jueves, 30 de octubre de 2014

ENTREVISTA AL GENERAL LUIS MENDIETA, VÍCTIMA DE LAS FARC Y BRIGADIER GENERAL DE LA POLICÍA COLOMBIANA

por Ricardo Angoso
@ricardoangoso

Tras haber pasado casi doce años secuestrado por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y haber sido testigo de la sangrienta toma de Mitú a manos de ese grupo, el Brigadier General Luis Mendieta es hoy un hombre libre que expone libremente sus opiniones y sin pelos en la lengua, como se dice vulgarmente. Hoy, cuando revive todos esos acontecimientos que vivió después de ser liberado por el Ejército Nacional, mantiene un cierto escepticismo acerca del proceso de paz que vive el país.

Ricardo Angoso: ¿Cómo ve el proceso de paz con las FARC, cree que las negociaciones están avanzando?

Luis Mendieta: No vemos grandes gestos por parte de las FARC. Recordemos que ya han sido varios gobiernos los que les han hecho concesiones y esta organización no muestra un verdadero espíritu diálogo. No olvidemos que hace unos años el presidente Andrés Pastrana les cedió una zona de despeje de 42.000 kilómetros, en el Caguán, que fue una concesión enorme a los terroristas, y sin embargo siguen con el mismo discurso que cuando yo estaba en mi cautiverio. Cuando yo estaba secuestrado siempre me repetían que llevaban cincuenta años combatiendo para llegar al poder y que podían estar otros cincuenta más para conseguir ese objetivo, entonces, en ese orden de ideas las FARC no han cambiado y siguen con el mismo discurso. ¿Qué esperanzas puede tener uno si sigue escuchando lo mismo?

Obviamente, yo sigo siendo escéptico con respecto a este proceso y con este estado de cosas. Nosotros, como todos los colombianos, estamos muy interesados en que haya paz en Colombia para nuestros hijos y nietos puedan vivir en un país normal, pero desafortunadamente las FARC no han dado el primer paso ni muestras de que lo vayan a dar en el sentido de que quieren la paz. No se ve ese deseo o ese anhelo por su parte, sino más bien lo contrario.

R.A.: ¿Cree que usted la FARC tienen voluntad política para negociar ahora el fin del conflicto?

L.M.: Seré repetitivo con lo que fue mi situación de cautiverio y siempre repetiré las palabras de cuando estuve allá, secuestrado, en manos de las FARC. Las FARC siempre nos dijeron que cualquier concesión que les haga el gobierno nacional, la utilizarían al máximo para avanzar en sus objetivos. Cada paso que el gobierno ceda en sus pretensiones, ellos lo aprovechan pero sin ceder en nada y sin dejar la violencia. Así llevamos muchos años.

Y en estos treinta meses que se llevan de aproximación a las FARC, vemos que el gobierno cedió mucho y les dio muchas alas y expectativas en la sociedad internacional. ¿Y qué decir de los diálogos de La Habana? El gobierno se ha jugado mucho para levantar órdenes de captura, para crear las condiciones para que los integrantes de las FARC puedan ir a Cuba… Incluso se han levantado algunos operativos en varias zonas del país para permitir que los cabecillas de las FARC puedan viajar hasta La Habana y seguir con ese proceso de paz. Pero, nuevamente, me pregunto, como todo el pueblo colombiano, ¿cuándo van a mostrar la FARC que tienen voluntad de avanzar hacia la paz y hacer verdaderos gestos para lograrla? De momento, desde luego, no lo han hecho.

“El principal escollo para que las FARC abandonen
la actividad armada es el narcotráfico”: Mendieta
(Foto Ricardo Angoso)

R.A.: Le pregunto a usted como víctima: ¿qué papel deben tener las víctimas en el proceso?

