martes, 19 de agosto de 2014

VIENEN POR LOS EMPRESARIOS

17/08/2014                                                         
Por Mauricio Ortín
                       
Casi por deformación profesional, con las excepciones de rigor, los políticos tienden naturalmente a autocalificarse como los mejores de la sociedad. En países como la Argentina, por ejemplo, el culto a la personalidad que el gobernante de turno hace de sí mismo, de tan insistente y cotidiano, tiene lugar como algo propio y normal del sistema democrático cuando, en realidad, es todo lo contrario. Como es obvio en nuestro país, el tácito y verdadero objetivo de la propaganda oficial no es informar los actos de gobierno sino promocionar de manera descarada al gobernante de turno y su gestión, ya sea para afianzarlo en el cargo o para relanzarlo a otro. Todo, como es evidente, financiado con recursos públicos; lo que, a su vez y por ende, aniquila el proceso de competencia leal de selección de autoridades en las urnas. Es claro que aún montando el mejor corcel, ganarle las elecciones al “matungo del comisario” es casi imposible. (Así y todo, son más democráticas que las “carreras” en Cuba, donde “el caballo de Fidel” siempre llega primero porque corre solo.) De allí que el Consenso Político celebrado en Salta por estos días representa un hecho de madurez y racionalidad política que abriga esperanzas. Puntualmente, el acuerdo para limitar el mandato del gobernador a sólo uno y de los intendentes y legisladores a dos. Nada más placentero a los oídos de los que aman la libertad escuchar que se le limitará el tiempo en el poder al individuo que se encuentre  a cargo del Estado. Nadie en este mundo es imprescindible y menos todavía los déspotas que, en nombre de la patria y los desposeídos, arrasan con la vida, la libertad y la hacienda de quienes  producen riqueza. La convocatoria presidencial con la consigna “Patria o Griesa” persigue un principal objetivo: el de diluir, ocultar o endilgar al conflicto de la deuda, la desastrosa gestión presidencial kirchnerista. Sin reservas monetarias suficientes, sin crédito, sin recursos energéticos, con caídas en la producción de bienes y con un déficit fiscal enorme el país atraviesa por una crisis que (por lo menos para paliarla) requiere cualquier cosa menos exasperadas peroratas presidenciales. Menos, todavía, leyes de corte nazi-fascista como la ley de Abastecimiento o la antiterrorista aplicada a la firma Donnelley.

Respecto de la propiedad privada empresarial, según Alberto Benegas Lynch (hijo), el totalitarismo de izquierda se diferencia del nazi-fascista en que, el primero, simplemente elimina al dueño y se apropia por la fuerza de la empresa, en cambio “…la política fascista le permite al aparato estatal echar mano de los fondos de los particulares sin transferir títulos. Este procedimiento es más torvo y menos sincero que el comunismo…” Es, típicamente, fascista solicitar la aprobación de esta clase de leyes en medio de invectivas a los empresarios y como consecuencia del fracaso del control estatal de precios. Pero, tal fracaso, como está demostrado hasta el hartazgo por las leyes de la economía, no obedece a que los empresarios aumenten los precios de puro codiciosos sino a que el gobierno no detiene la máquina de fabricar billetes. Si no se aumentan los precios y los salarios (otro precio), salvo el gobierno, todos trabajaremos a pérdida. “No queremos que los empresarios nos fundan a los argentinos" dijo la presidente en otro de sus raptos de insolencia cívica al aludir al proyecto de ley presentado para arrasar con la empresa privada y así salvar al kirchnerismo.

No son los empresarios (por lo menos no los empresarios K) los que funden a los argentinos. Tampoco se aprecia que los políticos kirchneristas estén sumidos en la pobreza, todo lo contrario. Más bien, son los empresarios privados, desde el humilde emprendedor albañil hasta el gran productor de soja los que aportan con sus impuestos para que, entre otras cosas, un avión le lleve los diarios al Calafate, para financiar el rojo de 300 millones de pesos de “Sueños compartidos” de Hebe de Bonafini o para sostener “Telesur”, la empresa venezolana de televisión que dedica la mitad de su programación a difundir propaganda antisemita y la otra rendir  culto a la personalidad de los sátrapas Fidel Castro y Hugo Chávez.


Señores empresarios: Cuando les llegó el turno a las FFAA, ustedes nada hicieron pues no son militares. A poner las barbas en remojo,… vienen por ustedes.