viernes, 12 de diciembre de 2014

RAZÓN DE LOS CRÍMENES




Quisiera hacer ciertas precisiones a la carta del lector Sánchez del 26 de noviembre, con apreciaciones sobre los años de guerra civil. Si bien cualquier guerra es sucia, una guerra civil entre un ejército por un lado e irregulares por el otro que se mimetizan entre la población civil es de una roña inconmensurable. No en vano, alguien que sabía mucho de esto, Arik Sharon, héroe de Israel, decía: “Si no comprendemos que la guerra contra el terrorismo implica en muchos momentos el uso de la crueldad, nuestro horizonte es la derrota”. El lector Sánchez repite remanidas consignas, incluido el robo de bebés. Es menester consignar que, al desplazarse los subversivos con documentos falsos, muchas veces los chicos que eran encontrados no se sabía a qué familia pertenecían. No obstante, sí hubo robos de bebés pero de ninguna manera un plan sistemático de apropiación de ellos. Se equivoca, no sé si a sabiendas, el lector Sánchez cuando dice que: “Son condenados por crímenes innegables... y que fueron reconocidos por Videla y por Balza”. El Tte. Gral. Videla nunca reconoció tales crímenes y la apreciación que Balza hace en su “pedido de perdón” ha buscado siempre tratar de tapar cuál fue su responsabilidad en el campo de concentración “La Polaca” en Paso de los Libres cuando él era en la zona la máxima autoridad militar. Cuando el lector Sánchez se pregunta por “la peligrosidad de los curas palotinos” o los fusilados en algunos lugares de la geografía argentina, debería saber - si alguna vez leyó a Mao Zedong - que detrás de cada miliciano hay seis o siete personas de apoyo- médicos, personal logístico, apoyo político, de arsenales, información y espionaje, etc.- que deben ser eliminadas para debilitar el la cadena de apoyo de los combatientes. Respecto de la tortura, es tonto alegar que no la hubo, aunque no en la cantidad y la calidad que hablan los que hoy buscan venganza, no justicia. En este tipo de guerra la velocidad en desarticular una célula terrorista es fundamental, y nadie, per se va a contar qué hace. Solo cabe reflexionar sobre la frase del jefe montonero Rodolfo Galimberti: “La tortura es una anécdota. Si ellos peleaban con el Código bajo el brazo, como pretendía el general Corbetta, perdían la guerra”. Es decir, que el apego al código nos hubiera convertido, sin duda alguna, en Cuba.

José Luis Milia, Buenos Aires