viernes, 17 de octubre de 2014

CRISTINA PREGUNTA, YO RESPONDO


Humilde y respetuosamente doy a conocer mi respuesta a la pregunta de nuestra Presidente, instándonos a pensar en ¿Qué hubiera pasado si no ganaba las elecciones de 2007 y 2011?

Afortunadamente la República Argentina  ha cumplido con una deuda de vieja data, cual es la colocación, finalmente, de un satélite que ocupe la órbita 81, otorgada a nuestro país por la Unión Internacional de Comunicaciones en el año 1998. En el medio quedaron algunos frustrados hitos.

El permiso de uso de la órbita tenía vencimiento por caducidad en 2002 para el caso de no lograr subir un satélite, responsabilidad que asumió la empresa Nahuelsat quien, antes de dicho plazo, debía poner en funcionamiento el Nahuel II. El proyecto no pudo llevarse a cabo, llegándose al vencimiento sin resultado alguno.

En estas circunstancias la UIT concedió una prórroga hasta el 19 de octubre de 2005 y dos días antes pudimos colocar en órbita un satélite contratado en Canadá por el entonces Secretario de Comercio Guillermo Moreno. Se trataba de un viejo y “cascoteado” satélite, el Anik E2 que desde 1991 giraba fuera de uso dañado por una tormenta solar.

La “exitosa” maniobra fue ampliamente publicitada por el gobierno, rebautizando al viejo satélite con las siglas PP1 (Pueblo Peronista 1) y así el 17 de octubre de 2005 finalmente cumplimos con el compromiso asumido.

Treinta y tres días después, el PP1 dejó de funcionar y sus señales desaparecieron del espacio. Ignoro si ante su vetustez y desuso Canadá lo regaló o pagamos algún canon por la frustrada locación.

Y es así que, luego de 9 años, las vísperas de otro 17 de octubre nos encuentran festejando nuestra conquista espacial. La Presidente, a través de la cadena nacional ha puesto en marcha el ARSAT 1 que viene a levantar en parte las bajas calificaciones que el país mantenía en el campo de las comunicaciones espaciales.


Hemos logrado la “soberanía nacional” con el lanzamiento del “primer satélite geoestacionario 100% argentino” al decir de nuestros orgullosos funcionarios. Nos incorporamos en definitiva al selecto grupo de países que producen este tipo de satélites (USA, Rusia, China, Japón, Israel y la Eurozona).

El orgullo nos embarga “Hasta hace diez años pensar que los satélites podíamos hacerlos nosotros y no comprarlos al extranjero por medio de licitación era imposible. Hoy hasta hay proyectos para exportarlos”, dijo eufórico hace unos días Héctor Otheguy , gerente general de INVAP, la empresa pública a la que se encargó la construcción del satélite.



“Pero ni todo el ARSAT-1 es argentino ni solo Argentina ha participado en su desarrollo. Como sucede en la mayor parte de los casos en los que un país sin un fuerte arraigo en el sector espacial da sus primeros pasos, gran parte del satélite proviene de países con tecnología más avanzada. Por ejemplo, la carga útil del satélite, es decir, todos los instrumentos tecnológicos que le permiten realizar su función , han sido fabricados por Thales Alenia Space, una empresa europea que fue licitada por INVAP para esta tarea. Lo mismo pasó con los sistemas de propulsión y el ordenador de abordo, que han sido encargados a Astrium, una filial de la multinacional europea EADS. De hecho, la gran mayoría de los componentes físicos del ARSAT-1 han sido fuera de Argentina”. (El País, 8/09/14 “El satélite 100% argentino que se fabricó en Europa”).

Y es en estas circunstancias en que me llama la atención la efusiva e innecesaria propaganda oficial que se ha dado a este lanzamiento que, en definitiva no es más que honrar una obligación cuyo incumplimiento nos hubiera alejado del mundo de las comunicaciones aeroespaciales con nefastos resultados. Es como si en 1978, los funcionarios de facto de ese entonces, hubieran montado un show similar, con militantes llevados en micros fletados a tal fin, para anunciar que Argentina tenía finalmente televisión en colores.


Pero lo que más me sorprende de los rutilantes festejos, son las palabras de la Presidente de la Nación al preguntarse y preguntarnos a todos los argentinos ¿Qué habría sido de la Argentina si ella no hubiera ganando las elecciones de 2007 y 2011?, invitándonos a reflexionar al respecto.

