sábado, 27 de diciembre de 2014

LA “CHIQUI” Y EL GENERAL

Por: Fernando Morales

Me gusta imaginarlo –querido amigo lector- rondando el medio siglo de vida (década más década menos) es por ello que generalmente confío en que cuando hago una mención a un hecho de mi adolescencia, usted sabe perfectamente de que estoy hablando. Usted lo vivió tal como yo.

Bromeando con amigos, días pasados llegamos a una  conclusión primaria que sostiene que, aún nos queda al menos un gran ícono inter generacional, algo que estaba presente en nuestra juventud y que se mantiene exactamente de la misma forma en la actualidad, una cosa sobre la que usted puede hablar con sus hijos y nietos sin necesidad de usar frases tales como “bueno, en mi época no era así” o “cuando yo era chico no pasaba esto”…. Si aún no adivinó se lo digo; estoy hablando de los históricos almuerzos de la Sra. Mirtha Legrand.  La diva ha hecho degustar toda clase de manjares a miles de personajes famosos desde 1968 hasta la fecha con su tradicional formato. Increíble! Bravo por ella.

Entre broma y broma, comenzamos a intentar buscar otras cosas que nos tiendan un puente con la juventud; pero, claro, se hace difícil; con excepción de la Sra. Legrand y  la bebida cola del imperio podríamos decir parafraseando a Mercedes Sosa que  “cambia todo cambia”. Hasta la propia Mercedes ya no está entre nosotros.

No quiero ser cargoso pero piense, querido amigo; ¿cómo explicarle a un adolescente que era un honor para usted o para mí, hacer de Cristóbal Colón en el acto del “Día de la Raza”? Para comenzar habría que explicarle que significa eso de “Día de la Raza”. ¿Será en todo caso  sinónimo de “dia de los pueblos originarios”? No podremos tampoco explicar fácilmente que no existían los “feriados puente” y que los feriados nacionales no eran para hacer mini turismo sino para honrar la memoria de algún que otro señor que hizo algo por este país y que aunque no lo crean, tuvo poder y no obstante murió casi pobre. Inútil será tratar de explicar que Roca o Sarmiento no eran definitivamente malos; que Juana Azurduy no era la madre Teresa y en definitiva que había una Argentina antes de 2003.

Pero, de tanto pensar y pensar, fueron apareciendo uno tras otro, diversos hilos conductores de esta Argentina “moderna, progresista y próspera” con aquella de nuestra pasada juventud y hasta más atrás aún. Desde la inflación y sus efectos, hasta la inseguridad en las calles, se cuentan entre esos denominadores comunes; sobre la primera, huelgan los comentarios; sobre la segunda, digamos que antes la muerte venía de la mano de la guerrilla asesina o de la represión a ésta y ahora es fruto de la violencia irracional de los delincuentes, pero la sensación de pánico es la misma.

Así también Evita en los billetes;  en la 9 de Julio y a espaldas de la Presidente en los actos oficiales; apellidos como Shoklender y hasta el reciente protagonismo mediático del Dr. Barreda conectan en forma directa pasado y presente tal como también lo hacen los nombres de Fernando Vaca Narvaja, ahora aspirante a consuegro presidencial, y de una manera más terrible y dolorosa los de Nora Cortiñas y Adolfo Pérez Esquivel reclamando el pase a retiro de un general sospechado de haber participado en la desaparición de un soldado durante los años de plomo.

Luego de la ley de autoamnistía de 1983, del  posterior Juicio a las Juntas, de las leyes de  obediencia debida, la de punto final, los indultos de Menem y la declaración de nulidad de casi todo lo anterior, podíamos comenzar a pensar que una parte de nuestro pasado, comenzaba a quedar precisamente allí; en el pasado. No hablo de olvidar;  sino de separar lo que pasó de lo que está pasando. No hablo de apoyar o repudiar los hechos del pasado  y  sus consecuencias o hacerlo con las posteriores decisiones judiciales, políticas y legislativas derivadas de los dos primeros. Hablo de la posibilidad de tener bien claro en nuestras mentes y corazones, la diferencia entre el recuerdo  de nuestra historia, la vivencia de nuestro presente y la esperanza por nuestro futuro.

