martes, 25 de noviembre de 2014

HAY QUE PASAR EL VERANO

 

Recientemente, las denuncias y los juicios por actos de  corrupción hicieron temblar al gobierno de Dilma Roussef, en Brasil,  y estuvieron cerca de hacerle perder la elección. Mariano Rajoy, presidente de España, afrontó también graves cargos de corrupción y la mismísima hija del Rey Juan  Carlos se sentó en el banquillo de los acusados por similares cargos.


Es frecuente  y sano que la justicia  ponga el ojo en los temas vinculados a la transparencia  y honestidad de los funcionarios ya que ello denota un grado de independencia  y control que brinda cierta tranquilidad a los ciudadanos ante los manejos que pueden hacerse desde el poder. Por cierto que a los gobernantes  no les agrada estar en la mira de la justicia  y ser investigados pero a ninguno de los nombrados se le ocurrió expresar que dicha investigación era una “estrategia de golpismo activo” y un “ataque despiadado y sistemático” del Poder Judicial como si  lo hizo Jorge Capitanich, Jefe de Gabinete del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner.


Este tipo de acusaciones insólitas e incomprobables,  que mezclan exabruptos con veladas amenazas, han perdido credibilidad por reiteradas y lejos de provocar un escándalo político o de señalar un riesgo institucional, no hacen sino evidenciar una irritación propia de quien tiene la conciencia intranquila y mucho por ocultar. También los periodistas, los productores agrícolas y otros sectores han sido apuntados como golpistas cuando se han opuesto a la voluntad totalitaria del oficialismo. Es una muestra más de la identificación que hace el sector gobernante de su facción con el Estado mismo, lo  que también se evidencia en el dispendio con que utiliza los medios de dicho  Estado para la satisfacción de sus necesidades personales y familiares, sus campañas políticas  y sus  meros caprichos. La pérdida de contenido de los conceptos de democracia y república es de tal magnitud que solo queda el acto eleccionario como única fuente de legalidad y, aun así, esta última barrera es manipulada, manoseada y deformada. Si a pesar de ello  todavía  confiamos en que este gobierno marcha hacia un ineludible final es porque ha hecho tan mal las cosas y ha dilapidado de tal suerte las posibilidades del país, que su fracaso ya se ha tornado inocultable hasta para los menos avisados y solo le quedan en la trinchera los clientes y los cómplices.


Hace algunas décadas el Ministro de Economía Alvaro Alsogaray, popularizó la frase  “hay que pasar el invierno” ubicando en esa estación un período crítico que había que superar. Los tiempos han cambiado y al presente, la crisis que se avecina por los desaguisados “kirchneristas” nos lleva a percibir que para llegar con normalidad a las próximas elecciones “hay que pasar el verano”, un verano caliente  no solo desde los pronósticos meteorológicos sino también desde el descontento social y salarial y la batalla final con los tenedores de bonos impagos que jugarán sus  fichas fuertes a partir del próximo mes de Enero.


El gobierno se ha empeñado en no actualizar las escalas del impuesto a las “ganancias” que ha terminado gravando a un número creciente de trabajadores que vive de su sueldo y que  ven desaparecer sus aumentos transfiriéndolos injustamente a un voraz sistema recaudador. La pérdida innegable de poder adquisitivo derivada de una inflación que superó netamente a los aumentos pactados en las paritarias es otro factor de descontento gremial. Con total insensibilidad, el gobierno ha desestimado cualquier posibilidad de compensar a los sectores más castigados como son los jubilados y pensionados y descarta cualquier actualización o bono a los empleados del Estado, que ya son legión a partir del crecimiento desmesurado e injustificado del empleo público. Policías y servidores de las Fuerzas de seguridad se cuentan también entre los  más castigados y descontentos y, por supuesto, debemos considerar la grave situación de los desempleados, trabajadores informales  y marginados.

Todos los reclamos apuntan al mes de Diciembre, mientras  los más acomodados preparan sus vacaciones y el calor hace lo suyo, colapsando los lamentables sistemas de producción y  distribución de energía.


