martes, 18 de marzo de 2014

ENTREVISTA AL PRESIDENTE DE LA ASOCIACIÓN COLOMBIANA DE OFICIALES EN RETIRO DE LAS FUERZAS MILITARES (ACORE), GENERAL JAIME RUIZ BARRERA

por Ricardo Angoso

Para el general Jaime Ruiz Barrera, las Fuerzas Armadas de Colombia tienen la suficiente capacidad para derrotar a los terroristas, siempre y cuando se tomen las medidas adecuadas y no sea demasiado tarde. Ya que, como decía el general Douglas MacArthur, “La historia de los fracasos en las guerras se resume en dos palabras… “demasiado tarde”. Ahora, cuando el país se encamina hacia una casi segura reelección del presidente Juan Manuel Santos, el presidente de ACORE piensa que el proceso de paz entre el ejecutivo colombiano y la organización terrorista Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) genera inquietud y preocupación en la sociedad ¿Será así?

General Jaime Ruiz Barrera, presidente de ACORE

Ricardo Angoso: ¿Qué noticias tiene acerca del proceso de paz entre el ejecutivo de Bogotá y la organización terrorista FARC?

Jaime Ruiz Barrera: El proceso de paz es un asunto muy preocupante. En primer lugar, no se trata de un proceso de paz para Colombia, sino de una negociación con una sola organización terrorista en donde se pretende que deje las armas. Luego existe una gran inquietud por la falta de información y por el alcance que puede tener dicha negociación. Cada vez que se anuncia algún acuerdo, por ejemplo, el vocero oficial emite un comunicado lacónico donde no se dice mayor cosa. Nunca se dice o explica cómo se llegó a algún acuerdo, con lo cual se genera una gran preocupación en la sociedad y eso es lo que realmente confunde no solo a los militares, sino a todo el país en su conjunto. Por eso, y en cierto modo, la opinión nacional ve a ese tema de la negociación como algo muy distante, muy alejado, porque no produce resultados y solo está generando incertidumbre.

Concretamente, nosotros como militares, y a través de las asociaciones de las que formamos parte, hemos llegado a una serie de conclusiones. Y la primera de ellas es que lo que quieren las FARC no es la paz, sino lograr el poder y alcanzar una cuota del mismo. Las FARC, bajo ninguna circunstancia, quieren someterse a la justicia transicional o a cualquier mecanismo que los quiera condenar aunque solo sea a un día de cárcel. Quieren la impunidad y lo plantean abiertamente. Estoy hablando de la total impunidad para todos los miembros de esta organización.

El otro asunto que las FARC manejan y que lo están negociando en este momento, es todo lo relacionado con las drogas ilícitas. Cínicamente niegan tener relación con este negocio y resulta que las FARC son el cartel más poderoso del mundo, de lo cual se deduce que al final se puede decir que podrán firmar lo que se quiera, pero el negocio de las drogas se va a mantener. El engranaje de este cartel, que le otorga a las FARC un gran poder económico, se va a mantener, va a continuar sin interrupción.

También nos preocupa mucho el número de curules en el legislativo que se puedan negociar en La Habana y se le entreguen a las FARC, ya que al final estas personas sindicadas de delitos atroces de lesa humanidad van a legislar con cierto poder político. También nos preocupa la posición de las armas, que ya han dicho que no las van a entregar, ya que solamente han dicho que las dejan y ahí termina todo. Así quedamos en una situación muy difícil. Además, no olvidemos que finalmente si se llega a un acuerdo tiene que avalarlo el pueblo colombiano. El gobierno habla de convocar un referéndum o una consulta popular, pero resulta que dependiendo de la forma habilidosa en que se plantee la pregunta se puede obtener una respuesta que beneficia siempre a quien pregunta, en este caso el ejecutivo. Si se pregunta al común de los colombianos si les interesa la paz, la respuesta es obviamente sí. Pero si se pregunta si está dispuesto a ceder la impunidad a los terroristas en beneficio de la paz, la respuesta sería otra. Para concluir este tema, quiero añadir que lo que se está negociando nos preocupa. El postconflicto es un asunto complejo, como también lo son las medidas que se van a tomar en el mismo relativas a lo pactado con los terroristas. Hablar de paz es un asunto muy difícil en estos momentos, veo ese escenario como algo lejano.

R.A.: ¿Cree que las últimas elecciones celebradas cambian el actual escenario?

J.R.B.: El presidente, Juan Manuel Santos, ha dicho que la gran mayoría lograda significa que hay también mayoría en favor de la paz, pero claro es un asunto muy controvertido. Pero si miramos lo que puede ocurrir en la negociación, estas elecciones significan mucho, ¿por qué? Porque si el gobierno está interesado en sacar adelante este proceso de paz cometiendo gravísimos errores, cediendo y otorgando a los terroristas tantas garantías, a la vez que mostrando debilidad ante las FARC, podemos ver cómo al final habrá cambios constitucionales. Si no hay quien se oponga a estas pretensiones de los terroristas, el asunto está grave y es preocupante. ¿Quién sabe a dónde vamos a llegar?

