martes, 23 de junio de 2015

RUSIA Y EL NUEVO COMIENZO DE LA GUERRA FRÍA



Análisis de la situación actual y los errores de la UE y la OTAN

Por: Ricardo Angoso | junio 22, 2015

Foto: tomada de infobae.com

Rusia ha ganado una batalla, arrebatándole Crimea y los territorios de la no reconocida “República del Donetsk” a Ucrania, pero todavía no ha ganado la guerra. La rápida y vertiginosa guerra ucraniana ha revelado nuevamente a las claras que la indefinición política es la peor de las políticas a la hora de encarar una grave crisis,  que se manifestó en clave interna en sus orígenes y que después devino en una descarada intervención militar rusa en territorio ucraniano.

Mientras Occidente dudaba, sobre todo debido a la escasa determinación del presidente norteamericano Barack Obama a la hora de tomar una decisión rotunda y contundente frente al gigante ruso, Rusia actuaba rápidamente tratando de desestabilizar a Ucrania, se anexionaba Crimea, intervenía militarmente en el Donetsk y otros territorios ucranianos e incumplía todos los acuerdos firmados con los incautos  occidentales. Vladimir Putin, que conoce bien ese carácter pusilánime y cobarde a la hora de tomar decisiones audaces por parte de los europeos, siempre divididos y enzarzados en gratuitas disputas internas que fortalecen directamente a Moscú, actúo con rapidez, coraje y sin dudar ni por un minuto en cuál era la mejor de las opciones posibles: usar la fuerza frente a la escasa determinación occidental.

Pero también Ucrania ha pagado los crasos errores cometidos en estos últimos 24 años por su clase política, que perdió todo este tiempo en una suerte de transición a la democracia que se convirtió en un viaje hacia ninguna parte. Eso en el plano interno, pero en lo que se refiere a su política exterior fue todavía peor. Sin en estos largos años en vez de haber estado coqueteando con todos sus vecinos, incluyendo a Rusia, hubieran optado por una política exterior de inclusión paulatina en la OTAN y en la UE, tal como hicieron los países bálticos y el resto de los antiguos Estados comunistas, las cosas hubieran ido por unos derroteros bien distintos. Pero ya se sabe, las guerras se pierden por dos palabras: demasiado tarde. Así ocurrió en Ucrania, que nunca supo ver el peligro que representaba para su integridad territorial y soberanía nacional la cercanía y vecindad con Rusia.

Luego Europa, más concretamente la Unión Europea (UE), tampoco fue capaz de articular una política correcta hacia el desafío que representaba la intervención rusa en Ucrania. Algunos países, como España, Grecia, Chipre e Italia, mantuvieron un perfil bajo en sus críticas a Putin e incluso consideraban como contraproducentes las sanciones aprobadas contra Rusia. En plena crisis, e incluso ahora, Grecia firma acuerdos con Moscú, busca el apoyo financiero a sus reformas y desafía abiertamente a sus socios europeos, en un gesto tan desleal como infame. La reciente firma de un acuerdo energético entre Moscú y Atenas, en plena negociación entre los responsables económicos de la UE y las izquierdistas autoridades griegas, es un jarro de agua fría a los intereses de los dos grandes acreedores de Grecia: Alemania y Francia.

LOS ERRORES ESTRATÉGICOS DE LA UE Y LA OTAN EN LA CRISIS

Luego que nadie se olvide: las sanciones comerciales y económicas contra Rusia no han dañado ni erosionado, ni en lo más mínimo, el omnímodo poder de Putin y la corte de oligarcas que le apoyan y le jalean. Más bien han conseguido lo contrario: la popularidad de Putin es cada día más alta y su poder se ha afianzado aún más. Todo lo contrario de lo que ocurre en Ucrania, donde la elite que sucedió al depuesto presidente Víctor Yanukóvich se ha mostrado incapaz de gobernar al país y le ha llevado una situación económica catastrófica. Junto a estos elementos, que ya de por sí son graves, hay que añadir el clima de corrupción reinante, la pésima gestión de la guerra contra las milicias rusas en su interior  y la actitud titubeante y poco firme de su nuevo presidente, Petró Poroshenko.

Ucrania ha quedado atrapada entre los intereses geoestratégicos rusos en lo que fue su antigua área de influencia y los anhelos de Occidente por extender más allá de sus actuales fronteras a la OTAN y a la UE. Sin embargo, el cálculo estratégico de ambas organizaciones fue fallido y no tuvo en cuenta que la sociedad ucraniana era dual, que estaba claramente fragmentada y dividida.

En Ucrania, casi el 20% de la población pertenece a la minoría rusa y vive en las zonas cercanas a la frontera con la Federación Rusa, en el Este del país, y aproximadamente un 75% es ucraniana. Este frágil equilibrio, que se mantenía prendido por alfileres desde la desmembración de la Unión Soviética, saltó en pedazos tras el anuncio del nuevo ejecutivo de Kiev de acercarse e integrarse en la UE y romper sus lazos históricos con Rusia, que había apoyado en la grave crisis política al ahora exiliado, en Moscú, “casualmente”, expresidente Yanukóvich.

DE MOLDAVIA A UCRANIA, PASANDO POR GEORGIA Y CHECHENIA

Rusia ha ganado todas las guerras de la posguerra fría, desde Moldavia, cuando provocó la secesión de Transnistria, hasta la de Ucrania, pasando por las de Georgia -donde se anexionó Abajsia y Osetia del Sur- y Chechenia. La UE, pero especialmente las grandes potencias, Francia, Alemania y el Reino Unido, deben sopesar hasta dónde quieren llegar en su pulso con Moscú, pero lo tienen que hacer de una forma realista y clara.

Pero, de la misma forma, Rusia también debería evaluar si en un mundo global, cada día más complejo e interconectado, su desafío permanente a Occidente no le acabará acarreando un mayor aislamiento, graves consecuencias para su economía doméstica, como le está ocurriendo ahora, y una nueva guerra fría que le generará un más que seguro atraso tecnológico y cultural. Y, por cierto, ¿no fueron esas las causas para que el bloque comunista se hundiera y la Unión Soviética saltara en pedazos frente a un Occidente liderado por los Estados Unidos? Putin debería reflexionar sobre todos estos asuntos antes de tomar decisiones precipitadas y seguir con sus andanadas bélicas, pues no sea que vaya a morir de éxito, como decía alguno, y perder la guerra.

Ricardo Angoso
@ricardoangoso