martes, 22 de abril de 2014

REFRESCANDO NUESTRA MEMORIA...

Hola a todos:

Ya he sido presentada, soy Maby, una ciudadana común a la que le tocó vivir hace casi 39 años lo que estoy convencida que no perderá vigencia. Algunos conocen mi historia, para aquellos que la ignoran les contaré que: El 1º de diciembre de 1974, bajo un ardiente sol en mi Tucumán natal, presencié el episodio más desdichado de mi vida.


Todo mi ser se sacudió ante un hecho cruel, espantoso, doloroso. Atentaron contra mi familia en un ataque inesperado y artero, terroristas del ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo) asesinaron a mi extinto esposo, Capitán Humberto Antonio Viola y a mi hija María Cristina de 3 años. María Fernanda, de sólo 5 años, víctima también de esas armas que mis gritos no lograban acallar, quedó tendida con un balazo en su cabeza mientras yo, aterrorizada, no atinaba a nada. En mi vientre, con un embarazo de cinco meses, Luciana sufría tanto como su mamá.

Todo comenzó sin que yo pudiera hasta ahora, encontrar explicación alguna. Era un domingo como cualquier otro, desayuno en familia, misa y almuerzo con los abuelos. Jamás imaginé que todo terminaría así, cuando al querer ingresar en la casa de mis suegros nos esperaba la más sucia emboscada. Sólo puedo relatar lo que mi mente recuerda: tres móviles, hombres armados, no supe cuantos, ametrallaban el auto. Yo me bajé para abrir la cochera y de repente un estruendo a mis espaldas; me di vuelta y vi a Humberto correr no como militar cobarde sino como padre protector de sus hijas, cayendo con un tiro en su espalda y encontrándose ya caído, fue rematado con dos tiros en su cabeza.


Relatar el estado en que se encontraban mis hijas sería demasiado morboso y no deseo caer en eso. No dejando de contar que Fer fue sometida a traumáticas ocho operaciones, quedando con secuelas permanentes. Todo esto aconteció durante el gobierno de la señora María Estela Martínez de Perón. Desde entonces cargo en mis espaldas la mochila del dolor y enfrenté desde muy joven el duro camino de vivir.

Fue pasando el tiempo y con él mil cosas difíciles de relatar. Rehice mi vida y llegó la menor de mis hijas, Agustina. Ella es, al igual que sus hermanas, una cruzada de la verdad histórica. Estoy orgullosa de ellas.

En el año 2003, cuando creía que las heridas empezaban a cerrarse y que los argentinos caminábamos hacia un futuro común sin odios ni rencores; el gobierno nacional nos enfrentó con acontecimientos que me produjeron un producto disgusto.


Hasta hace poco no hablé ni di entrevistas, pero hoy me siento movilizada, enojada y triste porque veo que la sociedad se ha vuelto a dividir arengada por un gobierno con las mismas ideologías que aquellos que atacaron a mi familia.

Es por eso que siento que debo defender los ideales por los que a Humberto y a mi pequeña hija les arrancaron la vida. Estoy convencida de que debemos reivindicar al viejo Ejército, el que se jugó, el que entregó por convicción y valores morales la vida de muchos de sus integrantes. Vidas de muchos valientes que vestían con orgullo el uniforme conseguido en el glorioso Colegio Militar de la Nación.

Hoy siento que quien comanda el nuevo Ejército, prefiere claudicar el honor y la dignidad de su investidura, antes que acompañarnos y aceptar la alternativa de verse integrando una lista de desocupados. “General Milani": ¿Dónde estaba usted cuándo la cruenta guerra de los 70?”


Hoy duele ver jóvenes oficiales cumplir órdenes que nada tienen qué ver con su sentir. Es inexplicable que por presiones de sus superiores no puedan expresarse, no puedan acompañarnos a rendir homenaje a sus camaradas caídos vistiendo sus uniformes. Qué falta de lealtad y de respeto a los que son sometidos!!!! Y no lo acepto.


Soy una madre de los 70 como se nos ha dado en llamar. Una mamá que siente lo mismo que otra sin importar la ideología política. Una mamá que vio como a los 13 años de lo sucedido, el entonces Juez Federal de Tucumán, doctor Jorge Parache, dejaba en libertad a uno de los asesinos de mis muertos, condenado a prisión perpetua por “Buena conducta, mantener limpia su celda y leer la Biblia” según me lo expresó personalmente. Adujo también a los Organismos de Derechos Humanos. ¿De qué Derechos Humanos me hablaba?, Yo no lo escuché jamás, ni cuando asesinaron a Cristina, tampoco en las operaciones de Fernanda y mucho menos cuando Luciana nació sin papá.

Me pregunto: ¿Los asesinatos de Humberto y Cristina no se consideran de Lesa Humanidad?

Todas las madres debemos tener los mismos derechos. Hemos sufrido por igual y vivido el mismo dolor. Debemos tener las mismas consideraciones, ser dignas de respeto por parte de quienes nos gobiernan. Las madres de las víctimas de la subversión somos discriminadas. Para el dolor y el sufrimiento no existen ideologías.

PESE A TODO LO QUE ESTOY VIVIENDO MI ESPÍRITU PACIFISTA SIGUE INALTERABLE. QUIERA EL SEÑOR QUE LLEGUE EL MOMENTO DE PODER CAMINAR TODOS JUNTOS. SEGURO QUE ESO SUCEDERÁ CUANDO DESDE EL GOBIERNO DEJEN DE ALIMENTAR EL ODIO, EL RENCOR, LOS RESENTIMIENTOS Y SE CUENTE POR FIN LA HISTORIA COMPLETA YA QUE CUANDO NO ES TOTAL ES DOBLE MENTIRA.

Estoy aquí de piE frente a ustedes, creyendo cada día en la Justicia Divina.

Agradezco su atención y el silencio que me brindaron.

Me despido con una estrofa que el Mayor (R) Luis Daniel de Urquiza expresara a la memoria de mi hija María Cristina:

“Sigue velando por nosotros en la Gloria,
Que aquí estos varones y mujeres
Tienen con que hacerse cargo de la historia”

Gracias y hasta siempre,
Maby Picón, viuda del Capitán Viola asesinado junto a su pequeña hija el 1º de Diciembre de 1974 en Tucumán

NOTA: Las imágenes y destacados no corresponden a la nota original.