lunes, 27 de enero de 2014

RICARDO ANGOSO Y LA BATALLA DE TODOS LOS DÍAS

26 de enero de 2014



Los demócratas de América Latina han perdido la batalla de las ideas 
frente a la izquierda populista y “bolivariana”

Agazapados, avergonzados, divididos y derrotados políticamente, los demócratas de todo el continente han perdido la batalla de las ideas y han sucumbido ante el avance de la izquierda marxista más revanchista y vengativa, tramposa y fulera. Una suerte de gran coalición formada por ex terroristas, guerrilleros guevaristas que no se arrepienten de sus crímenes y descarados comunistas reconvertidos en “bolivarianos”, junto con algunos oportunistas de la peor especie, se han hecho con el poder en América Latina y hoy rigen los destinos de este continente.

En muy poco tiempo, una vez que la izquierda se haga con el poder en Panamá y haya el traspaso de poderes en Chile, apenas quedarán en esta zona del mundo gobiernos de centro o derecha. ¿Y cómo ha sido posible este cambio, cómo la izquierda reconvertida en supuestamente democrática se ha hecho con las riendas de nuestra América? Muy sencillo: los demócratas del continente no han sido capaces de dar la batalla de las ideas y reivindicar como suyos los valores y principios esenciales de lo que conocemos como las sociedades abiertas, caracterizadas por el respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales. Pero también sustentadas en una economía de libre mercado y en la existencia de potentes sociedades civiles desde donde se ejerce la crítica responsable, se garantizan los derechos a la libertad de información y expresión y el juego político se realiza a través de procesos democráticos libres y realmente competitivos.


Resulta bochornoso como la mayor parte de los líderes del continente han caído en la trampa de tolerar lo intolerable. Ya nadie condena las violaciones de los derechos humanos en Cuba y Venezuela. Se tolera a países como Nicaragua, donde el sistema democrático se ha desvirtuado completamente, y asistimos a una deriva totalitaria preocupante de la mano de ese tahúr que es el presidente de ese país, Daniel Ortega. La Organización de Estados Americanos (OEA) se ha convertido en un mero cascarón vacío sin contenidos, ni efectividad, ni capacidad de arbitrar el caos populista y el auge del autoritarismo que se padece en el continente.

Incluso en la pasada crisis hondureña, allá por el año 2009, en que el gobierno legítimo de Roberto Micheletti fue estigmatizado por los burócratas de Washington y la diplomacia chavista, se llegó al paroxismo de que quienes defendían la legalidad democrática y habían sacado de la escena política al castrocomunista Mel Zelaya, fueron castigados por la comunidad de naciones latinoamericanas y condenados al ostracismo más severo. Hasta la CNN y el torpe inquilino de la Casa Blanca, junto con los demócratas del “imperio”,  se aliaron con los Zelaya y compañía.


MILITARES PRESOS, TERRORISTAS EN LA CALLE


Mención aparte merecen los militares detenidos en Argentina, Colombia, Chile y Uruguay que, habiendo derrotado al comunismo que pretendían imponerles por la fuerzas las organizaciones terroristas financiadas por Cuba y también por la extinta Unión Soviética durante la Guerra Fría, ahora sufren el presidio, la condena al ostracismo y un lento pero inexorable exterminio debido a su avanzada edad. Más de dos centenares de estos presos políticos víctimas de la vendetta de la izquierda -que nunca perdona ni busca la reconciliación sino cuando está totalmente derrotada-, ya han fallecido en la Argentina y otros mil más se pudren en las mazmorras kirchneristas. Qué ignominia, Dios mío.

Los antiguos Montoneros, que sembraron las calles argentinas de terror y sangre, muerte y violencia indiscriminada, hoy ocupan los despachos ministeriales y dictan sentencias, pero el juicio de la historia no se puede alterar: su proyecto político era convertir a la Argentina en una suerte de ergástula totalitaria al estilo de la isla-prisión de Cuba. Eran unos vulgares terroristas sin necesidad de buscar otros eufemismos para describirlos.

La paradoja es que mientras que aquellos que dieron la batalla contra la subversión, arriesgando sus vidas y las de sus familias, están en la cárcel, o ya muertos tras haber penado largas condenas, como fue el caso del general Jorge Rafael Videla, los antiguos terroristas, como  el líder montonero Mario Firmenich, están en la calle. E incluso gozan del respeto y la impunidad que les fue concedida en su momento.

Una situación parecida a la de los presos argentinos, se vive en Uruguay y Chile, donde otros militares cumplen largas condenas en aras de una falsa búsqueda de la justicia. Por ejemplo, y como prueba de cómo los demócratas han olvidado la historia y han aceptado las tergiversaciones de los marxistas, el presidente de Chile, Sebastián Piñera, se negó a conceder el indulto a estos héroes de la patria que evitaron que el país cayera en la trampa comunista y que los terroristas llegaran al poder. Piñera prefirió jugar a hacer lo más políticamente correcto de una forma infame y cobarde y cedió  ante la vulgata marxista. Sin  embargo, todavía no ha movido ni un dedo para detener a los asesinos del político centrista Jaime Guzmán, asesinado en 1990, que no casualmente residen en Cuba y gozan de la hospitalidad del régimen de La Habana.  Como vemos, en esta América de nuestro tiempo la justicia es asimétrica.

LA IZQUIERDA SE RECONVIERTE A TRAVÉS DEL FORO DE SAO PAULO

El precio político de no haber dado la batalla de las ideas tendrá su coste en el largo plazo, volver al sentido común y a la democracia plena será un camino largo. Las instituciones políticas de Venezuela han sido destruidas, la democracia ya es meramente formal y se ha reducido a votar en unas elecciones fraudulentas cada x años, mientras la oposición democrática, a veces heroica, languidece. Maduro ha venido para quedarse por mucho tiempo, no será fácil apearle del poder.

Algo parecido ocurre en el Ecuador de Rafael Correa, que ya sueña con reelegirse mientras acaba con la libertad de prensa y ahoga la economía de mercado. Casos y situaciones parecidas se padecen también en Argentina, Bolivia y Nicaragua.

La antigua izquierda comunista, reconvertida ahora en supuestamente demócrata tras su puesta al día en la “factoría” del Foro de Sao Paulo, se apresta a dominar en casi todo el continente bajo nuevos ropajes, pero siempre con las mismas ideas y dispuestas para quedarse ad eternum en el poder. Han cambiado sus modos, porque ya pasaron los tiempos de la vía armada y cayó el Muro de Berlín, pero sus objetivos siguen siendo los mismos.


Ricardo Angoso
Periodista español