lunes, 23 de febrero de 2015

ALGO MÁS QUE MI BALANCE DE LA “DÉCADA GANADA”


En todos los tiempos y bajo casi todos los gobiernos, en nuestro país, se cometieron y denunciaron irregularidades, dilapidaciones y negociados. ¿En qué gobierno no se distribuyó publicidad oficial o sobres rebosantes de billetes para comprar voluntades legislativas, periodísticas, o judiciales? Ningún sistema político ha podido evitarlos, como no es posible impedir por ahora, la delincuencia, la corrupción, el narcotráfico, o el vicio.

Todo lo que he escrito, en estos últimos dieciocho años, lo he hecho desde un espíritu crítico, vigilante y esclarecedor, conocedor de los personajes que describía y su entorno.


Traté, con mis reconocidas limitaciones, de explicar cómo se había gestado y hasta donde se había ejecutado el plan del matrimonio Kirchner. Señale sus propósitos, sus complicidades, sus colaboradores, sus métodos de corrupción y propaganda, sus grandes negociados, irregularidades que abarcaban todos los ámbitos de la actividad administrativa a nivel nacional, provincial y hasta municipal.

A través del correo electrónico traté de hacer conocer, con suficientes elementos de juicio, hasta donde habían alcanzado a dañarnos material y moralmente, tanto ellos, como la facción de sus operadores enquistada en el Honorable Congreso de la Nación, en la Justicia, y en su gabinete de ministros, poniendo al descubierto la obra nefasta realizada con recursos de la Nación y los que la ejecutaron y medraron con ellos.


Señalé, en un artículo difundido con la llegada del “casal de pingüinos” al poder, que, cuando el pasado no lo es del todo y se confunde con el presente, la pasión excede, de tal forma, a la razón, esta se escurece.

Los titanes de nuestra independencia, sacrificaron bienes y vida para legarnos el país que nos dejaron. La banda venida del sur, sacrificó su tiempo en aras de un ideal más lucrativo: acrecentar y atesorar a como diera lugar sus bienes.


Tanto Néstor Kirchner como ahora su viuda, Cristina Fernández de Kirchner, mientras a su tiempo ejercieron el poder, dijeron de mil modos lo que pensaban y querían que el país creyera. Por distintos medios de comunicación social y por la cadena nacional de radiodifusión, mintieron acerca de nuestro pasado, de nuestros problemas presentes y hasta de sus propias realizaciones.

Nada hicieron sin un plan trazado previamente. Sabían ellos, en su despreciable espíritu de venganza, del temor social frente al autoritarismo; conocían por experiencia propia que la conciencia nos vuelve cobardes (o sumamente prudentes) y la reacción natural ante la violencia política es el miedo.

Todo lo prepararon para ser obedecidos y temidos, dominaron al pueblo por el apriete o el temor a ser agredido. Nunca confiaron en la ley, ni tampoco en los hombres que los rodeaban, convencidos en que los abandonarían no bien comenzaran los problemas.


Sabían, entonces, que se sostendrían por el temor, la corrupción, las mafias de la efedrina, el narcotráfico, y la mentira. Organizaron, puntillosamente, un sistema de intimidación individual y colectiva disponiendo, para ello, del espionaje, la delación, la cooptación, el sometimiento, la obsecuencia y la “eficiencia” de una facción de inteligencia que ejecutaba los trabajos de zapa contra el que se le ponía en contra.

Organizaron en la SIDE (después SI) una verdadera corporación informativa con la cual explotaron las “noticias” en el momento oportuno; a través de los distintos servicios de inteligencia reunieron antecedentes políticos y personales de distintas personalidades que no los apoyaban, para neutralizarlos, ridiculizarlos e intimidarlos cuando fuere oportuno; dificultaron hasta anular las actividades comerciales de consorcios, monopolios y/o personas que sindicaron como enemigos.

La verdad es que muchos gobiernos supieron tener defectos, pero nunca tantos vicios como el actual.


