martes, 17 de diciembre de 2013

MEGACAUSA SALTA: “UNA PEQUEÑA MENTIRA”

14/12/2013                                                         Por Mauricio Ortín

La justicia es una de las caras de la moneda; la otra, es la verdad. En un país donde rige el Estado de Derecho, la sentencia condenatoria de un juez es una consecuencia directa del establecimiento de la verdad acerca de la culpabilidad del acusado.


Cualquier duda razonable, al respecto, favorece al reo. Ahora bien, a la verdad no se llega de cualquier manera o por cualquier atajo. La humanidad, con Occidente a la cabeza, ha descubierto, construido y perfeccionado el método que, más que ningún otro, minimiza la probabilidad del desacierto en la búsqueda de la verdad. Desde la Antigua Grecia hasta hoy, suman más de dos mil años en los que el método científico, por sus cualidades intrínsecas, ha demostrado ser mucho más fiable en sus resultados que lo que dicen las pitonisas, la borra del café, los brujos, etcétera. Un enunciado que pretende ostentar el título de “verdad científica” debe como mínimo reunir dos condiciones: a) ser lógicamente coherente y, b) poder ser contrastado con la realidad empírica. Así, por ejemplo, por absurdo no puede ser verdad (tampoco falso), el enunciado: “Juan, que nunca robó, es ladrón”. Separadamente, en cambio, de que “Juan es ladrón” o que “Juan nunca robó”, sí y sólo sí, se puede afirmar su verdad o falsedad cuando se presenten hechos que así lo corroboren. Una cosa, entonces, es afirmar algo en forma coherente y otra muy distinta es comprobar la verdad de esa afirmación. De ahí, que simple testimonio de alguien que acusa a otro de haber cometido un delito no alcance para invalidar el testimonio del que se dice inocente.

Ricardo Toranzos
Mucho menos, todavía, cuando se descubre que la acusación se funda en testimonio de dudosa veracidad. Pues bien, aparentemente no lo entendería así el fiscal de la Megacausa de Salta, Dr. Ricardo Toranzos, quién, a pesar de circunstancias como las descriptas, solicitó condena. Ello se desprende directamente del hecho de que el enjuiciado en la “Megacausa Unsa”, Marcelo Gatto, demostró con claridad meridiana, a partir de documentación obrante en el expediente que, la señora Cristina Cobos no dijo verdad respecto a un hecho central que supuestamente incriminaba al entonces Subteniente (Había declarado que lo reconoció como uno de sus interrogadores. Mas, entre las seis fotos que se le presentaron para tal fin no estaba la de Gatto). Luego, el fiscal (contra Gatto) no sólo no tiene pruebas sino, también, la posible falsedad del testimonio que lo incrimina. Circunstancia, esta última, que fue admitida en el alegato de Ricardo Toranzos cuando, en lugar de solicitar el procesamiento de Cobos por el presunto falso testimonio, intentó salvar el resto de los dichos de ésta que incriminaban a otros. Textualmente y en tono de interrogación, dijo: “... si solamente una pequeña mentira bastaba para adjudicar responsabilidad y negar la validez de un testimonio...

Cristina Cobos

¿Justicia? Lo que para Toranzos es una inocente y “pequeña mentira” de Cristina Cobos, para Gatto, Chaín y De la Vega puede llegar a ser la “gran monstruosa mentira” que los condenará de por vida a podrirse en la Cárcel.

NOTA: Las imágenes y negritas no corresponden a la nota original.