lunes, 15 de diciembre de 2014

EN SALTA SE ARMÓ LA DISCUSIÓN

Conocidos columnistas políticos como el profesor Mauricio Ortín, el señor José ‘Pepe’ Milia y el señor Mario Cabanillas de la Asociación Civil “Centro de Estudios en Historia, Política y Derechos Humanos”, en Salta han entablado una discusión sobre hechos ocurridos en los años ’70 con el señor Juan Carlos Sánchez. A los 3 primeros los conocemos por su vida, a  Sánchez no lo conocemos nada más que por la foto de su perfil de Facebook:
 
https://www.facebook.com/juancarlos.sanchez.524381
Que cada uno saque sus propias conclusiones, en este blog encontrarán las anteriores cartas. Es mejor discutir que recurrir al “tiro de gracia”, tan común que Guevara aplicara personalmente en La Cabaña – Cuba.

Sinceramente,

Pacificación Nacional Definitiva
Por una Nueva Década en Paz y para Siempre


GENOCIDIO I

Me veo obligado a responder a los lectores Ortín y Milia, que me invocaron en tres cartas de lectores. A los dos primeros, me limito a señalarles que su papel es el de escribas de los genocidas, que les hacer repetir argumentos infantiles, como que el terrorismo de Estado se hizo en cumplimiento de órdenes de Isabel Martínez de Perón. Ninguno de los dos sabe de lo que realmente está hablando. Milia, en cambio, sí sabe, por eso no tiene el menor escrúpulo en explicar lo que sus jefes -al menos, ideológicos- prefieren callar. Milia explica el robo de bebés como una especie de accidente de guerra, aunque niega que sea sistemático, por más que ya hayan localizado a 116 niños robados. Justifica la tortura en función de la celeridad con que deseaban proceder los represores; invoca la autoridad de Sharon para legitimar la crueldad de los tormentos. También invoca la de Galimberti no solo para avalar la tortura sino para justificar acciones ilegales que, de ese modo, ambos admiten como crímenes, en su lógica, necesarios. Milia dice que Galimberti fue jefe montonero pero omite toda su etapa posterior, cuando cambió de bando. El lector invoca a Mao para explicar crímenes infames como las masacres de Palomitas y Margarita Belén y la de la iglesia de San Patricios. En los dos primeros casos se trató de fusilamientos de presos, quienes ya no estaban en condiciones de servir de apoyo a nadie. Si fuera honesto diría que los religiosos de San Patricio fueron víctimas de una venganza de la Policía Federal por la bomba que le pusieron en un comedor. Esa noche, además de esos curas que nada tenían que ver con la guerrilla, asesinaron a veinte prisioneros en la capital federal. Pero es cierto, el terrorismo de Estado utilizó ese sistema que Milia describe con maestría para aislar a los guerrilleros, y luego lo extendió para aniquilar cualquier intento revolucionario por la vía política y cultural. Él y sus referentes ideológicos saben que la insurgencia armada había perdido poder de fuego y de reclutamiento. El terrorismo de Estado tenía otros propósitos. Los enfrentamientos intestinos entre fuerzas regulares e irregulares no tienen reglas, aunque la ética -Milia se dice cristiano- está por encima de tales códigos. Las definiciones de este lector hacen pensar que la violencia, lejos de haber quedado anclada en los setenta, sigue vigente para los organismos de inteligencia.

Juan Carlos Sánchez


GENOCIDIO II

Al señor, Juan C. Sánchez, que en su carta de lector del 26/11/04, se siente molesto por mi "defensa de los militares acusados de haber cometido crímenes de lesa humanidad" quiero decirle lo siguiente: primero, que la orden a los militares de "aniquilar y exterminar" a los subversivos vino del gobierno peronista (repito, peronista). Segundo, que dicha orden llegó luego de que dicho gobierno reprimiera a través de la banda paramilitar Triple A. Tercero, que ningún juez, ni fiscal puso reparos a la orden de "aniquilar" del gobierno peronista. Cuarto, que los diputados y senadores nacionales de todos los partidos avalaron la intervención de las FFAA en la represión. Quinto, que lo mismo hicieron los gobernadores provinciales, los sindicalistas, los miembros de la Iglesia, los periodistas y la sociedad en su conjunto. Sexto, que buena parte de los subversivos que querían tomar el poder, vía el asesinato de los opositores, eran peronistas (hoy kirchneristas y defensores de los DDHH). Séptimo, que estos últimos (los guerrilleros) son cualquier cosa menos "víctimas". Octavo, Sánchez, si no vivió esa época hágase un favor: hay muchos medios de investigar la verdadera historia, es más, le recomiendo que empiece por El Descamisado y todos los partes de guerra de Montoneros, FAR, FAP y ERP, luego puede seguir por el periodismo de aquella época, un poco de historia y de cultura le va a venir bien.

Mario Cabanillas