martes, 14 de abril de 2015

PARADOJAS DE UNA ARGENTINA CIEGA, SORDA Y MUDA


Estas historias que podrán leer a continuación, ocurren en la Argentina que hemos sabido pacientemente destruir. Pero no solo en el penal referido, sino también de una forma u otra, en todos las cárceles deficientes en los cuales están alojados con diferentes grados de precariedad, torturas psicológicas y carencias, hasta de lo mínimo, más de mil quinientos presos políticos, cuyo pecado fue combatir por la soberanía nacional contra los mercenarios del colonialismo ideológico, hoy potentados sibarítikos en el poder.

No ocupan pantallas en medios audiovisuales ni párrafos de la prensa escrita salvo para ser denostados y adjudicarles horribles acciones nunca demostradas. Es indudable que rinde mucho políticamente  recurrir a fórmulas patéticas para distraer a giles de las barrabasadas que se cometen con asiduidad. Y ello ocurre porque las experiencias de sufrimiento con estoicismo de nuestros viejos soldados, no califican para constituirse en mercadería barata que el gran público desea consumir.


No reflejan los conflictos de la farándula ni los análisis primitivos de Kretina, las barbaridades de Kicillof o los ocurrentes improperios de animal Fernández. Tampoco las precarias y toscas aventuras de la pobre gordita Fein,  que trata a toda costa quedar bien con Dios y con el diablo; los incontables recursos leguleyos del prócer Lázaro Baez y o la rekolección en pala de recursos krematístikos por parte del "empresario"  Kristóbal López y otros personajes. Menos aún las elukubraciones y reciclamientos para transformar a un obeso especialista en play station y aspiraciones diversas, en estadista, konductor y salvador del ¿modelo? y desde ya de la patria argenzuélika

Por lo tanto para la inmensa mayoría de la opinión pública y publicada de nuestra repúbliketa no existen, ya sea porque la consideran basura que debe ser barrida debajo de las alfombras o no son relevantes.


Que se jodan por boludos comentarán desaprensivamente la gran mayoría desinformada consciente o inconscientemente. El drama que esta calificación lleva implícita es que ya ha sido suprimida y por lo tanto no existe más, esa clase de boludos dispuestos a dar la vida por su Patria. Es como si hubiésemos ordenado con alegría al organismo neutralizar nuestras defensas naturales para enfrentar las invasiones de los virus y bacterias, a fin de que éstos actúen con entera libertad.

Entonces tienen el camino libre aquellos sujetos (as) que succionan a voluntad y sistemáticamente los recursos de la comunidad destinados al bien común. También los desplazados de "países hermanos y otros" por miseria y o delito, quienes penetran nuestro territorio cuando quieren y por donde se les antoja y con absoluto libertinaje amplían las villas precarias, toman casas y edificios a su arbitrio y konsolidan sin pausa las estructuras del narkotráfiko y delinquen matando y robando a piacere. Además y como resultado de nuestra generosidad hasta pueden votar y así elegir representantes normalmente deplorables.


Ante este cuadro siniestro cuya evolución, nada ni nadie parece querer o poder detener, nuestros presos políticos, los boludos de otrora, enfrentan con dignidad   cruentos sufrimientos espirituales psicológicos y materiales impuestos por los "konductores políticos" que nos sakean y destruyen, los cuales han sido producidos y reciclados  sin interrupción, por esta democracia tramposa y traidora, nacida con gran esperanza en 1.983.


¿Por qué nuestra otrora orgullosa y promisoria Argentina ha caído y sigue cayendo en el abismo de la autodestrucción? ¿Estaremos bailando en la cubierta del Titanic y no nos interesa conocer la realidad?

Una cosa es cierta, palpable e inexorable. Ya no hay boludos para luchar en el aire, el mar, el territorio continental, los sectores urbanos colonizados por el delito y las fronteras.

Ha sido derogada la obediencia debida razón de ser de la necesaria disciplina y el ejemplo imprescindible en toda organización militar. No obstante se ha impuesto como obligación irrenunciable en el ámbito político, económico y judicial de levantadores de manos; reklutadores de pobres tipos (as); administradores de justicia complacientes y obsekuentes, quienes por ese concepto no deben pensar y menos aún opinar, solo cumplir órdenes.

Como tal cuando enfrentemos, como es previsible; conflictos, anarquía, pretensiones de organismos exteriores sobre nuestros recursos y territorio y otras amenazas vigentes y más sutiles,  la pregunta obvia sería; y ahora; ¿quién podrá salvarnos? Los boludos han desaparecido porque los hemos erradicado sin consideraciones; los actuales uniformados ya están debidamente aleccionados por las amargas experiencias de quienes los antecedieron, para no caer nuevamente en las trampas  de los impresentables políticos de turno. Solo resta una posibilidad; el Chapulín Colorado, quien lamentablemente se ha muerto de viejo.

Por lo menos, así lo veo yo.


El Soldado Desconocido