domingo, 22 de febrero de 2015

JORGE Y FRANCISCO


En pocos días más celebraremos el segundo aniversario de la coronación de Jorge Bergoglio como Papa Francisco.

Por esta circunstancia se ha transformado en el primer pontífice argentino, también el primer latinoamericano y el primer jesuita.

Un día inesperado partió hacia Roma con su portafolios gastado para participar de un cónclave trascendente, deseoso y convencido de regresar a su Patria cuanto antes.

De esa forma cumplir su anhelo de reencontrarse con sus amigos, tomar mate en las sacristías y en las humildes casas de villas de emergencia a las que solía viajar periódicamente montado en subterráneo y o colectivo de línea.


Pero el SEÑOR determinó que no volvería al hogar de sus afectos y su diócesis, porque debía transformarse en su representante en este mundo. Nada más y nada menos que el Obispo de Roma y de la Cristiandad toda.

Y así surgió Francisco, cuyo primer acto fue pedir humildemente que recemos por él y a continuación renunciar naturalmente a los zapatos rojos y otros oropeles innecesarios, los aposentos lujosos y las limusinas especiales. Y así lo hizo porque lo sintió sinceramente y siempre lo había practicado. Hubo en este caso una transición natural de Jorge a Francisco.

Y los argentinos, que indudablemente nos sentimos orgullosos, salvo la chusma que lo criticó casi salvajemente y luego por conveniencias políticas y “ordenes desde arriba” cambió rápidamente de postura, celebramos con emoción esa determinación divina.

Pero esa emoción tuvo diversas características; una ya referida, la de los travestis políticos que aplican la virtud de la “obediencia debida”; otra la gran legión de argentinos que espera de él una obra fecunda para perfeccionar a la Iglesia y un pequeño resto de aquellos que con criterio acotado  y simplista, lo comparan con Messi y quizás con Maradona.

De la enorme población que espera de su tarea grandes acciones y enseñanzas transformadoras, hay quienes, como en mi caso, concebimos de su nuevo y trascendente papel un mensaje renovador para oxigenar a esta democracia tramposa y fallida. Y nos sentimos casi defraudados cuando con su persona que aunque sencilla debe ser solemne, asumió actitudes casi demagógicas y complacientes con personajes e instituciones reprochables, que lo buscaron para la foto y así aprovechar para sus propios fines tal predisposición de Francisco, que indudablemente habría sido imposible conseguir de Jorge.

Recordemos aquel Jorge que le expresó  con valentía, seriedad y humildad, en la cara, las verdades de sus vicios y omisiones, al poderoso tránsfuga de turno y soportó con estoicismo la ignorancia y acechanzas del poder.


No hay duda; él se ha equivocado. Debió haber asumido un papel más distante y no comprometido con los avatares de la mediocre política argentina. Debió haber calculado la incidencia de su nuevo papel universal en los asuntos domésticos, Debió haber sido conciente que ya no era el Jorge de los argentinos sino el Francisco de toda la cristiandad. No debió dejarse usar por unos y los otros.


Cuando aún era Jorge Bergoglio, siempre admiramos, tal cual acabamos de expresar,  además de las virtudes ya expuestas, su valentía para enfrentarse esgrimiendo la verdad con los usurpadores del poder que intentaron imponer su visión miope y caprichosa en la solución de la administración de los bienes y patrimonio de los argentinos todos y la tergiversación de los valores, la deformación sistemática de la verdad y la construcción de un relato insidioso y fantástico.

También mostró su interés, tal cual me refieren amigos que tuvieron contacto personal con él, por la situación de los presos políticos y la vigencia de sus derechos, aunque nunca lo admitió públicamente.

Francisco, en este ámbito tan sensible para quienes no justificamos el sufrimiento y la muerte de nuestros camaradas presos por haber salido a poner en juego su vida contra los mercenarios del colonialismo ideológico que hoy nos gobiernan, nada ha dicho al respecto.