Por otro lado,  la situación financiera pende de la esperanza de un arreglo con los tenedores de bonos de deuda externa porque así lo ha dejado trascender el gobierno. Sin embargo, observamos que dicho arreglo enfrenta formidables obstáculos derivados de consignas absurdas como la de “patria o buitres”, creadas para una campaña política de bajo nivel, pero que ahora afecta la libertad de acción que los negociadores argentinos necesitan para resolver el problema, de por sí muy complejo, con el menor daño para las finanzas nacionales.


Resumiendo, la siembra de vientos y conflictos que ha desparramado el gobierno de Cristina Fernández, amenaza con una cosecha de tempestades políticas  y sociales,  en un ambiente siempre distorsionado por los hechos de inseguridad y un crecimiento  del poder de los narcotraficantes de tal magnitud y visibilidad,  que ya ni los descarados mensajes y chicanas del Senador Aníbal Fernández pueden negar, como hiciera otrora.


En su afán de retener el máximo de poder y  generar expectativas de continuidad, las usinas de acción psicólogica del  gobierno han echado a correr variados rumores de escasa credibilidad. Estos rumores van desde posibles candidaturas de Cristina Fernández, basadas en supuestos altos niveles de imagen positiva, hasta la posibilidad de un triunfo de  Daniel Scioli en primera vuelta. La señora presidente, que oscila entre períodos de furiosa saturación de pantalla a largos ostracismos  producto de incomprobables enfermedades, difícilmente se arriesgue a perder una elección peleando un cargo menor  ocupando un lugar detrás de otro candidato a presidente. Por su parte, Daniel Scioli, tendrá motivos para el festejo si la complicadísima situación social y financiera de la provincia de Buenos Aires no daña seriamente su posible candidatura. Ganar en primera vuelta es una fantasía que solo sirve para  tratar de  evitar la huida de  algunos punteros del conurbano que ya comienzan a temer por su futuro ante una derrota oficialista.


Lo  cierto es que el alejamiento de Elisa Carrió del espacio UNEN,   con el consiguiente debilitamiento de ese sector autodenominado progresista y sus diferentes candidatos, ha dejado objetivamente mejor posicionados en la carrera presidencial a Mauricio Macri y  Sergio Massa. El primero representa en el imaginario popular una alternativa a la sucesión de gobiernos justicialistas y radicales que han degradado el nivel de vida en la Argentina en todos los órdenes. El  segundo representa una versión juvenil de los viejos esquemas a los que perteneció hasta hace poco tiempo y de los que trata de diferenciarse sin marcar un verdadero rompimiento. Todo es aún muy confuso porque los políticos presidenciables esperan más que nadie que pase el verano caliente para evaluar cómo quedará el panorama del oficialismo y del país todo, ante la tormenta que no pueden disipar pero si avizorar.


En nuestro espacio de Nueva Unión Ciudadana hemos iniciado acuerdos con la fuerza política que consideramos más afín a nuestro ideario. Estamos convencidos de que el próximo ciclo gubernamental en Argentina no puede limitarse   a  un simple cambio de  nombres sino que debe representar un verdadero cambio de paradigmas. Tenemos que pasar del populismo insustancial a una verdadera vida republicana. De una economía controlada y estatizada a una  liberación de las capacidades creativas  y de emprendimiento. De la incompetencia a la eficiencia. De los planes sociales a la cultura del trabajo. De una sociedad que vive enrejada y asustada a  la tranquilidad de vivir bajo el imperio de la ley. De un ambiente de corrupción y autoritarismo a un Estado transparente y eficiente. Del relato a las realidades. Del aislamiento internacional a la integración. De la entronización del odio y la venganza a la concordia y la pacificación de los espíritus.


El trabajo a realizar  es arduo y prolongado porque el daño que se nos ha infligido desde el resentimiento y el personalismo es grave y profundo. Confiamos en nuestras fuerzas, en los valores latentes del pueblo argentino y en la posibilidad de que el país sea conducido por una generación de dirigentes que estén dispuestos a dar sentido a su vida trabajando por el bien común a través del ejercicio el poder. Que Dios nos ayude para que así sea.

Juan Carlos Neves
Primer Secretario General
Nueva Unión Ciudadana

NOTA: Las imágenes y destacados no corresponden a la nota original.