domingo, 31 de agosto de 2014

EL NARCOPRESIDENTE Y EL GENERAL



Por el Lic. Jorge P. Mones Ruiz

Seguramente en un país normal las declaraciones en los medios de prensa efectuadas por la jueza María Romilda Servini de Cubría (a raíz del caso de la efedrina) asegurando que los “narcos” se comunicaban por teléfono con cierta frecuencia con la Casa Rosada -sede de la Presidencia de la Nación– y amenazando, dicha magistrada, con allanar la misma, constituyen situaciones que, por mucho menos, ardería Troya.

Sin embargo, no esperemos reacciones ni de los “padres de la Patria” del Congreso Nacional ni de aquéllos que pretenden ser alternativa de gobierno desde la oposición. Nunca podrán ser parte de la solución del problema los que fueron parte del mismo. Más de uno integró la asociación ilícita del “Cartel de la Rosada”: ¿cómplice o “pelotudo caro”?, parafraseando a nuestro filósofo de cabecera sindical, Hugo Barrionuevo.

Con este caso de la efedrina, los hermanos Zacarías (funcionarios kirchneristas), el ex secretario de SEDRONAR, José Ramón Graneros, responsable de la lucha contra el narcotráfico y perteneciente “al más íntimo riñón patagónico” de Néstor Kirchner y su heredera, pasa lo mismo que con el caso Ciccone. ¿Podrían el vicepresidente Boudou y los funcionarios administrativos mencionados delinquir sin la venia de arriba? No son pocos los analistas, más allá del sentido común, que opinan que es imposible. No nos tomen por “boudoudos”.

Y acá estamos y vamos… rumbo al “estado fallido”.

Mentirosos, ladrones, adictos, coimeros, contrabandistas, rufianes, vulgares y “vulgaras”, etc.… muchos en el poder, tapados con las listas sábanas unos y con obediencias debidas abyectas que prometen fe y esperanza, otros. No tenga dudas, lector, que intentarán seguir usurpando el poder logrado en la “década robada”.

Años atrás, en un acto que pretendió ser audaz, sólo posible con la complicidad, genuflexión y falta de coraje de un general que seguramente dejó sus atributos colgados en el Arco de Entrada del Colegio Militar de la Nación cuando se graduó como oficial, Néstor Kirchner hizo bajar el cuadro del General Videla en el Patio de Honor del instituto castrense mencionado. El fallecido militar acumulaba todas las culpas de un malogrado proceso político. Era el mayor responsable de todos los desatinos del gobierno de facto y de los supuestos 30.000 muertos y desaparecidos en la guerra revolucionaria, cifra cuestionada ahora por muchos que en esa época tomaron las armas contra el estado argentino. Hasta la CONADEP no llega a contabilizar más de 8.000. Pero no importa la cantidad, jamás justificaríamos una muerte injusta y hubiese sido deseable evitar las propias de una guerra, cosa imposible. El punto es ¿cuántos argentinos, indefensos e inocentes, han muerto en estos años del kirchnerato narconacional y narcopopular, producto de la inseguridad, el hambre, la desnutrición, los negociados, la corrupción, la droga, la falta de salud, etc.?

El Papa Francisco, según los medios, suele solicitar a quienes lo visitan: “Cuiden a Cristina”. Pero, con todo respeto, Su Santidad,  ¿quién nos cuida a nosotros de Cristina?

Sólo espero que alguien, no sé quién, pero que cuando no debamos más cuidarnos de Cristina, tome el ejemplo de Kirchner y, en vez de bajar cuadros, borre el nombre de las calles, avenidas, puentes, edificios, represas, etc. que llevan el apellido del jefe de la mafia que logró instalarse en la Casa Rosada y transformarla en un cartel desde el 2003.


El que lo prometa tendrá mi voto, y cuando lo haga logrará el liderazgo necesario y suficiente para tomar las medidas pertinentes y oportunas para que nuestra Argentina, como el “Ave Fénix”, renazca de sus cenizas, …y con la ayuda de Dios, para siempre.