L.M.: Las víctimas deben ser la parte central. Desafortunadamente, en este proceso de paz las FARC pretendieron que no se les diera visibilidad a las víctimas que habían generado por sus hechos terroristas, es decir, querían que el pueblo colombiano y la comunidad internacional les viera a ellos como víctimas y no como verdugos, que es lo que realmente son. Al no reconocer a las víctimas que ellos mismos han ocasionado en estos cincuenta años largos de conflicto, pues en ese mismo momento se ve que no hay sinceridad por su parte, ni arrepentimiento, ni contrición. Cuando reconozcan algún día a las miles de víctimas que han dejado a lo largo y ancho del país, pues estaremos dando un mínimo paso para avanzar en ese proceso de paz.

No olvidemos que hay reclamos de muchos sectores que han padecido el conflicto en Colombia, tanto por razones sociales, políticas y económicas, y que han sido víctimas de todo tipo de violencias y conflictos. Se tiene que atender a todo el mundo, incluso a los que fueron víctimas de los paramilitares, pero creemos que ese capítulo se cerró cuando se negoció con estos grupos y se les dio una salida judicial. Tendrá, eso sí, que haber una reparación por parte de los tribunales a las víctimas del terrorismo paramilitar, pero es un caso muy distinto a las víctimas de las FARC.

El problema es que las FARC no quieren reconocer a las víctimas que han creado por sus hechos violentos, pretenden obviarlas, dejarlas fuera de juego. Cuando fui a La Habana incluso he llegado a escuchar que a los miembros de las Fuerza Pública que han detenido pretenden tratarlos como prisioneros de guerra. Y que a los líderes políticos secuestrados por ellos, como Ingrid Betancourt, fueron tratados como prisioneros políticos. Tratan mediante argucias demostrar que no han cometido ningún delito desconociendo todas las normas del derecho interno e internacional, al no reconocer los tratados internacionales que ha firmado el gobierno nacional y el Estatuto de Roma. Buscan la impunidad ignorando todas las normas de derecho, y ese punto es inaceptable.

R.A.: ¿No le parece aberrante que quien cuestiona el proceso de paz sea tratado por el gobierno del presidente Juan Manuel Santos como "enemigo de la paz"?

La operación Camaleón, donde se liberó
al hoy General Mendieta

L.M.: Sí, hay términos que se utilizan no muy afortunadamente en un país que ha sufrido tanto con la violencia. Se tratan de ver las cosas como blanco o negro, pero resulta que no es así. Pienso que si hay gente que aporta una versión diferente sobre cómo avanza el proceso, es bueno, son distintas visiones y perspectivas. Creo que se aportan nuevas luces y eso es positivo, conseguimos construir propuestas conjuntas que nos permitan avanzar. Tachar a unos de amigos de la paz y a otros de enemigos, como se hace veces desde el poder, es un despropósito no adecuado. No se puede demonizar a nadie porque tenga otras ideas. Cada una reclama sus legítimos derechos. Colombia es una democracia y se tiene que escuchar a todo el mundo en igualdad de condiciones.

R.A.: ¿Piensa que en La Habana se negocia o se escenifica, hay otros negociadores detrás de este proceso?

L.M.: Hay dirigentes políticos que quieren intervenir en el proceso y que no ponen las cartas sobre la mesa. Para mí está claro que allá no solo negocian los cabecillas de las FARC, sino otros líderes políticos que quieren influir en los resultados. Y que orientan y dictan cátedra y doctrina de cómo se tiene que negociar. Se busca condicionar unos resultados. Deberían expresarse las universidades y expertos acerca del proceso, también sobre los conceptos y doctrinas de cómo conducir el proceso. También las cortes de justicia deberían pronunciarse acerca del alcance del proceso. Luego pienso que se debía de haber dicho a las FARC cuáles eran las condiciones y los límites en el proceso de paz para seguir negociado bajo unas premisas mínimas aceptables para la sociedad colombiana.

R.A.: ¿Comparte la opinión del Procurador General de la República, Alejandro Ordoñez, acerca de los viajes de "Timochenko" a La Habana?