R.A.: ¿No cree que Santos finalmente presentará un acuerdo final para asegurarse la reelección y seguir al frente del país?

J.R.B.: El presidente tiene elecciones en mayo, con lo cual es el más interesado en que salga adelante este proceso para ganar las elecciones y alcanzar la victoria electoral, pero yo creo que el común de la gente ve algo como lejano las negociaciones y el mismo proceso. Sin olvidar que hay claramente un movimiento que estaba en contra de este proceso y que ha obtenido un buen resultado. Me estoy refiriendo, claro está, al Centro Democrático del expresidente Uribe, que ha obtenido más de dos millones de votos y un buen resultado. Entonces, estos dos millones de votos representados por un buen puñado de congresistas y senadores pueden ser una voz crítica e importante para evitar que las cosas se desborden y tengamos gravísimas consecuencias en el futuro.

R.A.: ¿Cómo examina la grave situación que se vive en Venezuela, cree que es una amenaza para la seguridad de Colombia?

J.R.B.: Venezuela como país no es una amenaza, la verdadera amenaza real es el gobierno chavista. Socialista, chavista, bolivariano, como quiera llamarlo, y luego su estrecha relación con Cuba. Hay varios países de la región que están en esa línea y pretenden influir en el resto del continente. Venezuela sigue siendo el paraíso de estas organizaciones terroristas que operan en Colombia, como las FARC y el ELN. Se protegen a sus cabecillas y se les permite hacer sus negocios derivados del narcotráfico. Venezuela es el puente del cartel de las FARC hacia los mercados internacionales. Entonces, este gobierno chavista es una amenaza y sus Fuerzas Armadas, que han sido fortalecidas significativamente, también constituyen un peligro para nuestra soberanía. No olvidemos que todavía tenemos con Venezuela problemas relativos a nuestras fronteras y que al día de hoy no han sido resueltos.

Un gobierno caído en desgracia, como el de Caracas, en cualquier momento puede utilizar este tipo de diferencias habilidosamente para comenzar una aventura militar, una carrera desesperada para conseguir la popularidad perdida. Ahí tenemos el ejemplo de las islas Malvinas, que fueron ocupadas por una dictadura militar que se encontraba al borde del abismo y, en una situación desesperada, se las arrebató al Reino Unido por la vía de la fuerza. Se trataba de lograr una unidad nacional que necesitaba esa dictadura para superar su crisis interna. Venezuela es un asunto preocupante, pero también lo es Ecuador, cuyo territorio es una zona de refugio para los terroristas. Hay varias hipótesis de conflicto con estos dos países y que no podemos descuidar ni obviar.

R.A.: ¿No se detecta cierto malestar en las Fuerzas Armadas colombianas respecto al actual estado de cosas?

J.R.B.: Quiero ser suficientemente claro en este asunto y que me interprete con claridad. Hay indignación institucional frente a muchos hechos que se han venido dando en los últimos tiempos y que han generado un gran malestar. A raíz de esta campaña mediática en contra del ejército, en contra de los servicios de inteligencia, y que han puesto en marcha fuerzas oscuras que pretenden desestabilizar el país, hay un estado de indignación que es evidente.

También hay malestar porque se está buscando el relevo de la cúpula de las fuerzas militares -algo que lograron- y sacar al responsable de Defensa del gobierno, que es una de las exigencias de los cabecillas de las FARC que negocian en La Habana. El ministro de Defensa se les ha vuelto un problema y no paran de desautorizarlo, presentándolo como guerrerista y enemigo de la paz. Se pretende generar el caos, una desinformación ante la sociedad y también ante la comunidad internacional. No lo han logrado porque se demostraron que muchas de estas acusaciones eran falsas. En esta estrategia desestabilizadora estaba en primera línea la revista Semana, que no casualmente tiene información privilegiada de fuentes oficiales y que la utiliza para esta estrategia ya citada. Se montó un bochornoso escándalo contra las Fuerzas Armadas y en favor de las FARC, que pide un cambio en el actual modelo que tenemos. Pretenden reducir la fuerza y cambiar la estrategia de nuestro ejército.

Luego percibimos que frente a una serie de enemigos de las Fuerzas Armadas, como determinados grupos políticos de extrema izquierda y otras fuerzas oscuras, como son algunas ONG,s, el comandante en jefe, que es el presidente de la República, llama a que nos defendamos solos sin la ayuda del Estado colombiano, lo que, como es lógico, genera malestar entre los militares. ¿Por qué no asume el presidente una posición firme y de rechazo a esas fuerzas oscuras que conspiran contra el ejército? No lo sabemos. Los únicos que defendemos a las fuerzas militares somos los miembros que estamos en la reserva junto a algunas organizaciones civiles que también han tomado partido. Hay ciertos sectores sociales, empresariales y mediáticos que defienden a las Fuerzas Armadas. También políticos, como el Centro Democrático de Uribe y el Partido Conservador.