Más aún si nos llevamos por los hechos percibidos; la Iglesia Argentina, de la mano de Don Arancedo ha mostrado indiferencia e ignorancia por ese drama y peor aún ha registrado en fotos, videos y discursos, identificación con sujetos (as) que han hecho de los derechos humanos un negocio rentable en muchos miles de millones de dólares, y uso indiscriminado del pecado de la falsedad, el engaño y la gula para enriquecerse a costa del dolor y la miseria de millones de argentinos.

¿Será que al dejar de ser Jorge, Francisco ha percibido otra dimensión de nuestra historia reciente y se ha adscripto a la “historia oficial”, bajando línea en esa dirección, por convicción o por conveniencia?

Para quienes queremos, buscamos y rezamos por una Iglesia valiente, firme, decidida y combatiente, estos pormenores nos sumen en una gran decepción.

Trato de pensar que en este aspecto el equivocado soy yo, porque intento medir las obligaciones actuales de Francisco con las que tuvo Jorge, y analizo sus actitudes con una visión doméstica y restringida. Si es así, ruego a Dios solo que sea prescindente y no respalde a sujetos (as) impresentables y menos aún convalide con presencia y palabras situaciones   demagógicas y por lo menos discutidas.

En el plano universal y en  estos dos años de su tarea apostólica, no cabe duda que ha encarado acciones trascendentes y necesarias. Prácticamente solo contra estructuras perimidas y anquilosadas, ha logrado oxigenar la alta conducción y llevar esperanza en todos los escenarios grandes y pequeños del mundo cristiano y también admiración y respeto en sectores tradicionalmente renuentes al diálogo con nuestra fe.

Su apertura mental, sencillez, autenticidad, claridad de expresión e identificación con las enseñanzas liminares y ejemplos prácticos del SEÑOR, lo ha transformado en un gran líder universal y eso es bueno pues la tarea que lo espera es inconmensurable.

Se trata, nada más nada menos que transformar a la iglesia de DIOS; en un instrumento apto para la consolidación y difusión de nuestra fe y la imposición de la paz y la justicia en el mundo.

Sin embargo con el auxilio del Espíritu Santo esos propósitos deben apuntar a la preservación de las verdades fundamentales irrenunciables e indiscutibles pues constituyen la estructura básica de nuestras instituciones y no pueden ser aceptadas distorsiones sutiles o medidas coyunturales y simpáticas. En otras palabras evolucionar a fin de adaptar formas y procedimientos para lograr eficiencia en un mundo aceleradamente cambiante, pero esas nuevas columnas deben construirse sobre el basamento sólido de los mandatos divinos.


Otro drama que no puede ser ignorado es el del sufrimiento indescriptible de los cristianos que son masacrados y torturados en Asia y África por practicar su fe. Constantemente nos sacuden imágenes aberrantes y sobrecogedoras de situaciones vergonzantes.

La Iglesia Católica; nuestra Iglesia; no puede permanecer de brazos cruzados ante tamaña ignominia. Y para ello no bastan las apelaciones retóricas y las bendiciones a la distancia. Es imprescindible y cuanto antes, liderar una acción más decidida y efectiva.

Si sectores fundamentalistas del Islam o cualquier otra tendencia religiosa o secular nos han declarado la guerra y no han sido permeables a nuestras exhortaciones y pedidos, ya ha pasado el tiempo de poner la otra mejilla. Quizás sea el momento de ejercer el derecho a la legítima defensa y demostrar que los católicos no somos un conjunto de ovejas pacientes y resignadas ante un lobo despiadado, sino que también tenemos capacidad de empuñar la espada para cortar y quemar la cizaña que nos ahoga.

Y por supuesto ha llegado el momento de decir alto a la colonización de Europa y a la insinuación que ya se está produciendo en América Latina de la mano de dirigentes (as) comprables y permisivos.

Ruego a DIOS, que luego de la partida de Jorge desde este alejado rincón del mundo, surja un Francisco que se consolide como el conductor designado por ÉL y la esperanza de una Humanidad con claros y oscuros que deben ser fecundizados.

Por lo menos, así, lo veo yo.

El Soldado Desconocido