domingo, 17 de agosto de 2014

164° ANIVERSARIO DEL FALLECIMIENTO DEL GENERAL DON JOSÉ DE SAN MARTÍN


El 17 de agosto de 1850 en Boulogne Sur Mer - Francia, pasó a la inmortalidad el 'Padre de la Patria'; el señor general Don José de San Martín. Hoy es un día de respeto, admiración y reflexión sobre los valores que nos legó el ilustre soldado libertador de Argentina, Chile y Perú.


NO MORIRÁ TU NOMBRE


El 17 de agosto de 1850, el gran capitán del glorioso ejército de los Andes exhalaba su último suspiro. Lejos de su patria, lejos de sus afectos, lejos de los pueblos que galopó tantas veces guiando a sus aguerridos granaderos, liberando naciones, mostrando el temple y la valentía de todo general que se jacte de lucir el uniforme del ejército patrio.

Hoy siniestras sombras se abaten una vez más sobre nuestro cielo. Infelices voces supuestamente revisionistas pretenden desmerecer a nuestros padres fundadores, suplantándolos por falsos ídolos de pies de barro, funcionales a sus foráneas ideologías. Hoy como ayer el padre de la Patria es ignorado, ni sus fieles granaderos custodian su sepulcro. Una horda de palurdos se posó sobre la Nación pretendiendo el olvido del héroe.

Pero tan vano esfuerzo está destinado al rotundo fracaso. Como bien lo dijera don Olegario V. Andrade en el párrafo final de su ofrenda al Gran Capitán...

¡No morirá tu nombre!
Ni dejará de resonar un día
Tu grito de batalla,
Mientras haya en los Andes una roca
Y un cóndor en su cúspide bravía.–
¡Está escrito en la cima y en la playa,
En el monte, en el valle, por doquiera
Que alcanza de Misiones al Estrecho
La sombra colosal de tu bandera!

No soy escritor ni historiador, por lo cual me permito ofrecer como humilde homenaje al General don José de San Martín, una breve  y emotiva semblanza salida de la pluma del reconocido escritor y diplomático don Abel Posse quien, seguramente, sabrá disculpar este atrevimiento.

Juan Manuel Otero

"Hasta hace poco podía ir erguido, con su bastón y su chalina, por la calle de la iglesia hasta la plaza del municipio. Todavía podía comprarse algún cigarro bueno si había llegado desde Perú el demorado giro de su devaluada pensión. El librero, el almacenero, el notario, lo saludaban con respeto. El Intendente alguna vez les había hecho saber que era un gran general, que había vencido a regimientos de España que no había podido derrotar el mismo Napoleón. Le decían le général."

"Antes cuando todavía podía hacerlo, él mismo iba a encargar carne de vaca que hacía cortar de una forma extraña. Una vez, el Señor Brunet, dueño de la Boucherie Chevaline contó que el general había señalado con el bastón la cabeza de caballo dorada, insignia del negocio, y le había dicho: “no se deben comer los caballos, señor Brunet”.

"Sería porque en algunas noches sus entresueños se llenan de caballos. A veces son las mulas firmes y astutas, en el terrible frío y en los roquedales andinos, otras son los caballos cargando por el llano con los ojos enrojecidos, la crin al viento, echando espuma. Le parece oler el noble sudor cuando su asistente le retiraba la silla y el mandil y los acariciaba."

"A veces tiene la suerte de ser visitado por lo que es para él la más noble de las músicas: el retumbar creciente de los cascos cuando su regimiento azul iba tomando carrera y ya se ordenaba desenvainar sables y bajar lanzas. Si fuera poeta, si no fuera tan reservado, trataría de escribir para retener eso que se siente. Trataría de decir que es algo grande, una exaltación suprema de la vida, como la culminación del amor. Centauros. Los caballos criollos y los granaderos con sus chaquetas que él mismo quiso que fueran las más elegantes, pese a la poca plata que pudo mandarle el abnegado Pueyrredón."

"Son amigos inolvidables. Los caballos del combate, los de las infinitas marchas por los despeñaderos, los del triunfo (cuando entró en Lima y encontró la sonrisa de Rosa) o los callados compañeros que lo trajeron desde Guayaquil, enfermo, hasta su chacra en Mendoza. “Fue más o menos cuando murió Remedios. Y seguramente cuando yo empecé a morir”.

"¿Cómo puede haber gente que coma caballos?"

Abel Posse. “La Santa Locura de los Argentinos”

Fragmento pág. 78/9