Pero, sin embargo, nuestro Jefe de Estado no está en esa línea, y ese hecho, por sí solo, provoca desmotivación entre los miembros de las filas militares. Se está desmoralizando a los hombres que luchan contra el terrorismo y ese efecto es la mejor ayuda que pueden utilizar nuestros adversarios para ganarnos la batalla. Esa es la guerra política y jurídica que ahora estamos perdiendo.

Nos quieren intimidar, con esas campañas de desprestigio, y también quitándonos el fuero penal militar para que bajemos la guardia, para que no corramos el riesgo de dar la batalla. Tenemos más de 15.000 procesados militares en este país por no tener ese fuero militar al que me refería antes. Somos el único país del mundo que tiene un conflicto y no tenemos una justicia militar. En Argentina[1], por ejemplo, ha habido una guerra jurídica contra los militares para ganarles la batalla política que no pudieron (los terroristas) con las armas. Igual está ocurriendo en Colombia, ya que las FARC saben que nunca nos van a derrotar políticamente, y tendrán que utilizar la guerra jurídica y política para derrotarnos. En el campo de batalla, las FARC nunca nos van a derrotar.

R.A.: ¿Los casos del coronel Plazas y los generales Cabrales y Uscátegui se enmarcan en esa guerra jurídica a la qué se refiere?

J.R.B.: Son casos totalmente emblemáticos y muy evidentes, aparte de conocimiento público. En estos procesos se han dado numerosas irregularidades jurídicas. No hay pruebas ni elementos que avalen estas condenas. En el caso del coronel Plazas tres magistrados del Tribunal Superior de Bogotá resolvieron la situación, mientras que dos se mostraron a favor y avalaron esa condena. Uno de ellos era militante en el pasado del M-19, una organización terrorista que precisamente había participado en el asalto al Palacio de Justicia que fue liberado por Plazas. Cuando a uno le juzga el enemigo, como ha ocurrido en el caso de Plazas, no tiene ninguna posibilidad de defenderse.

Los otros dos casos son muy similares. Son los ejemplos claros de esa guerra jurídica que estamos perdiendo. Miles de militares están siendo juzgados por la justicia ordinaria sin garantías de que puedan tener una defensa. Hemos elevado nuestras quejas al Fiscal General y que hubiera garantías en esos procesos. Queremos crear un grupo de trabajo para resolver este asunto, veremos si el asunto prospera. Ojalá cumpla su palabra el Fiscal General y se avance en esta dirección.

R.A.: No parece que, por ahora, las cosas vayan a cambiar, ¿no cree que nos esperan cuatro años más de las mismas políticas?

J.R.B.: Somos pesimistas, no sabemos qué puede pasar. Hay desmotivación en el interior de las fuerzas militares. Muchos de nuestros compañeros creen que ya no merece la pena jugarse la vida por este país y dar la batalla, eso es así. Tener que luchar en estas condiciones para acabar encarcelado solo genera desmoralización en el interior de las fuerzas militares. Tenemos el ejército más profesional, más capacitado, que hay en toda la región. Tenemos buenos combatientes y soldados profesionales con más de veinte años de servicio en el combate. Yo se lo he dicho personalmente al presidente de la República: podemos ganar esta guerra y dar la batalla contra el terrorismo.

R.A.: ¿Y qué le dijo el presidente?

J.R.B.: Ni sí, ni no. Nos escuchó pero no quedamos en nada. No hubo consecuencias prácticas. Nosotros, como militares, pensamos que se puede ganar la guerra a las FARC y le dijimos al presidente que necesitábamos cambios. Una de esas peticiones era el fuero militar o un estatuto antiterrorista para acabar con todas las organizaciones clandestinas que están dando la batalla a las Fuerzas Armadas. También atacar a los grupos económicos y a las organizaciones que les sirven de soporte social, jurídico y político a los terroristas. Y, finalmente, necesitamos protección jurídica para que podamos dar el combate a estas fuerzas con efectividad. Sin una justicia militar no se puede afrontar este problema. Recibimos buenas palabras del presidente, pero no se tradujeron en hechos reales y prácticos. No se trata de aniquilar a todo el mundo, pienso, pero sí de acabar con el terrorismo con las imposiciones del Estado colombiano. No se puede tolerar que sean las FARC las que imponen las condiciones en las negociaciones y se acepten sus puntos de vista como válidos, no creo que ese sea el mejor camino.
                      


[1] N/D.: El 06 de agosto de 2008 se sancionó la ley 26.394, la que se promulgó el 26 de agosto de 2008 y se publicó en el Boletín Oficial el 29 de agosto del mismo año, de esa manera  se derogó el Código de Justicia Militar de La República Argentina y todas las normas, resoluciones y disposiciones de carácter interno que lo reglamentan. También se modificaron el Código penal y el Código Procesal Penal de la Nación… se habría la Caja Pandora que facilitó el juzgamiento de las FFAA que derrotaron al terrorismo y para tal fin se cometieron todo tipo de “aberraciones jurídicas con sentencias escritas de antemano.