sábado, 13 de diciembre de 2014

CAUSA RÍO TERCERO: FICCIÓN Y VERDAD

Por Mauricio Ortín             

Los alegatos de los fiscales Lozano y Lega, en el juicio por la explosión de la Fábrica Militar de Río Tercero, juicio que se encuentra en sus finales, deja -por lo menos para mí- dudas acerca de cuál debe ser la función del que ejerce ese cargo. Entiendo que la querella, a partir de su interés de parte, sostenga su posición con cierta liberalidad en sus dichos, pero no es ese el caso del fiscal; éste debe velar por el debido proceso y la búsqueda de la verdad a partir de plantear hipótesis para acreditarla con pruebas. En caso de no encontrarlas debiera ser su obligación el desechar la hipótesis y buscar otra que pueda corroborarse. Hay que distinguir claramente la búsqueda de la verdad de la creación literaria, a la ficción narrativa le basta con la coherencia lógica interna para perfeccionarse como obra. A una novela, por ejemplo, no corresponde que se la ratifique empíricamente. Una hipótesis que deriva en acusación y puede enviar diez y siete años a la cárcel a una persona debe, necesariamente, tener coherencia lógica pero, mucho más importante todavía, debe ser probada empíricamente.



Pues bien, en el juicio por la explosión de Río Tercero el fiscal pretende que se condene a los cuatro imputados a partir de una novela -dado que no presenta ni una sola prueba de que fue un atentado- cuyo primer capítulo fue escrito por cuatro peritos “imperitos” y, los subsiguientes, por la fértil imaginación de periodistas, políticos y comedidos (que siempre hay). Además, ya que estamos, porqué perder la oportunidad de hacerles comer otro garrón a los militares, el “chivo expiatorio” argentino por antonomasia.



El mito del atentado se alimentó de dimes y diretes de todo tipo. Entre ellos, la declaración inmediata del entonces presidente Menem quién afirmó de que la explosión fue fruto de un accidente. Tal cosa, llevó a los que “miran bajo el agua” a concluir de que se trató de un atentado. Un disparate lógico, pero un disparate creíble para aquellos a los que les gusta creer. Ahora bien, ¿qué hubiese pasado si Menem, hubiese dicho que fue un atentado?,  todo indica que, con toda probabilidad, estos señores hubiesen concluido de que se trató de un accidente.



La novela que urden el fiscal y la querella tiene, como dijimos, muchos capítulos. El más importante es el de la hipótesis de la conexión con la causa del “Contrabando de Armas a Croacia y Ecuador”. Según ésta, la explosión tenía como finalidad esconder el faltante de munición y armas, tanto en la fábrica como en los arsenales a causa de esa venta. Pero, en la causa por el “Contrabando de Armas a Croacia y Ecuador” no se ha demostrado que existiera venta “en negro”; por lo tanto, en esta hipótesis, el móvil no tiene entidad para acusar a nadie.

La hipótesis del atentado tiene los condimentos de una pésima novela dado que carece de genuinos protagonistas.  Todo, en este “exceso acusatorio – literario”, gira alrededor de demasiados supuestos. Ello es así porque los cuatro imputados, “supuestamente” recibieron órdenes de no se sabe quién, pero tampoco el cómo y el cuándo para hacer volar la fábrica a través de contratar “supuestamente” a no se sabe quién, pero tampoco cómo, cuándo y dónde se efectivizó el “contrato”, para que éstos “supuestos contratados”, por medio de un “supuesto” celular activaran un “supuesto” mecanismo, introducido en un tambor que “supuestamente” contenía trotyl con el objeto de iniciar el incendio que hiciera explotar la fábrica para así poder ocultar el “supuesto” faltante de armas que se habría debido a la “supuesta” parte “en negro” que tuvo como destino final Ecuador y Croacia.

Además, como si fuera poco, la pericia en la que se fundan los pedidos de condena contiene una insalvable falsedad. Allí se afirma categóricamente que los cuatro imputados declararon que conocían unos reglamentos que allí se citan. Pero, he aquí, que en todas las declaraciones que obran en la causa -por lo menos, de Marcelo Gatto y Jorge Cornejo Torino- en parte alguna se dice tal cosa.



A semejante orfandad de pruebas, el fiscal y las querellas, pretenden suplirlas con “teorías”. De allí que sugirieran al tribunal que condene bajo la teoría jurídica  de la “autoría mediata”. Algo así como, marche preso por el teorema de Pitágoras.

Convengamos que el fiscal podría haber estado más fino y solicitar condena, ya que no tiene pruebas, con un método que de alguna manera garantice conocer que el imputado es culpable. Más entidad que “la teoría”, por ejemplo, hubiese tenido el método de aplicar un hierro candente en las nalgas de los imputados; si el tipo chilla, clavado que es culpable.

¿La novela del fiscal convencerá al tribunal? En la Argentina “K” todo es posible...