jueves, 20 de marzo de 2014

EL TURNO DE VICENTE MASSOT


Por Mauricio Ortín    

El relato K, ese confuso y contradictorio amasijo de ideas expresado en tono épico, persigue el fin principal de justificar todo el género de tropelías que emanan del poder hegemónico que detenta. En ese orden, establece un retorcido horizonte de significación a partir del cual se puede cometer todo tipo de atropellos en nombre de la verdad, la justicia o de los derechos humanos. Es característico de los gobiernos totalitarios y semi-totalitarios el desentenderse de las culpas propias cargándosela a aquellos que mejor perfil presentan para la  función del “miserable por antonomasia”. Así, por ejemplo, la dictadura comunista cubana, la más vieja del planeta, ha sobrevivido exitosamente responsabilizando a los EEUU y a los “gusanos” cubanos (expresión “revolucionaria” utilizada para designar a los que piensan distinto que Fidel) por los escandalosos fracasos ocurridos durante  cincuenta años de dictadura. También, el nazismo desde su criminal desvarío ideológico aplicaba un parecido y monstruoso proceder (específicamente, cuando identificaba a los judío-alemanes con las ratas). Al respecto, resulta por lo menos curioso el hecho de que, cada vez que se recuerda la deshumanización de personas honorables a través de las infames campañas mediáticas nazi que los asimilaban a los impopulares roedores, la pertinente condena de la opinión pública y publicada no se hace esperar; mas, ésta brilla ésta por su ausencia cuando el trato de “gusanos” sale de la boca de Fidel Castro. Ello porque en el gran relato socialista se sobreentiende que el “gusano” no es sujeto de derecho como sí, en cambio, el humano de izquierda.     


Una de las consecuencias lógicas del derrumbe político-material del “Muro de Berlín” y la caída de la “Cortina de Hierro” fue el conocimiento de lo que bullía por detrás. El mundo entero fue informado por las víctimas del totalitarismo sobre la interminable cadena y la escala de atrocidades que padecieron a manos de las dictaduras de izquierda. Semejante espectáculo, sin embargo, no hizo mella en la popularidad que siempre gozó la izquierda en los círculos intelectuales y de poder (cien millones de asesinados, al parecer, no son suficientes para conmover a los creyentes de tan poderosa fe).


En la Argentina los efectos de la cosmovisión izquierdista dominante se manifiestan, fundamentalmente, en el tratamiento equivalente al de “gusanos cubanos” que, en general, reciben los militares y civiles acusados en los juicios por crímenes de lesa humanidad y, como contrapartida, el de víctimas heroicas que obtienen los terroristas que se alzaron en armas contra el gobierno constitucional de Isabel Perón. Con las excepciones indefendibles de Alicia Kirchner, Eugenio Zaffaroni, César Milani, para la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, la circunstancia de que un argentino durante el gobierno militar haya ocupado un cargo público, pertenecido a las FFAA o progresado económicamente es suficiente para instalarle el estado de sospecha por crimen de lesa humanidad. Organismos privados, en su mayoría dirigidos por ex guerrilleros o sus parientes junto a jueces y fiscales federales recorren de punta a punta la geografía argentina haciendo uso y abuso, cual torquemadas infalibles, de la impunidad que se concede al que acusa y condena desde la izquierda. No se trata entonces de casos individuales ¿de? injusticia atribuibles a errores, incompetencias o prevaricaciones de funcionarios del Estado sino, más bien, de una política de Estado fundada en el “relato” oficial en la que están comprometidos los tres poderes. Tal como, categóricamente y sin sonrojarse, la definió nada menos que el Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (a confesión de parte...). Así, hoy, a la vista de todos, es decir, con la indolencia o complicidad de la clase política, la Iglesia católica, la prensa y la población en general, arrojan la jauría a que se ensañe con Vicente Massot (tiempo al tiempo y cualquiera de nosotros será el próximo Massot)

Vicente Massot

NOTA: Las imágenes y destacados no corresponden a la nota original.