L.M.: Es una decisión que compete exclusivamente al Presidente de la República, Juan Manuel Santos, al que todos los colombianos votamos para que cumpla su papel y actúe en el beneficio general. Yo pido a Dios que dé sabiduría al Presidente y a todos los miembros de su gobierno para que actúen de acuerdo a los intereses del país y para que se tomen buenas decisiones. Pero ese asunto le compete a él, no puedo juzgar ese asunto. Nosotros le hemos votado para que conduzca el país de una forma adecuada, pero también para que tome las mejores decisiones en lo relativo al proceso de paz. Si tiene que facilitar esos viajes, y lo hace porque piensa que lo tiene que hacer, le dejo en sus manos que tome esas decisiones y no quiero juzgarle.

R.A.: ¿Cree que los miembros de las FARC que están en La Habana controlan a toda la organización en todo el país?

L.M.: En principio, creo que sí. Y lo digo porque cuando estaba en cautiverio los miembros de las FARC, tanto los mandos medios como los cuadros bajos, decían que obedecían a su Secretariado, que es el que ahora está negociando en La Habana. Dicen que son obedientes. Si ese Secretariado toma decisiones, creo que el resto de las estructuras las acatarán.

El problema radica en que hay algunas estructuras están dedicadas al lucrativo negocio del narcotráfico y tienen ingentes cantidades de dinero, viven muy bien y tienen enormes privilegios a través de esta actividad ilícita. No sé cómo esas estructuras van a aceptar de la noche a la mañana entrar en un juego político en que tendrán que dejar esos negocios y aceptar determinados compromisos, va a ser muy difícil, y ahí va a radicar uno de los grandes problemas de este proceso de paz. Luego está el asunto de la geografía, pues estos grupos operan en zonas inhóspitas y de imposible acceso, ¿quién va a controlar esos territorios? Ni siquiera la fuerza pública podría llegar hasta allí y dar fe de que realmente cumplen sus compromisos.

R.A.: ¿Hay malestar en las Fuerzas Armadas por la forma en qué se está llevando a cabo el proceso de paz?

El General Mendieta y Ricardo Angoso

L.M.: Cada persona, cada grupo, parece querer imponer sus ideas y propuestas al proceso, imprimiendo al mismo lo que piensan, y descalifican las ideas de otro. Creo que hay muchas ideas y criterios y tenemos que escuchar a todos para llegar a conciliar puntos en común que permitan grandes acuerdos. Tenemos que reflexionar y debatir para llegar a puntos en común que sean los más acertados para concluir un acuerdo.

R.A.: ¿Usted cree que se pueden derrotar militarmente a las FARC?

L.M.: Los cincuenta años de guerra les ha dado una gran fortaleza. Luego el narcotráfico, la extorsión y la industria de los secuestros les ha dado una gran fuerza y dinero que no se deben desdeñar. La geografía también les ha ayudado mucho para recibir materiales y pertrechos militares y nutrir su intendencia. También nuestra sociedad tiene muchas gentes con grandes necesidades que nutren, a veces recibiendo un sueldo, a las FARC y que son vulnerables de ser reclutadas por estas fuerzas u otras similares.
Por las condiciones nuestro país, como ya he dicho, la guerra puede seguir para largo. Pero, cuando yo estaba en cautiverio, observamos cómo durante el mandato del presidente Uribe las FARC sufrieron mucho y se debilitaron enormemente. Se dieron cuenta que podrían desaparecer y así nos los hicieron saber. En ese momento de debilidad, parecían dispuestas a negociar y buscar acuerdos con el gobierno. Los últimos meses antes de mi rescate los guerrilleros nos decían que podrían negociar con Uribe. Cree que hoy en día sí se les puede derrotar porque la tecnología ha avanzado mucho y se les puede localizar y neutralizar. Por supuesto, que seguirán matando y colocando bombas, haciendo mucho daño, pero pueden ser  derrotadas, al menos así lo pienso yo.

