sábado, 15 de marzo de 2014

SEÑALES DE DESASTRE


Dentro del bestiario oficial, el juez federal Norberto Oyarbide, ha sido una pieza de colección y como tal, cuidada y custodiada en su vitrina de cristal. Allí estaba, protegido, a salvo de cualquier reclamo, esperando aquellas ocasiones en que alguien rompía el vidrio para que los salvara de algún incendio personal.

Si Oyarbide se travestía para carnavalear no había problemas, era también parte del legendarium de la colección gubernamental y a nadie se le ocurriría molestarlo.

Que desfilara en los corsos de Gualeguaychú no hacía mal a nadie, como tampoco molestaba demasiado esa exposición, que tanto le gustaba, de mostrar su guardarropas o sus anillos de un cuarto de millón de dólares.

También es cierto que Oyarbide causaba en algunos cierto rechazo interno, pero en aquellas épocas a nadie se le hubiera ocurrido llamarlo impresentable como lo ha hecho Ricardo Forster ahora, uno de los máximos referentes intelectuales del cristinismo, y una de las cabezas más prominentes de "carta abierta", naipe marcado del Gobierno.

Es que a Norberto Oyarbide los hados o la suerte –que es grela– le llevaban –por sorteo o licitación– todas las causas atinentes a la familia gobernante y/o a su círculo áulico. Y Oyarbide, he aquí su ángel, podía llegar a hacer fallos inimaginados. Verbigracia: para él que el matrimonio Kirchner aumentara en un año su patrimonio en un 155% era algo normal y como tal lo afirmaba y firmaba de un plumazo, o le clavaba una estaca en el corazón a causas como la de Skanska y las guardaba en un cajón sarcófago junto al príncipe Vlad como para que resucitaran un día lejano o a la consumación de los siglos.

Pero a quien le ha caído tan mal lo que dijo el juez como enterarse de quién vino la llamada para que parase el allanamiento, fue a Cristina Fernández. Quizá suponía que era de uso personal exclusivo y no, también, un "all inclusive" de los amigos. Por algo la señora salió de su despacho y caminó hasta el de Zaninni a quien parece que no trató con cariño. Muchos dicen que las lágrimas de éste en el Senado, no eran por YPF sino por otro recuerdo más cercano y doloroso.

En la crisis interna las señales son contradictorias. Hay muchos desengañados de última hora que suponen que la migración no hace sólo a la supervivencia de las aves sino de los políticos. Cada vez hay más rebeldes sin causa como Pichetto y otros incluyen también a Forster. Hay también quienes se han retirado a las butacas del fondo en previsión de que se hunda el escenario o se caigan las bambalinas, como Rossi y Randazzo.

La duda ahora es qué pasará con Oyarbide. ¿Acaso han dado permiso para pegarle?, ¿Le soltarán la mano?, ¿Lo lanzarán a la calle sin más resguardo que su anillo de oro?, ¿Consentirán en el Juicio Político? De ser así nos encontramos ante una nueva etapa del oficialismo. Una etapa en la que el mensaje es que a partir de ahora no se consienten más costos políticos. Bastante caros están saliendo Boudou y Milani, como para afrontar el de un juez extrovertido y mediático.

Oyarbide cuenta ya con 10 denuncias en el Consejo de la Magistratura, lo de ahora quizá no será peor que aquello pero es mucho más evidente. Un jury es complejo, pero con presiones se podría sobrellevar, el problema es que la figura no es una figura más.

Tampoco Oyarbide aceptará manso que le suelten la mano y por ello hay que calcular también el daño colateral. ¿Si Oyarbide habla, quién será el más afectado? La pregunta queda picando pero no hay quien se anime a responderla.

Todavía.