martes, 14 de octubre de 2014

NOTA AL EPISCOPADO


Mendoza, 9 de octubre de 2014

Cuando la patria está en peligro se recurre a Dios y al soldado,
pero cuando el peligro pasa,
Dios es olvidado y el soldado es juzgado
(Cicerón)

A LO SRES. MIEMBROS DE LA EXCMA.
CONFERENCIA EPISCOPAL ARGENTINA.
SUS EMINENCIAS REVERENDÍSIMAS:

Acudimos a tan Excma. Conferencia en virtud de su próxima reunión y con la finalidad de solicitar con relación a delitos de lesa humanidad, en los que además, sistemáticamente no se han respetado principios constitucionales del debido proceso legal, se expida en forma clara sobre la necesidad de cerrar este capítulo trágico, vergonzoso y parcializado de nuestra historia y se llame a la reconciliación nacional.

Somos un grupo de ex miembros de las Fuerzas Armadas y Fuerzas de Seguridad que en la actualidad permanecemos presos en el Complejo Penitenciario “San Felipe”, en la Provincia de Mendoza, acusados (en base a conjeturas y sospechas) de haber cometido delitos de “Lesa humanidad”. Esta detención arbitraria es relevante por el hecho que junto a nosotros también están presas nuestras familias, más inocentes aún.

Sobre su origen basado en una decisión política coyuntural que destruyó las garantías  constitucionales nos expresamos a Uds. en el documento que oportunamente entregamos en vuestra Sede de calle Suipacha nº 1.034 de la CABA, dirigida al Sr. Presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, Monseñor José María Arancedo, - en el mes de junio próximo pasado- Allí fundamentamos en extenso, no obstante ello, adjuntamos como anexo  copia con firma de su recepción.


La desnaturalización de los juicios que denunciamos es corroborada, en nota publicada el 3 de marzo de 2014  en LA NACIÓN recientemente premiado por su independencia periodística, el historiador Luis Alberto Romero. Allí se hace eco de una grave preocupación que crece cada vez más, por no aplicarse en dichos procesos la exigencia de prueba fehaciente el beneficio de la duda y la presunción de inocencia. A todo eso suma la designación arbitraria de jueces y fiscales en esas delicadas causas, al igual que la existencia de denuncias de manipulación de pruebas testimoniales y arbitrariedades de otra naturaleza.

Destaca el historiador que no menos grave resulta la  escandalosa actuación de fiscales carentes de independencia e imparcialidad, además de describir otras irregularidades, todo lo que califica de ciertamente inaceptable. Como corolario, agrega, con verdadera razón, que una condena judicial es legítima tan sólo cuando realmente existen y se han aportado pruebas que deban tenerse por fehacientes, más allá de toda duda razonable.

Y que sí, de pronto, existieran manipulaciones o maniobras irregulares en la sustanciación de las pruebas en ese tipo de causas, la justicia sería reemplazada por la sed de revancha o venganza, lo que constituiría toda una barbaridad. Muchos científicos se han pronunciado en forma coincidente.

Desde el inicial pronunciamiento de la Academia Nacional de Derecho, Gregorio Badeni, Alfredo Solari, Moreno Ocampo, Pastor, Julio Strassera, el propio integrante de la CSJN. Carlos Fayt, etc. pero hemos querido citar a un estudioso de la historia para poner de relieve, que trasciende lo jurídico para ingresar en la problemática social.

De todo esto no tenemos duda alguna, como expresáramos en el documento anterior, ya que se niegan, lo que evidencia más la intencionalidad política subyacente llevada a cabo por un Poder Judicial sometido, a conceder el derecho a la prisión domiciliaria a ancianos y enfermos habiéndose provocado el agravamiento de sus dolencias y hasta la muerte.

La temeraria conducta del Gobierno, pero coherente con su estilo político y con el tratamiento del problema que nos aqueja, y que ha causado consternación en las familias argentinas, es el aprovechamiento político que hicieran del Santo Padre en la visita del 20 de septiembre pasado la Sra. Presidente. Allí temerariamente uno de sus integrantes regaló una remera de La Cámpora, agrupación política, que además de sostener inicialmente teorías ateas, se muestra -creemos hipócritamente- amistosos con la Iglesia que siempre denostó, siendo su basamento doctrinario coincidente con el pilar ideológico del terrorismo. Y de la parcializada historia actual que sirve de fundamento a la venganza que sufrimos.

Somos hombres de las Fuerzas Armadas y de las Fuerzas de Seguridad, no delincuentes. Actuamos en defensa de la Nación y en cumplimiento de órdenes emanadas del gobierno constitucional, que obedecían a una necesidad del pueblo argentino, de todos sus estamentos políticos, sociales y a la manifestada opinión de la Iglesia, de combatir y vencer al terrorismo que asolaba a nuestro país.