R.A.: ¿No cree que el principal problema ahora es que las FARC dejen el negocio del narcotráfico?

L.M.: Sí, claro, pero no solo con las FARC. Sino que creo que este problema del narcotráfico también atañe y afecta al Ejército de Liberación Nacional (ELN), que nutre sus finanzas del dinero del narcotráfico, y las bandas conocidas como BACRIM[1]. Hay muchas organizaciones dedicadas al narcotráfico e incluso tienen estructuras organizadas a nivel regional. Las FARC van a seguir en este negocio, junto esos grupos que digo, porque esta industria genera muchos recursos y dinero fácil de ganar. Seguirán con su accionar terrorista y es muy difícil que dejen el negocio de la droga.

R.A.: ¿Considera que a los militares colombianos se les debe dar un trato judicial distinto por el hecho de estar inmersos en un conflicto militar?

L.M.: Por ejemplo, los Estados Unidos no permiten que sus militares sean juzgados en ninguna circunstancia y les han dotado a sus soldados de un fuero especial porque participan en muchas misiones internacionales. Protegen a sus militares para que no sufran acciones jurídicas y acaben en la cárcel. Lo mismo tiene que pasar en Colombia que sufre una larga guerra de más de cincuenta años y donde los terroristas han empleado todos los métodos y medios para acabar con los hombres de la fuerza pública, de la misma forma que lo han hecho con miles de civiles. Las FARC incumplen el derecho nacional y el internacional, sin cumplir ninguna norma, cometen crímenes y nadie les juzga. Por eso, digo, hay que proteger a los soldados y policías que luchan contra los terroristas en esta guerra. Nos enfrentamos a un enemigo implacable, en las selvas y en los montes, no en las oficinas, y tenemos que hacer frente a una guerra. Tenemos que dejar que los soldados puedan hacer frente a situaciones de combate sin que sientan el miedo de que van a ser juzgados por enfrentarse a los terroristas. Nos enfrentamos a terroristas implacables y muy crueles.

R.A.: ¿Cómo examina esa tendencia continental de juzgar a los militares por haber luchado contra el terrorismo en las últimas décadas?

L.M.: Hay una estrategia a nivel internacional, pero sobre todo de las organizaciones comunistas o los grupos cercanos a ellos, para llegar a imponer por la vía política lo que no consiguieron por la fuerza. Y cuando llegan al gobierno esos grupos juzgan a quienes les han imposibilitado llegar al poder por la fuerza y también a sus enemigos, en este caso me refiero a los militares y policías que les hicieron frente. Seguramente hubo algunos excesos en el pasado, no lo voy a negar, y quienes los cometieron tendrán que responder por los mismos, pero hay una parcialidad total por parte de algunos líderes políticos que, llevados por la venganza, buscan en estos juicios la revancha. Se pretende llevar a la cárcel a militares que les hicieron frente con las armas y les derrotaron.

R.A.: ¿Cómo acabará el proceso de paz de Colombia, se parecerá a los de América Central en su momento?

L.M.: No puedo compararlo con otro. Cada país, cada proceso de paz, es distinto en sí mismo, tiene sus propias peculiaridades, como ocurre con el de Colombia. El nuestro es muy complejo porque el mismo problema del narcotráfico imposibilita muchas cosas. Llegar a una solución final, resolviendo todos los problemas y asuntos pendientes, no será muy fácil. Se habla, incluso de legalizar la droga, pero ese ya de por sí en sí mismo es un problema muy complejo. Colombia tiene luego una geografía muy compleja y es muy difícil verificar los acuerdos que se puedan lograr. El proceso de paz para que concluya será un camino largo y complejo, no veo soluciones fáciles y en el corto plazo.



[1] Las Bandas emergentes en Colombia o bandas criminales emergentes (bacrim) es el nombre que identifica a una serie de organizaciones mafiosas que operan en Colombia.