miércoles, 14 de mayo de 2014

LA MÁQUINA DE HACER CHORIZOS

08/05/2014                                                        
Por Mauricio Ortín

En el juicio por crímenes de lesa humanidad llevado a cabo en Salta, más conocido como “megacausa Salta”, resultaron con condena trece de los juzgados y dos -Marcelo Gatto y Fernando Chaín- fueron absueltos. A estos últimos se les atribuía responsabilidad como “partícipes secundarios” en la desaparición del conscripto Víctor Brizzi, hecho ocurrido dentro de los primeros días del mes de marzo de 1976. Ello debido a que el 8/5/2008 (tener presente esta fecha), el ex conscripto Villalba Ovejero (compañero de Brizzi en el servicio militar) declaró que fue testigo cuando personal de la guardia del cuartel buscó Víctor Brizzi para que éste acudiera a la misma para recibir información sobre su padre enfermo. Fue la última vez que se vio a Brizzi. Recordó, también, así como al pasar, a Chaín y Gatto como subtenientes durante el período de instrucción; mas, en ningún momento, ni de manera alguna, los vinculó con el hecho de la desaparición del soldado Brizzi. Con apenas veinte años y recién salidos del Colegio Militar de la Nación, Chaín y Gatto, se encontraban allí como los otros cientos de oficiales y suboficiales que revistaban en el cuartel que tuvieron la fortuna de que no los nombrara Villalba Ovejero. Fortuna, digo, porque ese mero ser nombrados fue suficiente para que un juez y una Cámara Federal (integrada por otros tres jueces) consideraran que existían motivos sobrados para llevar a Chaín y Gatto a juicio oral por la desaparición de Víctor Brizzi. Pero, hay más…

Cristina Cobos

Ya en juicio oral, la fiscalía sacó a relucir la carta ganadora que tenía guardada. El as de espadas resultó ser el testimonio clave de la señora señora Cristina Cobos (esposa de Brizzi en el momento de su desaparición). Fue así que, después de treinta y siete años de no decir una palabra al respecto, declaró que Gatto y Chaín la interrogaron en el cuartel en ocasión de que ella se apersonara a preguntar por su marido. Los reconoció a ambos, sostuvo, cuando en el año 2006 en el juzgado de instrucción le mostraron los respectivos legajos, de Chaín y Gatto, con sus fotos. Pero, ¿Cómo puede ser posible tal cosa si recién en el año 2008, Chaín y Gatto, son nombrados por vez primera en la causa? Para despejar dudas nada mejor que ir al Acta de Reconocimiento firmada por Cobos que obra en el expediente. Pues bien, ésta no menciona ni a Chaín, ni a Gatto en parte alguna. Lo que no podía ser de otra manera porque, a pesar de que Cobos declaró que, en el año 2006, en tres oportunidades reconoció “especialmente” a Gatto y sólo en una a Chaín, los legajos de estos recién se incorporaron al expediente en el año 2008. Así, el “as de espadas” de la fiscalía y la querella se convierte en un “cuatro de copas” y la “prueba irrefutable” en un grosero falso testimonio. Sin embargo, nadie pidió el procesamiento de Cobos. Ni el fiscal Ricardo Toranzos (que tiene la obligación), ni las querellas, ni las defensas lo hicieron. Peor aún, los querellantes, increíblemente, fundaron sus alegatos solicitando las condenas para, Gatto y Chaín, en el “reconocimiento” de Cobos. El fiscal Toranzos fue, todavía, más allá; porque, acto seguido de admitir la falsedad de Cobos y sin siquiera sonrojarse, indicó  de que se trató de “una pequeña mentira” que no cambiaba en nada la situación de Chaín y Gatto.


Pero, hay más todavía. Porque los fiscales federales Snopek y Sivila, revisores del juicio, no vinieron por el falso testimonio de Cobos sino que, enfáticamente, sostuvieron que la sentencia, dictada el 20 de diciembre de 2013, es arbitraria, no observa las formas procesales y aplica erróneamente el Código Penal. De allí, que demandan se revea la absolución a Gatto y Chaín, para los que solicitaron la pena de 3 años y 8 meses de prisión, como partícipes secundarios del delito de privación ilegítima de la libertad agravada, pedida en el alegato del juicio por el fiscal federal Ricardo Toranzos.


Que nadie se engañe al buscar responsables; porque esta “máquina de hacer chorizos” que es la justicia federal no es más que la imagen que, a los argentinos, le devuelve el espejo.