viernes, 1 de mayo de 2015

CANDIDATOS CUMPLIMIENTO DE SU MANDATO

OPINIÓN

Don Julio Irazusta, maestro de la historia y de la política e inspirador del republicanismo, enseña que no se le debe exigir al candidato electo el cumplimiento fiel, íntegro, total, del programa sostenido como candidato. Los programas se formulan con el propósito de ser cumplidos, es claro, y es propio de gente decente respetar la palabra empeñada. Pero resulta que el candidato, que tiene una visión del panorama político desde el llano, visión más o menos estrecha debido a lógicas limitaciones, accede al gobierno y cuenta con muchos más elementos de juicio que enriquecen su criterio al disponer de un horizonte más amplio gracias a mayor copia de datos de la realidad, y a la serie de conocimientos y experiencias acumuladas en las oficinas de la administración pública. Ésta no es una expresión de cinismo, sino el reconocimiento de que el gobernante debe ejecutar la política que resulte más conveniente a la sociedad, en beneficio de todos, sin atarse a los programas sostenidos en un momento para así prestigiarlo a su propio partido. El bien de todos está por encima de los compromisos de un partido, de una parte, de un sector. (Cínico es el planteo de un programa que no se piensa cumplir, pero que se expone nada más que con el engañador propósito de atraer voluntades que no concuerdan con el verdadero propósito de uno).Pero al gobernante no hay que pedirle cuentas de los planes del candidato. Hay que exigirle cuentas, sí, de que redunde a favor del bien común lo que realice como gobernante .Lo del candidato pudo haber sido un error que, por suerte, se tuvo la capacidad de corregir. Puede exigírsele al gobernante que mantenga su empeño de luchar por el bien. Las tácticas de esa lucha pueden variar, según las circunstancias y según los medios que se alcancen o que se pierdan las perspectivas de alcanzar. En el fondo sólo se cuestiona la capacidad de un candidato para planear el futuro. En cambio sí interesa si su gobierno realmente redunda en bien común, en el máximo bien posible acorde a las circunstancias de la realidad. Deben mantenerse los criterios de bien y de mal, mientras el modo de alcanzar ese bien o de evitar los males se ajusten a las circunstancias, las posibilidades los eventos y la suerte. Pero la política es una actividad siempre sujeta a la crítica. Así debe ser. Los perdedores en una elección de inmediato prometen que harán autocrítica. Yo creo que los que han ganado también tienen esa misma obligación, so pena de ser derrotados en las elecciones siguientes. El pueblo ha aprobado los cambios producidos desde el gobierno en el programa original del Partido o Alianza. Eso habilita a cualquier cambio, a todo cambio? ¿O el Partido Gobernante, después de su triunfo, también precisa criticar su propia actuación? El tema merece ser analizado.

Dr. Jorge B. Lobo Aragón