Éramos jóvenes sin poder de decisión alguno.

Estamos presos, estigmatizados por los medios subsidiados, con la consiguiente lapidación pública que representa, en nuestra madurez y ancianidad, con el sufrimiento de nuestros familiares a quienes también alcanza el escarnio de la sostenida propaganda oficial. Por nuestra edad la pena de encierro no tiene obviamente una finalidad de readaptación y obedece a una subalterna obsesión revanchista.

Entretanto los depredadores de antes y los corruptos de hoy permanecen en libertad y gozando de prebendas oficiales.

El narcotráfico, génesis de los más variados delitos no merece la debida atención del Gobierno cuando en casos parece ser estimulado por indefiniciones de una errática y quizás interesada política.

Sin embargo un sabio pronunciamiento de la Exc. Conferencia Episcopal sobre ello, provocó una reacción de la ciudadanía sobre la problemática de la droga y sus consecuencias y al Gobierno, no obstante su ineptitud para abordar temas sociales, lo alertó y preocupó.

La política de derechos humanos basada en la venganza sobre los cuadros inferiores, y sobre la que se construye un monumental foco de corrupción estimula y acrecienta  el clima de enfrentamiento y de intolerancia social que hoy sufrimos. Ha afectado por presiones del Poder Ejecutivo seriamente a la Justicia, ha debilitado el Estado de Derecho que se intentó construir a partir de1983 con una destrucción moral que es necesario reparar y como la  Justicia, que en este caso institucionalmente es la única defensa, ha sido severamente escoriada, acudimos a la autoridad moral de la Iglesia como último instrumento de hermandad.

Es que las fuerzas políticas de nuestro país, hoy, en una abulia por más evidente, rehuyen tratar este tema que nos afecta, por ello, reiteramos vuestra intervención para abordarlo en forma directa y de cara a la sociedad, terminando con el remanido argumento de la dictadura militar como origen de todos los males que hoy padecemos, cuando el régimen de facto fue una consecuencia prevista por los propios grupos terroristas en su intención de tomar el poder político en forma violenta y atroz.

Esto fue así. Es inmodificable.

Si conmueve el resultado de la represión, de igual modo debería afectarnos las victimas producidas por aquellas organizaciones.

Sus Eminencias: vuestro auxilio servirá finalizando así con el sufrimiento de miles de familias, para terminar con el dolor de una injusta persecución y sentar las bases sólidas para revertir esta incuestionable realidad.

Entendemos que requiere de aquellos quienes investidos de una autoridad moral absoluta, convoquen a las autoridades, dirigencias sociales y a la sociedad en su conjunto para buscar y hallar la senda con aquel objetivo supremo de la concordia, que solo se conseguirá través de una AMNISTIA,  que fue con lo que se desvinculó a las organizaciones terroristas que comenzaran la guerra origen del problema en tratamiento. No debemos obviar el problema de insoslayable realidad referente a la identificación y búsqueda de los niños, respecto a los cuales no debe alcanzar la amnistía, pero para que sea completo este cometido como la concordia que se propone, se declarara la extinción de la acción penal de aquellos que intervinieron en el hecho, si en el plazo que fije la autoridad, denunciaran su existencia.

La figura convocante es la iglesia misma a través del Santo Padre y por delegación vuestra Excma. Conferencia como respetados e indiscutidos referentes religiosos y sociales que obligara ineludiblemente al Gobierno a dejar de utilizar esta pseudo política de Derechos Humanos como instrumento de odio y venganza.

En los términos más oportunos que sabrán encontrar S.S.E.E., como integrantes de la Excma. Conferencia Episcopal Argentina, rogamos en Dios instalen esta solución y se encuentre el camino para una propuesta superadora.

Sin otro particular y en la inteligencia que sus Eminencias Reverendísimas comprenderán el espíritu que nos anima, los saludamos en Dios con nuestra especial consideración.

NOTA:

Copia de la presente ha sido remitida a:

Monseñor Guillermo Karcher, a través de su dirección: facebook: https://facebook.com/guillermo.karcher/about

Cardenal Pedro Parolin, a través de su dirección: 

Monseñor Emil Paul Tscherrig, en su dirección: 

Monseñor Jorge Lozano, a través de su dirección: http://www.obispadogchu.org/

CARLOS RICO         JUAN GIOVARRUSCIO
Presos en el penal de SAN FELIPE provincia de Mendoza
República Argentina

Tel. de contacto: Sra. Mabel I. Giovarruscio: 261 156506659

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