La norma de “Educar al Soberano”, fue aprovechada en beneficio de la Cámpora y el gobierno kirchnerista para torcer las corrientes históricas argentinas. No tuvieron ni quisieron tener vínculos con nuestro pasado fundado en la libertad y la democracia.

Pretendieron construir una “nueva Argentina” cuya “doctrina” fue concebida, difundida e impuesta por los Kirchner; deseaban unir a todos los ciudadanos en un pensamiento común, único, aportado por el Estado, del cual ellos era su encarnación.

Comprendieron la importancia que para su afirmación y perpetuación tenía la enseñanza en sus diversas etapas, y la emprendieron con los planes de estudio; con el cuerpo docente (fundamentalmente con aquellos que, “tendenciosamente”, se opusieran o se apartaran de los principios establecidos en los planes); con los gremios que agrupan a los docentes; con las agrupaciones estudiantiles; etc.


Nada escapaba a nuestra “genial conductora”, “hada buena”, “la dulce”, “la amiga de los pobres y sostén de los ancianos”, “la humilde”.

La misma suerte corrieron las instituciones de la cultura.

Lugar donde se pensara, se reuniera, se debatiera ideas, o se conversara, era visto por los Kirchner como enemigos potenciales, desestabilizadores, o complotadores.

Durante más de un decenio el país ha visto, escuchado y, lamentablemente consentido, como nos fueron cercenando una a una nuestras libertades; fuimos empobrecidos material y culturalmente; nos han mentido y humillado como pueblo.

Hoy nuestra sociedad luce cada vez más fragmentada, más dividida y desintegrada.


Nuestra brillante “estadista” fue desconociendo, sistemáticamente, los sacrificios efectuados por nuestros antepasados para dar forma a la Nación y al alma del pueblo; reemplazó la solidaridad, estimulando el odio, el rencor, el revanchismo, la inconsistencia y la ignorancia.

Mintieron y engañaron “por necesidades tácticas”.

Denigraron nuestro pasado histórico.


En las paredes de la Casa de Gobierno, en la galería de los Patriotas Latinoamericanos, colgaron retratos del pasado violento como el de Ernesto “Che” Guevara de la Serna, para que las jóvenes generaciones consuman su relato y su propaganda relacionada con “el héroe de aquellos tiempos”.

Nuestra democracia fue atacada por todos los flancos.

¿Cómo explicar la aparición de la pareja sureña la que, con poderes más o menos absolutos cedidos por un parlamento complaciente y servil, fue dominando al país, cuando ciudadanos más o menos perspicaces sospecharon desde el primer instante que el FPV estaba integrado por una mezcla de aventureros y frustrados terroristas devenidos en ambiciosos fenicios, que aportaron a los sureños su “solidaridad revolucionaria”?

El discurso del Dr. Eduardo Duhalde con aquello de “no apoyar a Kirchner es traicionar a la patria” hizo creer lo contrario, cuando en realidad se trataba de una verdadera “tendencia” antidemocrática.

Una vez en el Poder, tanto Néstor como ahora su viuda, supieron hablarle a las masas seduciéndolas, exaltándolas, corrompiéndolas, hasta someterlas.


Ególatras y narcisistas ambos, actuaron y se veían actuar con intima e infinita complacencia.

Necesitaban hablar de sí mismos, aunque con fingida modestia empleaban el “nosotros”, que servía para complacer a los aplaudidores y a quienes los seguían; “nosotros hemos hecho…”, “nosotros hemos pensado…”, “nosotros hemos conseguido…”, excitando el disconformismo y provocando el resentimiento contra los “otros”.

Las frases de ambos, de tono sentencioso, eran fáciles de asimilar y repetir, glorificando a los “creadores de la nueva Argentina”, la de la obsecuencia ilimitada enquistada en el poder.

Néstor Kirchner hasta dio su nombre a calles, museos, escuelas, hospitales, represas, etc.