Y me atrevo  a  responderle  Sra. Presidente que se trata de una pregunta inútil, tanto porque nadie tiene (por lo menos yo no los tengo) poderes ocultos que permitan ver qué habría sucedido si algún hecho del pasado hubiera sido distinto a lo que fue, cuanto por la simple razón de que aunque se lo llegara a saber sería imposible cambiar ese pasado. ¿Qué habría sido del Regimiento de Granaderos si Cabral no le hubiera salvado la vida al entonces Coronel San Martín? ¿Qué habría pasado si Lee Harvey Oswald erraba su disparo? ¿Qué habría pasado si Poncio Pilatos no hubiese optado por lavarse las manos? IMPOSIBE SABERLO.

Sólo conjeturas, sólo múltiples probabilidades de corte subjetivo a gusto de cada uno. Y si de libertad de opinión se trata, puedo dar la mía, aunque repito, no tengo poderes extrasensoriales, no soy quiromántico, ni leo la borra del café. Apenas tengo absoluta libertad de pensamiento y no adhiero a partido político alguno, lo cual me pone al margen de cualquier sospecha de llevar agua para ningún molino.


Y lo que pienso, Sra. Presidente, es que si  usted no hubiera ganado las elecciones, tal vez hoy en Argentina no estaría instalado el odio y el enfrentamiento entre argentinos, tal vez la fraternidad ocuparía el lugar de los ataques y el diálogo respetuoso el de los insultos y descalificaciones, el intercambio enriquecedor de los adversarios el lugar del artero ataque al “enemigo”. Eso en cuanto a las relaciones entre hermanos. En cuanto a la situación de nuestra Patria, pienso que tal vez si Ud. no hubiera ganado las elecciones, la República no estaría renga y los tres poderes serían independientes como lo pensaron los padres de la Patria. Pienso que quien ocupase el sillón de Rivadavia tal vez cumpliría con la Constitución Nacional y se encargaría de distribuir la renta nacional a través de una genuina coparticipación federal sin beneficiar ilegítimamente a los amigos y castigar a quienes no lo fueran, sólo por disentir políticamente. Pienso que tal vez podríamos salir a la calle sabiendo que regresaríamos sin ser asaltados, asesinados o gravemente heridos por bandas de jóvenes drogados sin trabajo, sin estudios y sin orientación de ningún tipo. Pienso que tal vez estaríamos en buenas relaciones con el resto del mundo y no aislados política y financieramente, sólo hermanados con los peores violadores de los derechos humanos del mundo. Pienso que en lugar de narcotraficantes con pistas de aterrizaje a disposición en tantas provincias y criminales echados de sus países, llegarían a nuestra Patria, como lo fue siempre, inmigrantes con ganas de trabajar y fundar familias bajo las pautas de respeto, responsabilidad, cumplimiento de la ley y amor a la nación que los recibe. Pienso que si usted no hubiera ganado las elecciones, tal vez la justicia sería eficiente y sin interferencias nefastas, pienso que actuaría en forma independiente del poder ejecutivo, encarcelando a los criminales y a los funcionarios corruptos como sucede en cualquier país serio.  Pienso que tal vez no habría presos políticos que arrastrasen una década sin pruebas coherentes en su contra, sin sentencia, con su encierro basado en ley posterior a los hechos imputados. Pienso en que tal vez los Derechos Humanos serían una sana política de estado aplicable a todos y no un negocio fabuloso e ilegítimo para unos pocos. Pienso que los argentinos podríamos comprar dólares libremente pero que no lo haríamos porque, sin inflación, nuestra moneda seria apreciada. Pienso que no habría enriquecimientos súbitos e injustificados basados sólo en perversos privilegios, pienso en que los funcionarios del gobierno podrían salir a la calle, ir a restaurantes o a presenciar espectáculos mezclados con el pueblo, sin feroces escoltas y sin ser insultados en cada excepcional aparición, pienso que no habría negociados corruptos y protegidos en cada timbre que se tocara de la Administración Publica. En fin, Señora Presidente, es mucho más lo que podría llegar a pensar a causa de su invitación, pero no creo que a usted le interese.

De cualquier forma, muchas gracias por el convite.

Juan Manuel OTERO

NOTA: Las imágenes no corresponden a la nota original.