grande, agradecidos. A su vez (dicen), en homenaje al General San Martín, el presidente Maduro, ni corto ni perezoso, le habría correspondido ungiendo con  el nombre de José a un gracioso monito.