viernes, 5 de diciembre de 2014

¿SE ATREVERÁ A SUBIRSE A LA HISTORIA?

El destacado historiador Omer Freixa, efectúa un correcto y preciso análisis sobre la figura gigante de Nelson Mandela y su desenvolvimiento como gran líder de la pacificación en Sudáfrica, al término del Apartheid.

Mandela en Soweto

Tuvimos la oportunidad de ser testigos del cambio producido en la nación sudafricana, durante los primeros años de Mandela Presidente y apreciamos la enorme tarea que hizo para apaciguar los ánimos entre sus compatriotas –de raza negra y blanca–. Los blancos tenían gran temor que los oprimidos duramente durante tantos años, buscarán venganza y ellos fueran el blanco seleccionado… seguramente era lo más previsible.

Nelson Mandela y Frederik W. de Klerk
recibieron el premio Nobel de la Paz en 1993

Mandela y de Klerk dieron una lección al mundo, mediante sus políticas de concordia y reconciliación obtuvieron el más preciado objetivo “la Pacificación Nacional Definitiva”. Tómese nota que sus beneficios aún perduran y se han instalado como una política nacional. Hoy, hombres de todas las razas conviven en la República de Sudáfrica en plena armonía y pacíficamente… los temores y errores quedaron sepultados en el pasado.

Como bien lo señala el autor de la nota –Omer Freixa– no podemos decir lo mismo por estas pampas, la crispación del poder de turno nos mantiene a todos ofuscados en forma casi permanente. Freixa señala muchos de los conflictos, con los cuales el poder de turno aún irrita a la sociedad… pero… olvidó uno muy importante: las consecuencias de la guerra revolucionaria de los ’70 y la venganza terrorista a través de la injusticia de los llamados “juicios por la memoria, la verdad, o cualquier nombre que le quieran poner”. Tal vez su juventud no le permitió ser un testigo de esa violenta época, cuando las organizaciones político-militares-terroristas ansiaban hacerse del poder del estado, mediante una cruel guerra revolucionaria, para instalar un estado marxista-castrista ajeno al sentir de la mayoría de la sociedad.


Esa minoría que abrió la “Caja de Pandora” hundió al país en la noche de las tinieblas, las únicas fuerzas legales correspondían al estado argentino y ellas vencieron por las armas al enemigo que le fue ordenado “aniquilar”… es decir reducir a la nada.

Antonio Gramsci

Esa minoría astuta –como la serpiente– supo mutar y transformó una derrota militar en una victoria política, utilizando el método historiográfico de Antonio Gramsci. En 1978 el terrorismo estaba derrotado, en 1983 actuaba en política infiltrándose nuevamente en la clase dirigente y algunos ocupan cargos en la democracia renacida. En 1990 su participación en el estado es mayor y a partir de 2003, se sacan la careta: ansían vengarse de sus vencedores. Cambian la historia e imponen un relato… la sociedad sorprendida, se traga el sapo. Y hoy estamos… como estamos, divididos, ofuscados, desesperanzados, disconformes, desavenidos, etc.

Juicio a las Juntas Militares

Con el juicio a las Juntas Militares que gobernaron durante el Proceso de Reorganización Nacional, sus sentencias, condenas y prisiones… las heridas abiertas comenzaron a curarse. Posteriormente durante el gobierno radical del Dr. Raúl Alfonsín y las leyes de perdón sancionadas por el Congreso Nacional, las heridas iniciaron su proceso de cicatrización. Con los indultos dictados por el presidente de la Nación, representante del Partido Justicialista, Dr. Carlos Saúl Menem, las heridas iniciaron la regeneración del tejido social.

Terroristas mutados a políticos y funcionarios

Pero una vez más como en la historia bíblica la serpiente hizo su trabajo, en el 2003 la concordia y reconciliación nacional retrocedieron en todos los logros alcanzados por la sociedad… las heridas se abrieron y aún mana sangre de ellas.

Es imprescindible que la concordia, la reconciliación y la justicia se reinstalen nuevamente en nuestra querida Patria. El próximo timonel del rumbo nacional, sin duda alguna, debe ser un líder con las cualidades del estadista conciliador que fue Nelson Mandela… ¿Se atreverá a subirse a la historia?

