viernes, 12 de septiembre de 2014

LA LEY DE ABASTECIMIENTO PARA EL DESABASTECIMIENTO


07/09/2014                                                                

Por Mauricio Ortín


Venezuela se parece cada vez más a Cuba y la Argentina cada vez más a Venezuela. La ley de abastecimiento que Cristina Kirchner quiere aprobar en el Congreso Nacional es una copia de la ley venezolana que ha dado el tiro de gracia a la producción y a la oferta de bienes en ese país. La pretensión fascista “bolivariana” de dirigir las empresas privadas por sobre sus propietarios ha terminado como tenía que terminar: con la quiebra de las empresas y el consecuente desabastecimiento. El mejor Estado posible, como empresario, es un pésimo ejecutor y administrador dado que su objetivo no consiste en  ganar dinero, y una regla elemental establece  que un emprendimiento económico subsiste en la medida que no produzca  más pérdidas que ganancias. Ni la estatización comunista, ni el control fascista de las empresas privadas han mejorado en nada el índice de consumo de los más humildes; más bien, todo lo contrario. Ahora mismo, en Venezuela, la oferta de bienes está en caída libre. Para remediar la crisis, el gobierno fascista de Nicolás Maduro dio un giro de 180º y, al control de las empresas, sumó el control de los consumidores. Según dicen, un pajarito le habría advertido al presidente que el desabastecimiento se debe a individuos, que nunca faltan, que compran más de lo que necesitan con el específico y perverso objeto de generar el caos político-social. La reacción de Maduro ha sido inmediata y tecnológica. Consiste en identificar (a través de las huellas digitales) y castigar al “delincuente” que, no obstante haber comprado el litro de leche asignado, con cara de “yo no fui”  se pone al final de la larga cola para comprarlo por segunda vez. En Cuba, en tanto, el tema del abastecimiento tiene sus contras pero también sus pros. A propósito de la leche, por ejemplo, es de destacar que Fidel Castro ha logrado bajar su precio en forma dramática y revolucionaria (al punto de que  allí el litro de leche es el más barato del planeta.) El detalle de que no esté disponible a la venta porque no hay, se solucionará (dicen) cuando haya. Hasta que ese día llegue, los cubanos siguen disfrutando del tiempo que les deja el hecho de no perderlo en una cola para comprar leche. En la isla caribeña ser empresario local representa la comisión de un delito que se paga con la cárcel. No sucede lo mismo con el “cochino” capitalista empresario extranjero que la visita como turista. Para él se reservan mejores playas, hoteles y servicios que el socialismo pueda brindar a un burgués y se prohíben a los cubanos. De allí que, aún en Cuba, sea el turismo capitalista y las remesas de dinero que los cubanos reciben de los familiares que viven en Miami el verdadero sostén de la economía socialista  El proyecto de ley de abastecimiento que los senadores y diputados nacionales kirchneristas se disponen a aprobar tiene como único objetivo el ganar tiempo para salvar de la derrota electoral. La intención es seguir con la emisión de moneda sin respaldo pero esta vez, dado el fracaso de “los precios cuidados”, impedir desde adentro de las empresas que estas aumenten los precios. Es decir, enajenarles (vía inflación) el capital de trabajo para financiar la compra de votos y los sueldos de la Cámpora. A esa patraña se reduce todo el cacareado proyecto de inclusión kirchnerista-chavista. Y, para cuando la plata para comprar voluntades se acabe porque se acabaron los empresarios el desabastecimiento capeará a sus anchas y será el momento  (Cristina no es de achicarse) de quitarle a Cuba el record y ostentar nosotros el “orgullo” de tener el precio del litro de leche más barato del mundo.