La consecuencia de esa predica, profundizada en la gestión de Cristina fue, en primer lugar, el recelo de la ciudadanía respecto al pasado nacional y, por tanto, el vínculo existente entre las sucesivas generaciones argentinas, en segundo término, la oposición a los restantes sectores del país sindicados como “complotadores”, “desestabilizadores”, “puta oligarquía”, “genocidas”, etc…

El pueblo fue amordazado en nombre de la libertad; la ignorancia y la obsecuencia hicieron el resto.

…Y la desunión se fue profundizando.

Todos sin querer o queriendo fuimos actores y testigos de los hechos narrados y nada de lo que ha ocurrido nos es ajeno.

Seguramente, muchos de mis amigos, se impacientaron por mi franqueza cuando les decía que se estaba privando a la ciudadanía de sus primordiales derechos, que estaban estimulando el peculado para esquilmar la riqueza individual y familiar, fruto de nuestro trabajo.

Que debíamos descubrir para poder extirpar hasta donde fuesen posibles tanto los gérmenes del oprobio, como los de la corrupción, tanto del que corrompió, como del que aceptó la coima, y exhibirlos ante la comunidad y acusarlos ante la justicia para que se haga justicia.

Tanto la historia como la justicia juzgará muy próximamente sus acciones y omisiones; seguramente señalará sus yerros y complicidades, dirá de sus “descuidos” y cobardías, porque personalmente no creo que el país se haya resignado al silencio.

EN CUANTO PUEDA HABLARÁ, y no falta mucho tiempo para que podamos narrar y juzgar SINE IRA ET STUDIO los negociados de la “década ganada”, Y NO ES UNA SENSACIÓN.

Después de tantos sufrimientos padecidos, me anima la esperanza de que el próximo gobernante sea verdaderamente republicano; que respete desde el Poder Ejecutivo la independencia de los tres poderes; que sea verdaderamente federal; que permita que las provincias ejerzan su autonomía mediante la disposición de sus recursos, no por gestos magnánimos del poder central, sino por propio derecho materializado en una ley de Coparticipación Federal.

Deseo un próximo presidente cuya decencia este expuesta a flor de piel para que pueda reintegrar las condiciones de moralidad, honestidad y prestigio que supo caracterizar el ejercicio de las funciones en la administración pública.

Que sea alguien que, a priori, luzca capacitado para el ejercicio de la primera magistratura y adopte decisiones y políticas nacionales, resultado del análisis, consultas y reflexiones previas; que sepa rodearse de colaboradores con experiencia e igualmente decentes y preparados para el cometido que se les encomiende.

Deseo un presidente que, despojado de conceptos facciosos, nos acerque y sepa interpretar que la UNIÓN NACIONAL” es una necesidad imperiosa. Que sea capaz de encauzar este desmadre moral, social, económico y político que padecemos hoy los argentinos.

Creo que ha sido una dura experiencia la que estamos viviendo que nos ha servido no solo para conocer el inmenso valor de los bienes y prestigios perdidos, sino para saberlos recuperar y resistir en un futuro cualquier otro intento de dominación política como el actual.

La limpieza de los gérmenes de la corrupción, el oprobio y la violencia debe ser TOTAL.

Nuestros compatriotas injustamente perseguidos, detenidos y mal juzgados, seguramente volverán a ocupar, por la gravitación de sus propios merecimientos (¿acción reparadora?), el lugar que les corresponde en nuestra sociedad.

Hicimos lo que estuvo a nuestro alcance para que lo que ocurrió, no hubiera ocurrido y, en alguna medida, al menos me da un consuelo, a otros les habrá de remorder la conciencia el no haber hecho nada por nadie, pudiéndolo hacer.

Les pido a todos que no oculten SU VERDAD.

Convoquémonos para limpiar al país del barro amasado durante esta trágica “década ganada”.

Devolvamos a la Nación la plenitud moral y jurídica que nunca debió perder.

¡Piénselo y obre en consecuencia!, no se arrepentirá para nada.

En azul y blanco, Hugo Cesar Renés