martes, 25 de marzo de 2014

MARCOS PAZ DONDE NO DEBERÍAMOS HABER LLEGADO NUNCA

Argentina tiene hoy 1800 presos políticos. Hombres acusados de delitos de Lesa Humanidad. Ya murieron en cautiverio 227 detenidos. Sin atenciones médicas, ni legalidad ni derechos humanos. La Argentina debe saber.



Marcos Paz: A donde nunca tendríamos que haber entrado

De que se trata entrar al pabellón de la Unidad Penitenciaria Nro. 2 de Marcos Paz donde nos encontramos con nuestros PRESOS POLITICOS?

Luego de dos horas de llegar a la unidad, después de dejar nuestras libretas,  pasar por requisas, escaneos corporales o controles personales, despojarnos de las cosas que hasta la visita anterior podían ser ingresados y hoy, vaya uno a saber porque, ya no. Escuchamos como debíamos haberlo hecho aunque ya sea tarde y aunque probablemente este consejo no sirva en la próxima visita.

Porque hoy pionono no pero mañana sí. Porque mayonesa no debe ser trasvasada hoy aunque si debiste hacerlo antes. Panqueques caseros no pero si los compras envasados sí. Hoy tu hijo debe sacarse las zapatillas para ser requisadas aunque nunca antes pasó.

En fin… Llegamos al pasillo pre comedor. Aproximadamente 15 minutos antes del encuentro nos permiten ingresar y comienza una búsqueda desesperada de una mesa y sillas, hijas, esposas, hermanas, nietas, corremos por el salón intentando encontrarlas. Parece increíble pero es lo que nos permitirá compartir con nuestro visitado la comida que hayamos podido ingresar. Que obviamente, cual “juego de las sillas”, el número de mobiliarios es menor al número de sujetos interesados por ellos.

Y ahí cerca de las 14 horas se abre la puerta y empiezan a salir uno a uno nuestros PRESOS POLITICOS. El desfile se nutre de hombres con andadores, ancianos, hombres con problemas de sordera, operados cardiológico, señores encorvados por los años. Padres que se apoyan en sus hijas para desplazarse.

En una palabra hombres mayores repletos de canas, muchos ya ancianos doblados por el peso de los años y por el dolor de la injusticia que se posó sobre sus huesos.

Los corazones de los que esperamos la salida late fuerte entre la alegría del encuentro y la fuerza intensa para no derramar una lagrima, mucho más aún de no enrojecer los ojos porque estos nuestros PRESOS POLITICOS no merecen y además no soportarían una lagrima más.

Al fin llega él, el él de cada una, ese él que también sale con su corazón latiendo fuerte por la alegría de vernos y por la fuerza intensa de no llorar porque nosotras no lo merecemos pero además no lo soportaríamos. Abrazos, besos, “te amo” dichos al oído por la falta de intimidad. Sonrisas, anécdotas tontas. Hablar de lo que podemos, lo que nos sale.

Debatirnos que conviene y que no contarles. Porque las buenas noticias son buenas pero ellos no pudieron estar ahí para vivirlas. Si los nieto aprendieron a nadar es hermoso pero cuando podrá verlos patalear. Si fulano se recibió que lindo pero no pudieron ver la entrega del diploma.

Si la noticia no es tan buena, como una enfermedad, no queremos asustarlos pero como excusamos al que no pudo venir a la visita. Pero sabemos firmemente que confesarlo hará que luego, una vez en su celda, ellos no puedan borrarlos de su mente.

Ellos cuentan lo que pueden también. Hablan de requisas, de tiempos interminables, de calores agobiantes y de fríos que congelan el centro de sus almas. Pero intentan minimizar los dolores, los problemas y la tristeza.

Nos hacen listas eternas de las cosas que necesitan aunque íntimamente saben que la mayoría de lo pedido no podrá ser ingresado. Necesitan pilas para las pequeñas radios que logramos entrar previa autorización penitenciaria que demoró un mes. Pero esas pilas, que en su ausencia marcan la inutilidad del aparato por el que tanto batallamos, también deben ser sometidas a esos mismos trámites lentos y burocráticos. Nos piden algo que ayude a matar las inquilinas de su celda. Pero los mata cucarachas no están permitidos. Nos piden diarios. Eso si! Pasa al fin… Asegúrate de sacarle los clasificados antes de llegar a la requisa (¿?).

Después nos paramos para cambiar la visión y caminamos por un patiecito que nos da un poco la idea de libertad. Porque intentamos hacer como que no vemos los altísimos alambrados que lo rodean. Que terminan en unos peores alambres de púa.

Cada tanto les llevamos regalos, chocolates (sin nuez, ni almendra, ni pasas, ni…), libritos, crayones; para que ellos le den a sus nietos simulando que pudieron comprarlos ahí dentro o que papá Noel también pasó a visitarlos.

Cada tanto vamos mirando el reloj porque las agujas corren contra nuestro deseo de que tenerlos cerca nunca termine.

Y así llega el momento de hablar de las últimas irregularidades de las causas, como a fulano que esta con parkinson no le dieron la domiciliaria y que a tal aunque le subió la presión a 25 tardaron horas en trasladarlo a un hospital y que desde volvió no está muy entero. Que tal a pesar del eterno tiempo transcurrido sin condena sigue padeciendo de esta “prisión preventiva.

Que el señor de la mesa del fondo cumplió los 80 y por eso hay una tortita en su mesa y un “que los cumplas feliz” que todos tratamos de acompañar sin desbordarnos en lágrimas.

Que a quien nos saludó recién se le murió el hijo estando en esta situación injusta e inentendible y que casi no llega a despedirlo porque a los penitenciarios no les llegaba la orden de trasladarlo.

Que los testigos de la causa de mengano no se poden de acuerdo en las fechas, ni en los nombres pero el juez dice que no es relevante. Que en la otra causa una testigo reconoció sin ninguna duda la foto de un hombre que no era el acusado de la causa que se estaba buscando que identifique pero eso tampoco importa.

Que la fecha del hecho que se le imputa a aquel es una en la que queda demostrado que ese hombre estaba con licencia por enfermedad entonces sin ninguna marcha atrás se modificó la fecha al momento de condenarlo.

Ufff… y así, cientos y cientos.

Y entre todas estas broncas y enojos. Se nos hace la hora. Un penitenciario se acerca y a gritos dice “termino la visita”. Se nos acabó el tiempo. Tenemos que despedirnos, lo estiramos, nos abrazamos, nos besamos con la promesa de vernos en la próxima visita. Caminamos hacia la salida y los vemos a nuestros PRESOS POLITICOS, a los héroes de nuestra patria, a los héroes de la guerra. Los vemos irse con el intenso deseo de no volver a verlos ahí nunca más.

Ingrid Crinigan
DNI 28204929