Ha sido esta gestión de gobierno la que más ha cargado las tintas con un absoluto cambio de paradigma en la forma de abordar la temática de la lucha contra las organizaciones terroristas que asolaron la patria en los 70, los vulnerados derechos humanos de los guerrilleros apresados y de la ilegítima apropiación de una cantidad aún no determinada de hijos nacidos en cautiverio. Así entonces pasamos de diferenciar a quienes idearon los planes e impartían ordenes de quienes las cumplían a poner en un píe de igualdad a generales, almirantes y brigadieres, con tenientes, suboficiales o cabos e incluso con civiles que por acción u omisión hubieran tenido responsabilidad en los hechos

Estéril resulta para esta columna, discutir sobre antinomias tales como: guerrilleros o jóvenes idealistas; cumplimiento de un decreto emitido por un gobierno constitucional o malinterpretación del mismo; guerra antisubversiva o matanza genocida; plan sistemático de apropiación de bebes o apoderamiento por cuenta y orden de mandos inferiores que no tenían directivas de hacer semejante atrocidad. Los hechos son estos: Comandantes y comandados van yendo uno tras otro a prisión en la medida que las actuaciones judiciales  determinan que de una u otra manera han participado en aquellas operaciones. Muchos militares han perdido su carrera por ser familiares de otros militares sospechosos; otros por tener esposas un tanto “vehementes” y las cárceles están llenas de ex tenientes que seguramente no conocieron en persona ni a Videla ni a Massera; hecho que en las actuales circunstancias nos los hace menos responsables a la hora de enfrentar sus dilatados procesos ante los diferentes tribunales federales.

Es un hecho histórico irrefutable, que el emblemático Alfredo Astíz fue apenas un teniente de fragata en los años de la represión, con apenas un grado más fue a Malvinas y fue ascendido a capitán de corbeta por Alfonsín y a capitán de fragata por Menem. No se inquieten amigos lectores sub 40; esto no es opinión; es pura información. Y si alguien se siente turbado por lo que digo, tal vez sea precisamente porque con los parámetros actuales en la materia, ver a un “represor” ascender en democracia parece descabellado; ahora no pasaría téngalo por seguro…

¿Qué curioso no?, tenemos al frente del Ejército a un Señor que ascendió de  Coronel, a General de Brigada, de División y a Teniente General en democracia. Y no solo en democracia, sino que además en esta democracia, en la nueva democracia de la década ganada. Pasó todos los filtros cumpliendo con los requisitos del “modelo”, pero algo salió mal y una perla de su historia asomó a la luz.

El problema no es Milani, ni que sea oficial de inteligencia, ya que el Estado Argentino lo formó en su especialidad porque era necesario hacerlo. El problema no es tampoco si cuando era un simple subteniente; el ahora general  firmó un papel sabiendo o no lo que había detrás de la “deserción”  del soldado Ledo. El problema es que  las cárceles están llenas de tenientes y de cabos que tal vez tuvieron un rol parecido al del joven e inexperto subteniente Milani.

El “relato” se volvió “circular”. Podríamos haber desagraviado a la ex ESMA, dado que sus instalaciones fueron creadas para educar y no para torturar. Pero elegimos condenar al edificio a la par de a quienes lo mal utilizaron. Podríamos haber entendido que aquellos soldados de 2004 no merecían que se les gritara “no les tengo miedo” mientras no hacían otra cosa que rendir honores al nuevo Presidente;  pero los maltratamos igual. Podríamos haber encarado la relación cívico militar de otra forma pero elegimos esta. Tan severa, inflexible y ejemplificadora que dejó bien en claro que quienes cumplieron órdenes inmorales eran tan responsables como quienes las impartieron. Mucho camino recorrido hasta que “el caso Milani” llevó a la parte más épica del relato al principio del camino. Una vez más un general de uniforme  enfrentando a la justicia y al borde del banquillo. Como en el juicio a las juntas; el mismo formato; distintos invitados; como hace 30 años; como el programa de Mirtha, con mucho menos glamour claro está.