Sinceramente,

Pacificación Nacional Definitiva
por una Nueva Década en Paz y para Siempre



NELSON MANDELA, LA RECONCILIACIÓN Y AMÉRICA LATINA

Por: Omer Freixa

África, como se sabe, siempre es el rezago de las noticias internacionales, a menos que haya catástrofes para deleitar a las audiencias. Sudáfrica, como parte de ese continente olvidado, también comparte esa pauta, salvo que existan hechos que conciten el interés internacional de vez en cuando. Si bien pasajero, uno fue en 2010, en ocasión de ser ese país sede de la Copa Mundial de fútbol, por lo que dicho año se habló más de África en general que en muchos otros. El 9 de junio de 2013, el personaje más representativo de esa nación, Nelson Mandela, entró en un declive por su acrecentada edad del cual no se repondría más, para fallecer el 5 de diciembre pasado, a sus 95 años. De nuevo todas las miradas del mundo se dirigieron a su patria para honrarlo como un ícono mundial de la paz y de la reconciliación que, con 67 años de militancia, e incluyendo 27 de presidio, logró superar la infamia racial del Apartheid y alcanzó la unidad de una nueva Sudáfrica democrática de la cual resultó electo primer presidente, y el primer negro al poder de la que denominara “nación del arcoiris” en relación a su diversidad étnica y cultural, y la reconciliación post Apartheid. En otro gesto loable de la talla de uno de los estadistas más admirados del siglo XX, voluntariamente (a diferencia de tantos mandatarios africanos que se enquistan en el poder) cedió el mando en 1999. Finalmente, en cuanto a efemérides, se cumplen 20 años del fin del tan repudiado Apartheid.

Manos enlazadas por la conciliación

Mandela concita la admiración y el respeto en todo el mundo. Su ejemplo en aceptar dialogar con el enemigo, perdonarlo por los agravios del pasado, y pretender la reconciliación, debiera ser imitado en muchos lugares. En América Latina no hay figuras de su talla, y lo más cercano a una homologación fue que al presidente José Mujica de Uruguay lo hayan querido comparar con el sudafricano, pero “Pepe”, con su brutal honestidad, rechaza esa clase de comparación. De modo que lo que urge en nuestra región es la presencia de líderes con gestos conciliadores como el del sudafricano más famoso.


















Al momento del fallecimiento de Mandela el presidente venezolano, Nicolás Maduro, comparó su muerte con la de Hugo Chávez nueve meses antes, en el sentido de homologarlos como dos grandes políticos del mundo, pero el fenecido líder bolivariano no tuvo la capacidad de unir la nación como lo hiciera hace 20 años el sudafricano, sino de dividirla, pese a las mejoras a los sectores más postergados antes del inicio de la Revolución Bolivariana. A su muerte, sobrevino el desafío de todo régimen basado fuertemente en el carisma de su líder, preservarlo, misión que le tocó a Maduro, quien se declaró hijo del Comandante. Pero la situación comenzó a complicarse con protestas estudiantiles a comienzos de febrero pasado que desataron un panorama cercano a la guerra civil y que para agosto cerró con un balance lamentable de 45 muertos, cientos de heridos y más de 2.500 detenidos, todo ello sumado a una economía que tambalea, por ejemplo, con la inflación más alta de toda la región. El chavismo, así como la oposición, pierden el desafío de unir a los venezolanos ya que ambos contribuyeron a generar una fractura sin precedentes de la sociedad venezolana de la cual el estado de violencia que la asoló durante gran parte del año es su mejor reflejo. Ni Chávez es Mandela, ni tampoco lo es el referente opositor Leopoldo López, encarcelado desde el 18 de febrero, quien comparó su situación a la del ícono negro por el injusto presidio que sufrió. Para muchos opositores al gobierno, López es un nuevo Mandela, generado por Maduro, ya que el gobierno lo catalogó de golpista y culpó de orquestar la protesta fascista, así como de engendrar la violencia cuando también el gobierno la promovió, por ejemplo, a través de los motorizados y la represión estatal. Como sea, y más allá de la discusión eterna entre diversos actores que se endilgan culpas, no hay espacio para ningún gesto reconciliador y menos uno a la altura de Madiba, el apodo clánico del primer presidente negro de Sudáfrica.


El contexto argentino, si bien no tan ríspido como el venezolano este año, tampoco ofrece una figura reconciliadora de la talla de Mandela ni mucho menos. Los cruces entre oficialismo y oposición son permanentes y muchos subidos de tono. Hace unos días el Jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, en conferencia de prensa llamó a un periodista opositor “marmota” en un juego de palabras por unas críticas efectuadas y el piquetero oficialista Luis D´Elía, con su verborragia habitual, pidió simbólicamente en una pica la cabeza del juez Claudio Bonadío, magistrado que pidió investigar un activo de la presidenta Cristina Fernández. La oposición no se queda atrás. El periodista y conductor televisivo Jorge Lanata, que el pasado 20 de febrero comparó a Leopoldo López con Perón y Mandela en relación a su arresto, con el tono incendiario y displicente que lo caracteriza, hace unas semanas cargó contra todos los referentes opositores acusándolos de inútiles. La oposición y el oficialismo podrían llenar capítulos de libros con episodios infantiles de cruces verbales y peleas para todos los gustos.


Con tantos ejemplos a la vista de confrontación y odio, tanto en Venezuela como en Argentina, es claro advertir que no resulta fácil vislumbrar algún fenómeno similar a lo ocurrido en Sudáfrica en cuanto a reconciliación nacional, ni en los demás países de América Latina. Estamos muy lejos de tener nuestro propio Nelson Mandela.


NOTA: Las imágenes no corresponden a la nota original.