domingo, 9 de marzo de 2014

¿CHAU TABÚ?... ¿AHORA ES CORRECTO HABLAR DE LOS PRESOS POLÍTICOS?

Carta de María Lilia Genta... Lis...

María Lilia Genta
 
Preso Político argentino, encadenado a la cama de un hospital

El artículo de Omar Bello en la Revista Noticias, la posterior carta de Cecilia Pando, el programa que dirige Eliaschev en Radio Mitre con la entrevista al prestigioso médico forense Mariano Castex, las declaraciones del ex fiscal Strassera, el libro de Fernández Meijide y las diversas opiniones de algunos ex montoneros y/o erpianos, apuntan, al parecer, a un giro favorable que pronostica, quizás, un cambio en la inhumana e intolerable situación de nuestros presos políticos. Todo esto me ha llevado a reflexionar largamente sobre el tema.

Es muy posible -esto no da para más- que muy lentamente la condición  de los actuales presos se vuelva más humana, tal vez como lo fue, sin duda, la de quienes fueron juzgados en épocas de Strassera y a los que luego amnistió Menem.

Quizás todos los amigos de mi generación pasen a prisión domiciliaria, como permite la ley. Quizás los que tienen alrededor de sesenta años comiencen a gozar de buenos tratamientos médicos y se les vaya dando los privilegios de salidas como tienen los presos comunes, por ejemplo los violadores.

Todo esto es posible y me alegraré (más bien me aliviaré) cuando algún entrañable amigo de mi adolescencia vuelva a la “domiciliaria”, y con él muchos otros.

Por supuesto estoy segura de que por debajo de la mesa, en absoluto sigilo (costumbre eclesiástica de todos los tiempos) la Iglesia esté haciendo lo suyo en este sentido. No me cabe la menor duda de que el mismísimo Francisco esté actuando e inspire estas silenciosas y discretas gestiones. Siempre hay, sin embargo, excepciones al sigilo y al secreto; y aquí se distingue  la meritoria labor pública de Monseñor Lona, Obispo Emérito de San Luís, quien se dirigió por carta al Papa, hace unos meses.

La situación actual de nuestros presos se está volviendo un oprobio ante el mundo. Rivalizamos con Venezuela.

Todo esto pienso. Pero, después de cavilar y reflexionar llegué a la siguiente conclusión. No sólo Cecilia -si se diera el cambio esperado- será considerada un “extremo incorrecto”. ¡Cuidado con abrazarse con ella! Casi todos aquellos que desde hace años luchan de una manera u otra por la causa de los presos también, quizás, sean considerados “incorrectos”.

Me asalta una duda cruel: ¿qué pensarán los “políticamente correctos”, aún algunas de las familias de nuestros presos, de esta gente incorrecta que durante años lo expuso todo, particularmente la tranquilidad, para ayudar y confortar a presos y familias?

Por ejemplo, el informe que el doctor Hugo Esteva elaboró sobre la “sanidad” en las cárceles, después de recorrerlas casi todas, es mucho más amplio y detallado que el del mismo Castex (tengo entendido que el informe de Esteva fue entregado en mano al Papa Francisco integrando el pormenorizado dosier de la Asociación de Abogados por la Justicia y la Concordia). Me dirán: bueno, pero Castex es Castex. Sin duda, lo reconozco; pero Hugo Esteva, reconocido no hace mucho como Maestro de la Medicina Argentina,  siendo muy joven hizo el primer reimplante, en Argentina, de un brazo en una pequeña ciudad del interior y desarrolló después una brillante carrera de cirujano en el Hospital de Clínicas. Claro, Hugo Esteva fue y es políticamente incorrecto… Será por eso que me lo crucé más de una vez en la vida.

Recuerdo, también, a la Unión de Promociones, a Uno América, a la ya mencionada Asociación de Abogados por la Justicia y la Concordia y a los hijos de los muertos de los setenta que tocaron las puertas de obispos y políticos para llamarles la atención sobre la situación de los presos y sus familias. Esto último siempre me pareció muy bien porque la sangre derramada por los nuestros debía servir ahora a las nuevas víctimas que pueblan las cárceles kirchneristas.

Como ya soy vieja y la piel se me fue endureciendo desde que nací (soy hija de mi padre), creo que estoy preparada para escuchar cosas como: “¡Esto sí que sirve! ¡Esto sí es eficaz!”. Y hasta quizás alguno se atreva a decir que todo lo anterior fue una pérdida de tiempo y consideren que los libros valientemente escritos por Acuña, Yofre, Massot, Díaz Araujo, Márquez y otros tantos, también fueron tiempo perdido. Espero que no sean muchos los que así piensen.

Por supuesto que este recuerdo mío de los viejos luchadores que no tuvieron la ventura de hacerse escuchar no quita que me haya emocionado, hasta llorar, escuchar a Castex por una radio de gran alcance e invitado por un periodista “de pro”. Espero que si cambia la mano, no se olvide demasiado pronto lo que les costó a Cecilia y a su familia las vueltas a la Pirámide en la Plaza de Mayo y tantas patriadas. Ella fue pionera de la noble causa de los presos.

Si te sirve de algo, Cecilia, yo sí te abrazo.