miércoles, 11 de febrero de 2015

LOS BATRACIOS Y LA VERGÜENZA


10/10/02/15                                                         
Por Mauricio Ortín
                   
El oficialismo, involuntariamente y por nerviosismo, ha hecho y hace todo lo que está a su alcance para ubicarse en el rol de sospechoso principal en el asesinato de Alberto Nisman. Pocos días antes del trágico suceso, cuando el fiscal presentara su denuncia por encubrimiento contra Cristina y Timerman, se puso en marcha una operación de apriete mediático feroz para que Nisman desistiera de llevar su denuncia a la Cámara de Diputados de la Nación o, en su defecto, para boicotear la reunión. De allí las amenazas oficialistas de que lo recibirían “con los tapones de punta”, que “no lo dejarían hablar” o que “llevarían a las barras K”. La reacción kirchnerista a todas luces parecía excesiva si se tiene en cuenta que la denuncia del fiscal era, según el oficialismo, un mamarracho jurídico. Pero, de haber sido  así, se trataba de una excelente oportunidad para ponerse en víctima y, a su vez, victimizar al fiscal y a la “corpo” judicial que se niega a “democratizarse”. Lamentablemente el fiscal Nisman no concurrió a esa reunión (la más importante de su vida profesional) porque a escasas horas de llevarse a cabo  apareció muerto en su departamento. Las primeras versiones oficiales señalaron que trataba de un posible suicidio. La presidente, en una primera carta publicada en Facebook, con ese tono pedante que la caracteriza elucubró la hipótesis del suicidio sin tener en cuenta –aparentemente- el mazazo emocional que significó para el mundo  que un fiscal aparezca con una bala en la cabeza un día antes del acto estelar de la denuncia a  un jefe de Estado. Ello, supuestamente, llevó a Cristina a publicar una nueva carta en la que admitía su (ahora) certeza de que el fiscal había sido asesinado. Declaración que dejó “pedaleando en el aire” a más de un propagandista del gobierno, quienes ya habían elaborado las más fantásticas teorías sobre los motivos del “suicidio”. (Otra vez de vuelta a “tragarse el sapo” en seco y a buscar urgentemente otro.) Así fue que aparecieron los intelectuales del kirchnerismo con el batracio del “Golpe Blando”. El cual, apenas expuesto por Cristina, fue asumido oficialmente como la verdad misma: parafraseando a Perón, para un K “la única verdad es la realidad”, y la realidad no es otra que el disparate que a Cristina se le ocurre en cualquier momento. La teoría del “Golpe Blando” sostiene que el asesinato de Nisman fue cuidadosamente planeado y es parte de una operación que tiene como fin debilitar el gobierno de Cristina. Dentro de la conspiración, salvo la Cámpora y los marcianos, están todos aquellos que de una u otra manera odian a Cristina por todo el bien que ella le brinda  a su pueblo. En primer lugar está el diabólico Grupo Clarín, lo siguen la “corpo” judicial, la CIA, el Washington Post, la “cadena del desánimo”, Martina Navratilova, el diario ABC de España, los “fondos buitre”, el profesor Neurus, los militares del Proceso, Jorge Lanata, Drácula, Stiuso, el Mosad, Hugo Moyano, la KGB, la BMW, los sojeros, el Lobo Feroz... ,en fin, la “crema” de los malos del mundo. Ellos redactaron la denuncia y convencieron y usaron al ingenuo Nisman para que la firmara y la presentara para así dar “el Golpe Blando”. No es mi intención tomarme a la chacota algo tan sagrado como la muerte de ese gran argentino que fue Alberto Nisman; mas, no encuentro mejor manera de expresar mi disgusto por esta burda mentira –la del “Golpe Blando”- que repiten sistemáticamente y sin ponerse colorados aquellos que nos tratan como a imbéciles. No tienen vergüenza,  ese es el problema. Es que, para hablar con autoridad de quien fue asesinado por buscar la verdad y la justicia, primero hay que sentir vergüenza.